Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, Y camino de vida las reprensiones que te instruyen. Pr 6.23

julio 2016

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Mientras  andamos en nuestros diarios quehaceres y observamos la situación a nuestro alrededor, es posible que lleguemos al punto donde nuestro corazón se torna  enojado y frustrado. Si somos honestos, debemos reconocer que muchas veces es así como nos sentimos.  Probablemente  como Asaf se sintió al escribir el Salmo 73.

Los días miércoles tenemos en la iglesia servicio de oración. La hermana que dirigía el servicio el miércoles pasado, hizo referencia a lo hermoso de la historia del himno que cantaríamos seguidamente; ¡Oh tu Fidelidad! Mientras hablaba recordé uno de mis himnos favoritos: “Estoy bien, con mi Dios”. Este himno es un mensaje profundo al corazón de cada creyente. Nos recuerda que es Dios quien trae paz, infinita paz, tranquilidad y sosiego  a nuestras vidas.

Hoy, quisiera compartirles un poco de la historia detrás de este himno.

Horatio Gates Spafford fue un devoto presbiteriano y exitoso abogado americano que nació el 20 de
Octubre de 1828 en Troy, New York. Él es mejor conocido como el escritor del famoso himno cristiano “Estoy bien”; cuyas letras, aun hoy en día, son usadas por el Dios de toda consolación para traer paz a muchos corazones.

Horatio Spafford se mudó a Chicago, donde contrajo matrimonio con la noruega Anna Larssen (el  5 de Septiembre de 1861). Horatio y Anna tuvieron un hijo, pero éste murió a la edad de 4 años; comenzando así la serie de circunstancias aflictivas que atentarían contra la paz espiritual y seguridad terrenal que habían sostenido sus primeros años, su vida familiar y su casa. Después, Horatio y Anna tuvieron cuatro hijas más.

En 1871, el exitoso abogado Horatio Spafford fue afectado económicamente por “El Gran Fuego de Chicago”. En 1873, había planeado tomar unas vacaciones con su familia; ellos viajarían a Inglaterra (Europa), ya que allí estaba el evangelista Dwight L. Moody, quien fue amigo cercano de Horatio. Ya que Horatio se había demorado en negocios concernientes a la solución de los problemas ocasionados por “El Gran Fuego de Chicago”, decidió enviar primero a su familia en el barco SS Ville du Havre. Mientras el SS Ville du Havre cruzaba el Atlántico, chocó violentamente con el velero The Loch Earn, lo que causó que el SS Ville du Havre se hundiera rápidamente (se dice que se hundió en 12 minutos). Muchos pasajeros y tripulantes del barco murieron ahogados, entre quienes se encontraban las cuatro hijas de Horatio. Un velero de carga, The Trimountain, recogió a los sobrevivientes; entre quienes estaba Anna (esposa de Horatio), quien yacía inconsciente en un mástil flotante. Después de que Anna desembarcó en Wales, ésta le envió un telegrama a su esposo para hacerle saber que sólo ella se había salvado. Horatio Spafford no tardó mucho en viajar para encontrarse con su dolida esposa.

Mientras las personas se preguntaban qué había traído tal tragedia a Anna y Horatio Spafford, Horatio estaba convencido de que Dios era bondadoso y que él vería de nuevo a sus hijos en el cielo. Durante su viaje, el capitán de la nave llamó a Horatio Spafford y le dijo que según sus cálculos, en ese momento, ellos estaban atravesando el sitio exacto donde se había hundido el SS Ville du Havre. Allí, mientras atravesaban –en cierto sentido– aquel mar de aflicción, Dios le hizo saber a Horatio Spafford que a pesar de su suerte, él estaba bien, tenía paz, ¡gloria a Dios!; entonces Horatio escribió el himno cristiano “Estoy bien“.

En una carta que Horatio escribió a uno de sus familiares, él expresó su agradecimiento a Dios por Su amor y misericordia para con él y los suyos: “le alabaré mientras viva” –decía una de sus líneas finales. Después de un tiempo, los Spaffords (Horatio y Anna) tuvieron tres hijos más, aunque uno de ellos murió en la infancia. En 1881, Horatio y Anna zarparon con sus dos hijas a Israel y se mudaron a Jerusalén; donde vivieron hasta la muerte de Horatio, el 16 de Octubre de 1888. Anteriormente, él y su esposa ayudaron en la fundación de un grupo llamado “American Colony”, cuya misión era ayudar a los pobres.

También deseo compartir una reflexión sobre el testimonio ejemplar de este hermano.

¿Por qué Horatio Spafford pudo decir: “Estoy bien, tengo paz, ¡Gloria a Dios!”; aun cuando su senda estaba cubierta por un mar de aflicción? Porque –como cristiano– su paz en última instancia no dependía de las circunstancias, su paz estaba basada en Jesucristo (Su persona y Su obra). El testimonio de Horatio Spafford nos recuerda, amados hermanos, que nuestra paz también está basada en Jesucristo.

El principal problema de Horatio no fue su pérdida económica, ni la pérdida de sus hijos; el principal problema de Horatio (antes de ser cristiano) era que él no estaba bien con Dios, era enemigo de Dios, era hijo de ira y estaba muerto en sus delitos y pecados. Pero el misericordioso Dios había provisto en Jesucristo la solución para el principal problema de Horatio y el nuestro: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación”, 2 Corintios 5:18. Dios (el ofendido) por medio de Jesucristo nos reconcilió a nosotros (los ofensores) consigo mismo, eso es lo que dice 2 Corintios 5:19: “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación”. Dios no tomó en cuenta nuestras transgresiones porque «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él», 2 Corintios 5:21.

Si Dios ha provisto en Jesucristo la solución a tu principal problema (eras enemigo de Dios por causa de tu pecado). ¿No podrá Él proveer la solución a tus otros problemas (enfermedad física, falta de dinero, etc.)? Y si Dios en Su soberanía no hace que cesen las olas del mar de aflicción, ¿no te dará Él de Su paz y Su consuelo? En el mundo seremos afligidos, el mismo Jesucristo dijo: “En el mundo tendréis aflicción”; empero Él también dijo: “pero confiad, yo he vencido al mundo”, Juan 16:33. Con nosotros está Jesucristo, en quien nos apoyamos. Él es el Vencedor. Recuerda que Él no está distante de ti, Él no es indiferente a tu dolor, Él fue quien te prometió: “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente:   El Señor es mi ayudador; no temeré  Lo que me pueda hacer el hombre” (Hebreos 13:5-6). ¡Ten ánimo y confía en Él! Cuando las tentaciones y afanes vengan a ti y te sientas desmayar; mira por fe a Jesucristo, quien se hace llamar a sí mismo nuestro hermano, quien fue hecho semejante a nosotros «para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo», Hebreos 2:17. Si piensas que nadie sabe por lo que estás pasando, te recuerdo que « él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados», Hebreos 2:18. Acércate confiadamente al trono de gracia, para recibir misericordia y hallar gracia, Hebreos 4:16. Si dudaste de Su promesa, arrepiéntete y pon tu mirada nuevamente en Dios, convencido de que serás perdonado en Aquel que expió los pecados, Hebreos 2:17.

Por último deseo dejarles la letra del himno

“Estoy bien”
De paz inundada mi senda ya esté
O cúbrala un mar de aflicción,
Cualquiera que sea mi suerte, diré:
Estoy bien, tengo paz, ¡Gloria a Dios!.
Coro:
Estoy bien,
¡Gloria a Dios!,
tengo paz en mi ser,
¡Gloria a Dios!.
Ya venga la prueba o me tiente Satán,
No amenguan mi fe ni mi amor;
Pues Cristo comprende mis luchas, mi afán,
Y su sangre obrará en mi favor.
Feliz yo me siento al saber que Jesús
Libróme de yugo opresor;
Quitó mi pecado, clavólo en la cruz:
Gloria demos al buen Salvador. 
La fe tornaráse en feliz realidad
Al irse la niebla veloz;
Desciende Jesús con su gran majestad,
¡Aleluya, estoy bien con mi Dios!. 
Letra: Horatio G. Spafford, 1873. trad. Pedro Grado Valdés, alt. Música: Philip P. Bliss (nombró su melodía ‘Ville du Havre’), 1876.

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A causa de la violencia con la que trataste a tus parientes cercanos de Israel, te llenarás de vergüenza y serás destruido para siempre. Cuando tus parientes fueron invadidos, te mantuviste al margen y te negaste a ayudarlos.  Los invasores se llevaron su riqueza y echaron suertes para repartirse Jerusalén,  pero tú actuaste como un enemigo de Israel. No debiste alegrarte cuando desterraron a tus parientes a tierras lejanas. No debiste gozarte cuando el pueblo de Judá sufría semejante desgracia. No debiste hablar con arrogancia en ese terrible tiempo de angustia. No debiste saquear la tierra de Israel mientras ellos sufrían semejante calamidad. No debiste regodearte de su destrucción mientras sufrían semejante calamidad. No debiste robar sus riquezas mientras sufrían semejante calamidad. No debiste pararte en la encrucijada para matar a los que intentaban escapar. No debiste capturar y entregar a los sobrevivientes  en su terrible tiempo de angustia. Abdías 1:10-14.

Introducción

Hoy tenemos como objetivo examinar otro párrafo de la profecía de Abdías. Vamos a estar estudiando los versículos de Abdías 1:10-14.

Los libros proféticos del Antiguo Testamento son mensajes inspirados y enviados por diferentes predicadores, quienes fueron llamados por Dios a este ministerio profético, para llevar Su palabra a su pueblo y a otras naciones que también están bajo Su autoridad. Los profetas ejercieron su ministerio en el mismo período de tiempo comprendido en los libros históricos; especialmente los libros de Reyes y los libros de Crónicas. La mayoría de ellos proclaman la voluntad de Dios a los descendientes de Abraham, hebreos, identificados como los israelíes y los judíos. Sin embargo algunos de ellos en sus escritos tienen también referencia a otras naciones. El libro de Abdías es un libro profético sobre la gente de Edom, descendientes de Esaú, el primogénito de Isaac.

Los libros proféticos incluyen referencias ocasionales al futuro, especialmente profecías acerca de la primera venida de Jesucristo. Los primeros cinco de estos libros porque son más largos, son conocidos como los profetas mayores. Isaías escribió unos 700 años antes de Cristo y se utilizó la caída de Israel (la mayor parte de los descendientes de Abraham) para advertir a Judá (las otras tribus) que necesitaban arrepentirse. Jeremías llegó unos 100 años más tarde y dio la última advertencia de Dios para el pueblo rebelde de Judá antes de su caída. Jeremías también escribió Lamentaciones, un libro de duelo a causa de la destrucción de Jerusalén. Ezequiel y Daniel estaban entre los cautivos de Judá en Babilonia. Instaron al pueblo al arrepentimiento y la confianza de que Dios los iba a rescatar de su cautiverio.

Hay que recordar que los restantes doce libros del Antiguo Testamento son llamados los Profetas Menores porque son más cortos. Sus mensajes son también muy significativos e importantes. Algunos de ellos fueron escritos en la época de la caída de Israel (Amós, Oseas y Miqueas), mientras que otros fueron escritos en el momento de la caída de Judá (Sofonías y Habacuc). Joel advirtió al pueblo de Judá acerca de la necesidad de arrepentimiento. Jonás y Nahum hablaron de las consecuencias de los pecados de la gente asiria, la gente de Nínive; en tanto que Abdías advirtió a los edomitas sobre su inminente castigo. Los tres últimos profetas del Antiguo Testamento (Hageo, Zacarías y Malaquías) animaron a las personas que habían regresado del cautiverio para servir fielmente a Dios. Después de haber hecho este breve resumen, podremos entender mejor el contexto de esta profecía contra Edom. Dios llamó a Abdías, probablemente un profeta del reino del sur, para declarar Su juicio contra Edom.

Además de Abdías, otros profetas trajeron mensajes contra Edom. Por ejemplo, en Ezequiel donde se lee esta declaración: “Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, pon tu rostro hacia el monte de Seir, y profetiza contra él, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, oh monte de Seir, y extenderé mi mano contra ti, y te convertiré en desierto y en soledad. A tus ciudades asolaré, y tú serás asolado; y sabrás que yo soy Jehová. Por cuanto tuviste enemistad perpetua, y entregaste a los hijos de Israel al poder de la espada en el tiempo de su aflicción, en el tiempo extremadamente malo, por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, que a sangre te destinaré, y sangre te perseguirá; y porque la sangre no aborreciste, sangre te perseguirá. Y convertiré al monte de Seir en desierto y en soledad, y cortaré de él al que vaya y al que venga. Y llenaré sus montes de sus muertos; en tus collados, en tus valles y en todos tus arroyos, caerán muertos a espada. Yo te pondré en asolamiento perpetuo, y tus ciudades nunca más se restaurarán; y sabréis que yo soy Jehová. Por cuanto dijiste: Las dos naciones y las dos tierras serán mías, y tomaré posesión de ellas; estando allí Jehová; por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, yo haré conforme a tu ira, y conforme a tu celo con que procediste, a causa de tus enemistades con ellos; y seré conocido en ellos, cuando te juzgue. Y sabrás que yo Jehová he oído todas tus injurias que proferiste contra los montes de Israel, diciendo: Destruidos son, nos han sido dados para que los devoremos. Y os engrandecisteis contra mí con vuestra boca, y multiplicasteis contra mí vuestras palabras. Yo lo oí. Así ha dicho Jehová el Señor: Para que toda la tierra se regocije, yo te haré una desolación. Como te alegraste sobre la heredad de la casa de Israel, porque fue asolada, así te haré a ti; asolado será el monte de Seir, y todo Edom, todo él; y sabrán que yo soy Jehová”, Ezequiel 35:1-15.

En Joel, leemos esta frase: “Egipto será destruido, y Edom será vuelto en desierto asolado, por la injuria hecha a los hijos de Judá; porque derramaron en su tierra sangre inocente”, Joel 3:19. Del mismo modo encontramos esa reprensión en las palabras del profeta Miqueas al referirse a la actitud de Edom que no dejó pasar a Israel por su territorio cuando caminaba hacia la tierra prometida (cf. Números 20:14-21). Este fue el mensaje de Miqueas: “Por eso yo también te hice enflaquecer hiriéndote, asolándote por tus pecados”, Miqueas 6:13.

Debido a que Edom no actuó misericordiosamente hacia su hermano Israel/Judá, Dios lo condenó irrevocablemente. Cuando leemos estos versículos sobre los cuales vamos a reflexionar, entendemos por qué el título de este estudio: El juicio divino es causado por la falta de misericordia.

En el texto de Abdías encontramos una etapa más acerca de la condena hacia Edom luego de haber observado su ruda actitud frente a la consternación de Israel/Judá. A lo largo de la Biblia, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento observamos que existe un espíritu de contienda, hostilidad, combate. El diablo está combatiendo contra nosotros, contra el pueblo de Dios con todas sus fuerzas. Él es el enemigo, es necesario entonces percibir que estamos en guerra y que debemos luchar con diligencia por la fe que una vez nos fue dada (Judas 3). Satanás ha introducido ampliamente la idea de que todo está bien, que no existen actitudes equivocadas en los procederes humanos, con la finalidad de depositar aún más orgullo en el corazón de las personas, que por naturaleza ya son orgullosos y deteriorar de esta manera la dependencia de Dios. El diablo quiere mostrarnos algo bueno en todo lo que hacemos. Él trata de colorear nuestras actitudes en tonos de gris. Sin embargo, la Biblia, está llena de un fuerte lenguaje contra el pecado y la falsa modestia.

Muchas de las palabras que Cristo le dijo a los fariseos, en el mundo “modernizado” de hoy son interpretadas como de cristianos de poca categoría; ejemplo de ello lo encontramos en Mateo 23. Esto nos lleva a reflexionar en lo que se ha convertido el cristianismo y si Cristo está siendo excluido. Pasajes como Tito 1, 2 Pedro 2; Judas; Apocalipsis 2:6; 19:1-6 son muy fuertes en cuanto a la batalla contra el error y en contra de los que lo propician. No deberemos ceder o armonizar con ellos, ni con sus prácticas. Cuando la iglesia de Laodicea intentó comprometer la verdad del evangelio (Apocalipsis 3:14-22), en la práctica ella dejó al Señor del lado de afuera llamando a la puerta de Su propia iglesia exhortándoles que le permitieran entrar. Nuestras alianzas pueden colocar al Señor a un lado de nuestras vidas. Nuestros puntos de vista distorsionados pueden hacernos llegar al punto de rechazar los principios del Evangelio.

Cuando el mundo dice que hay que: "aprovechar las oportunidades", cuando el mundo dice que: "No podemos dejar pasar la oportunidad", estamos siendo conducidos a eludir las condiciones de nuestro prójimo, incluso en una situación de peligro, de dificultad, de abatimiento. Lo que el mundo enseña es que debemos exhibirnos poderosos y fuertes en todas las situaciones, aun a costa de hundir más a nuestro hermano, o prójimo. El mundo inculca la idea de egoísmo, y nosotros nos dejamos envolver.

Sin embargo, así como satanás trata de atraernos a lo malo, Dios, en infinita gracia, bondad y misericordia nos llama siempre la atención y nos advierte en contra de nuestras malas obras. En los días del Antiguo Testamento, en época de los profetas, estos hombres fueron usados por Dios para llamar la atención, no sólo de su pueblo, sino también de otras naciones por los pecados de orgullo, egoísmo e insensibilidad, como lo vemos en este caso particular, en las palabras de Abdías contra la nación edomita.

La expresión "A causa de..." era parte del vocabulario de los profetas, y era la explicación que Dios daba a su pueblo u otras naciones acerca de los juicios venideros que Él haría de derramar sobre los injustos y malvados. Dios desea enseñarnos que tenemos un patrón de vida que seguir; nos ha proporcionado unas normas de comportamiento para modelar nuestras motivaciones, actitudes y reacciones. Siendo que nuestro Dios es Santo, debemos ser santos. Siendo nuestro Dios perdonador, debemos perdonar, siendo misericordioso debemos actuar con misericordia.

Debido a que, a menudo, actuamos como los edomitas, insensibles al sufrimiento de los demás, el principio que este texto nos presenta como desafío  se observa en la siguiente frase: La falta de misericordia para con los abatidos resultará en el juicio divino contra el insensible.

Vamos a encontrar en este texto, tres consecuencias causadas por la falta de misericordia.

La vergüenza por la crueldad, v. 10

A causa de la violencia con la que trataste a tus parientes cercanos de Israel, te llenarás de vergüenza y serás destruido para siempre.

En el versículo 10, encontramos nuevamente el fundamento teológico de la profecía de condenación dado por Abdías contra el pueblo de Edom. La razón de esa condena fue la traición que cometió Edom contra su hermano Israel/Judá. Edom se colocó del lado de los enemigos de Israel en el momento en que Jerusalén y Judá estaban viviendo en gran angustia. En palabras de Abdías, la visión de Dios, esta actitud de Edom, fue una crueldad contra Israel.

Como vimos en la introducción al estudio de esta profecía, Esaú era el hermano gemelo de Jacob/Israel. Entre los hermanos tiene que haber protección y cuidado especial por el hecho de ser hermano, Romanos 12:10. Esa protección debía ser parte de la conciencia fraternal y moral, pero Edom había abandonado estas prácticas. No proteger a tu hermano, no apoyarlo, pero además asociarse con los que se levantan contra él, es crueldad. La sentencia es definitiva y el castigo es que no habría ninguna esperanza. Edom sería avergonzado por el Señor, porque él había abandonado los principios básicos de la relación humana.

El mensaje por el desprecio, vs.11

Cuando tus parientes fueron invadidos, te mantuviste al margen y te negaste a ayudarlos. Los invasores se llevaron sus riquezas y echaron suertes para repartirse Jerusalén, pero tú actuaste como un enemigo de Israel.

El versículo 11 destaca cómo había sucedido esta crueldad edomita. Es probable que Abdías se refiriera a algún acontecimiento histórico, como vimos en la introducción, o en los días del rey Joram o en los días de la invasión de Babilonia, cuando Jerusalén fue mancillada por el enemigo. Cuando tomaron la ciudad y se llevaron a muchos judíos cautivos. Sea cuando sea que ocurrió este siniestro, esta derrota israelí, los edomitas no cumplieron el mandamiento de conciencia moral y el deber de hermano. La protección de su gemelo. Pero más allá de eso Abdías también dijo que la indiferencia, la insensibilidad edomita frente a la desgracia de los Israelitas fue más allá. Los edomitas se aprovecharon de las circunstancias y se comportaron como enemigos; también saquearon a sus hermanos que estaban sufriendo.

Frente a esta actitud, el profeta Ezequiel fue usado por Dios para también advertir a Edom, con estas palabras: “Así ha dicho Jehová el Señor: Por lo que hizo Edom, tomando venganza de la casa de Judá, pues delinquieron en extremo, y se vengaron de ellos; por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Yo también extenderé mi mano sobre Edom, y cortaré de ella hombres y bestias, y la asolaré; desde Temán hasta Dedán caerán a espada. Y pondré mi venganza contra Edom en manos de mi pueblo Israel, y harán en Edom según mi enojo y conforme a mi ira; y conocerán mi venganza, dice Jehová el Señor”, Ezequiel 25:12-14.

Reprobar el orgullo, vs. 12-14

No debiste alegrarte cuando desterraron a tus parientes a tierras lejanas. No debiste gozarte  cuando el pueblo de Judá sufría semejante desgracia. No debiste hablar con arrogancia en ese terrible tiempo de angustia. No debiste saquear la tierra de Israel mientras ellos sufrían semejante calamidad. No debiste regodearte de su destrucción mientras sufrían semejante calamidad. No debiste robar sus riquezas mientras sufrían semejante calamidad. No debiste pararte en la encrucijada  para matar a los que intentaban escapar. No debiste capturar y entregar a los sobrevivientes en su terrible tiempo de angustia.

Antes de analizar estos versículos, examinemos lo siguiente: ¿Por qué Dios se identifica a sí mismo en las Escrituras, como el Dios de Jacob, su pueblo? Al estudiar la historia de estos pueblos vemos que existieron grandes contrastes entre Jacob y Esaú. Jacob fue sin duda una persona egoísta y engañadora. Entonces, ¿Por qué no se presenta Dios, como el Dios de Esaú? Para responder a esta pregunta debemos comprender una valiosa lección. Dios no piensa como nosotros pensamos. Dios no actúa de acuerdo a nuestra visión. Esta elección de Dios es una manifestación de su gracia y soberanía. El hombre nunca tendrá suficiente mérito delante de Dios como para actuar de manera diferente. Así como David, que cometió adulterio y asesinato, fue considerado para ser un hombre conformado al corazón de Dios; así como Pablo perseguidor de la iglesia, fue elegido para llevar el Evangelio a los gentiles; así también Jacob, el engañador, fue escogido para ser padre de una nación de donde descendería el Mesías, Jesús, nuestro Salvador. Esta es una lección acerca de la soberanía y la gracia de Dios.

Debido a que Edom se condujo de manera no aceptable a los ojos de Dios, Edom sería avergonzado, fue advertido, y reprendido.

En estos versículos 12 al 14 encontramos siete razones por las que Edom fue condenado:

  1. No debió haber mirado con placer en el día en que su hermano estaba siendo quebrantado;
  2. No debió haberse alegrado de los hijos de Judá en el día de su quebrantamiento;
  3. No debió haber hablado a boca llena, el día de su angustia;
  4. No debió haber entrado por la puerta del pueblo de Dios en el día de su quebrantamiento;
  5. No debió haber echado mano los bienes de su hermano el día de su quebrantamiento;
  6. No debió haberse parado en las encrucijadas para matar a los que escapaban;
  7. No debió haber entregado a los que quedaron el día de la angustia.

Conclusión

¿No es cierto que a veces pareciera que actuáramos de la misma forma? Siempre tenemos que evaluarnos a la luz de las Sagradas Escrituras.

Estos pecados de Edom, que trajeron el juicio de Dios contra ellos deben ser comprendidos y no deberán ser practicados por aquellos que desean vivir una vida que agrada y glorifica el nombre de Dios.

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Supongamos que un incrédulo, sin ningún antecedente religioso, entra en su iglesia local, ¿qué sentido tendría si él o ella fuese capaz de apropiarse de frases tales como: "Pregúntale a Jesús en tu corazón", "Me sentí guiado", o "Déjalo ir y déjaselo a Dios"? A primera vista, ¿qué debería significar todo eso para un extraño? Y lo más importante, ¿cómo la explicación de esos estereotipos cristianos conduciría a alguien hacia una comprensión más clara del Evangelio y de otros principios Bíblicos?

La iglesia ha desarrollado su propio lenguaje solitario, compuesto en su mayoría de formas abreviadas, como las anteriormente expresadas. Con demasiada frecuencia, hablan de ricas verdades Bíblicas con estos términos idiotizados. Y en las iglesias, después de generaciones de tal descuido, muchos no pueden apartar estas frases extra-Bíblicas de la verdad de las Escrituras. Peor aún, estos estereotipos han invadido nuestra adoración, discipulado y evangelismo, y han sembrado confusión doctrinal en todos los aspectos de la vida en la iglesia.

Pero ¡mucho cuidado! Esto no se debe tomar, como un argumento para abandonar todo lenguaje que pueda ser desconocido por el público incrédulo. Palabras Bíblicas como justificación y comunión, tienen un valioso y específico significado, y deben explicarse con cuidado y claridad para que los oyentes inconversos puedan apreciar el rico significado que comunican. Lo mismo ocurre con los conceptos e imágenes difíciles, como por ejemplo, la frase nacer de nuevo,  que crea preguntas de interpretación, incluso para su audiencia inicial (Juan 3:4).

El problema no es que las iglesias estén siendo demasiado Bíblicas en la forma en que hablan y describen las verdades Bíblicas. Por el contrario, muchos creyentes han tratado de introducir la verdad central, embruteciendo el lenguaje de la iglesia, ridiculizándolo y agregando términos nuevos. En lugar de cuidar, defender y explicar el lenguaje de las Escrituras, recurren a una variedad de estereotipos que a menudo traicionan la intención original de sus bases bíblicas; otros,  desde sus cimientos, son totalmente anti-Bíblicos.

¿La exactitud  en la forma que hablamos acerca de Dios y de su Palabra realmente produce alguna diferencia? Cuando nos preguntamos acerca de los peligros potenciales de los estereotipos cristianos, y cuáles estereotipos podrían ser los más problemáticos, podríamos decir que: Existen muchos estereotipos cristianos. Algunos de ellos son utilizados con cierta frecuencia, como por ejemplo  la frase: "Déjalo ir y déjaselo a Dios".

Esta es una declaración verdaderamente irresponsable, realmente ridícula. Es una vieja expresión del antinomismo, el cual era una práctica no bíblica, de vivir sin la debida consideración de la santidad de Dios, emplear la gracia de Dios como si fuera una licencia para pecar y confiar en la gracia para ser limpio del pecado.

Este tipo de pensamiento antinómico está presente también en el neognosticismo de la Nueva Era. Se da demasiado peso a la idea de que el Espíritu Santo hace todo. El principio básico de esta doctrina es que: la vida en general es muy corta esperando para ser felices. Si nuestras metas y sueños comienzan a frustrarnos haciéndonos perder la paz, dejando de disfrutar la vida, es señal de que nos estamos aferrando demasiado; tenemos que DEJARLO IR y DEJARLO A DIOS.

Una versión más contaminada dice algo como esto: Aunque hay que aceptar que las pruebas son difíciles, también es verdad que toda nuestra preocupación y ansiedad no nos va a ayudar a solucionar nada. Entonces ¿qué  hacemos? Ya no tenemos fuerzas, vemos todo negro, parece que no hay escapatoria y nos cuesta seguir adelante, y nos surgen preguntas como ¿Por qué a mí? o ¿Cómo voy a seguir ahora? Es aquí que llegó el momento de buscar una fuerza más grande que nosotros mismos y más grande que nuestro problema, es hora de refugiarnos en Dios, en el Universo, en la Energía creadora del Universo, en la Entidad que es Todo. Es necesario entregar a Dios nuestro problema, porque nosotros ya no podemos con la carga, estamos sufriendo mucho.

Esto no es lo que enseña la Biblia. No hay un solo pasaje en la Biblia que nos hable acerca de "dejarlo ir y dejárselo a Dios". El apóstol Pedro escribe: “…aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo. …Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir”,  1 Pedro 1:6-7; 13-15.

Pero eso de decir “déjalo ir y déjaselo a Dios es una declaración irresponsable. Básicamente esta doctrina forma parte de una idea antinómica, en la que todos somos pecadores y eso es lo que realmente somos y no puede hacerse nada al respecto. No podemos refrenar la carne porque la carne es la carne y hasta que seamos glorificados eso es lo que es.

De manera que podrán observar pastores con conductas extraviadas, entonces ya usted sabe, como siguen siendo pecadores y como usted tiene que entender, solo hay que vivir en la gracia. Incluso podrá escuchar a pastores decir que usted ni siquiera es responsable de sus pecados, esa es la carne. No se puede hacer nada al respecto, está ahí no se preocupe por ello. La gracia lo cubre. Todo esto está conectado con la idea de: “déjalo ir y déjaselo a Dios”.

Es preocupante la exactitud, la claridad y la fidelidad doctrinal. Y seguirá siendo difícil e inalcanzable para el pueblo de Dios, siempre y cuando nos apoyemos perezosamente en estereotipos cristianos que confunden y corrompen la verdad. Por el bien de nuestro propio crecimiento espiritual, y por el bien del mundo que observa, que necesita la clara verdad de la Escritura, necesitamos poner en orden la forma en que hablamos acerca de Dios y Su obra en nuestras vidas.

En los próximos días, vamos a echar un vistazo más de cerca a algunos de los tópicos más populares y contaminantes que la iglesia ha abrazado. Vamos a examinar sus raíces en la Escritura, y dónde se saltan los senderos de fidelidad bíblica. A través de este estudio, queremos ayudar a disciplinar su mente para pensar bíblicamente y proteger su lengua de las declaraciones descuidadas que menoscaban la rica verdad de la Palabra de Dios.

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Romanos 5:10-11; Santiago 1:27

La palabra religión se ha convertido en un término despreciativo en los púlpitos de muchos predicadores, y se ha extendido hasta las bancas. Algunos bien intencionados líderes de la iglesia están dispuestos a trabajar duro para presentar la religión como una camisa de fuerza de normas y reglamentos. Entonces, se presenta el camino de Cristo, como la fresca alternativa a la bajeza de la religión. Tales esfuerzos se basan más en el deseo de borrar las opiniones negativas que en un verdadero símbolo.

En ninguna parte es esto más evidente que en el estereotipo Cristiano de uso común: "el cristianismo no es una religión, es una relación".

En cuanto a la religión

Usted no tiene que tocar puertas, afeitarse la cabeza, evitar comer carne, o hacer marchas por las calles, llevando pancartas y camisetas para ser "religioso". Un grupo de personas que se unen a un conjunto particular de creencias y prácticas, califican como militantes de una religión. En ese sentido, todas las personas son religiosas de alguna manera. Los ateos son mucho más religiosos puesto que son racionales acerca de su incredulidad, insistiendo en que la nada creó todo. Fanáticos de los deportes idolatran a sus jugadores favoritos y asisten a cada actuación. Guitarristas grandiosos son adorados por sus fanáticos como dioses. Y grandes grupos de personas "no religiosas" pasan sus días dedicados a sus dispositivos electrónicos.

No se deje engañar. Usted es religioso, incluso si religiosamente niega que sea religioso. La cuestión específica es si la religión a la cual se une es verdadera o falsa. ¿Su religión honra a Dios, o lo ofende? Las Escrituras arrojan luz sobre este asunto, mediante la definición de una religión pura y que refleja una correcta relación con Dios: "La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo", (Santiago 1:27).

Entonces, cómo se observa la religión bíblica en la práctica: La religión piadosa, es decir, el cristianismo Bíblico, es una cuestión de santa obediencia a la Palabra de Dios, reflejada, entre otras cosas, por nuestra honestidad en cuanto a nosotros mismos, por nuestra generosidad en cuanto a las necesidades de los demás y por nuestra inquebrantable moral y postura espiritual en cuanto al mundo.

La religión pura y sin mácula, como se describe en Santiago, es el derramamiento de un corazón humano en una relación correcta con el único Dios verdadero y de este modo obediente a sus órdenes. Y esto nos apunta a la segunda mitad del estereotipo: "El cristianismo no es una religión, es una relación".

En cuanto a la relación

La religión que practicamos es un reflejo de nuestra relación con Dios. Los evangelistas quienes ofrecen a los pecadores "una relación con Jesucristo", simplemente han llegado tarde. El tema crucial que parece desatendido en muchos evangélicos modernos es que todos ofrecen una relación con Jesucristo. La cuestión es si esa relación es buena o mala.

El Nuevo Testamento define la relación del hombre con Dios en dos grandes categorías: los que son enemigos y los que han sido reconciliados con Dios. Y la conversión es la transformación entre los dos estados.

“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación”, Romanos 5:10-11.

Los cristianos deben tener un adecuado concepto acerca de la maldad de nuestras vidas anterior a la salvación. No era como si estuviéramos de alguna manera espiritualmente neutros. En Adán todos nos rebelamos contra Dios, y esa rebelión marca la pauta de nuestra vida desde el momento en que nacemos. La ofensa de nuestro pecado aparejado con la santidad del carácter de Dios, es lo que hace la gracia tan sorprendente. Es una barrera tan insuperable que requirió de un Dios, en forma humana, para cumplir la ley que infringimos, sufrir el castigo que merecíamos, y apaciguar la justa ira de Dios contra nosotros (Colosenses 2:14). Pero todo eso se desvanece cuando reducimos la obra de Dios en la salvación, a una invitación dentro de una vaga "relación".

El problema no era que nos faltaba una relación con nuestro Creador, sino que la relación era hostil. Y ese sigue siendo el estado de la relación de todos los incrédulos. Por eso Pablo describe el evangelio, no como el ministerio de la relación, sino como "el ministerio de la reconciliación", 2 Corintios 5:18. Estamos llamando a la gente a reconciliarse con Dios a través de la obra sustitutiva de Jesucristo a favor de los pecadores, (2 Corintios 5:21).

Cuando decimos que "el cristianismo no es una religión, sino una relación" en realidad estamos creando una falsa dicotomía. Se engaña a las personas para que crean que tienen que elegir entre una religión y una relación. En cambio, la clasificación tiene que ser hecha, más bien, entre la verdadera y falsa religión, y entre una relación reconciliada y una relación distanciada. ¿Está reconciliado con Dios?, de ser así, ¿Esa reconciliación se evidencia  a través de la práctica de una religión "pura y sin mácula"?

Los estereotipos: Su detección y respuesta

Hay una diferencia fundamental entre algo que suena bien y algo que es correcto. Con el fin de diferenciar entre los dos tenemos que tener profundas raíces bíblicas y agudo discernimiento bíblico. Los estereotipos a menudo suenan bien, de la misma manera que las promesas políticas suenan creíbles, y las tarjetas de felicitaciones suenan sinceras; queremos creer en ellas, y es lo que hacemos. Pero los estereotipos, como cualquier otra pretensión de verdad, siempre deben ser comparadas a la luz de las Escrituras. Debemos disciplinarnos pensando en términos claros y Bíblicos, y no sólo en aquellos que suenan Bíblicos.

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Visión de Abdías.  Jehová el Señor ha dicho así en cuanto a Edom: Hemos oído el pregón de Jehová,  y mensajero ha sido enviado a las naciones.  Levantaos,  y levantémonos contra este pueblo en batalla.  He aquí,  pequeño te he hecho entre las naciones;  estás abatido en gran manera. La soberbia de tu corazón te ha engañado,  tú que moras en las hendiduras de las peñas,  en tu altísima morada;  que dices en tu corazón:   ¿Quién me derribará a tierra? Si te remontares como águila,  y aunque entre las estrellas pusieres tu nido,  de ahí te derribaré,  dice Jehová. Si ladrones vinieran a ti,  o robadores de noche (¡cómo has sido destruido!),   ¿no hurtarían lo que les bastase?  Si entraran a ti vendimiadores,   ¿no dejarían algún rebusco? ¡Cómo fueron escudriñadas las cosas de Esaú!  Sus tesoros escondidos fueron buscados. Todos tus aliados te han engañado;  hasta los confines te hicieron llegar;  los que estaban en paz contigo prevalecieron contra ti;  los que comían tu pan pusieron lazo debajo de ti;  no hay en ello entendimiento. ¿No haré que perezcan en aquel día,  dice Jehová,  los sabios de Edom,  y la prudencia del monte de Esaú? Y tus valientes,  oh Temán,  serán amedrentados;  porque todo hombre será cortado del monte de Esaú por el estrago. Abdías 1-9.

Introducción

Hoy tenemos como objetivo comenzar el estudio del texto del profeta Abdías. Vamos a estudiar Abdías 1-9. Este texto nos presenta la sentencia de Dios contra Edom. Y esta sentencia condenatoria de Dios fue causada por el orgullo de Edom, que se consideraba como una nación impenetrable.

Este pecado de Edom nos recuerda Proverbios 6:16-19 donde lista las actitudes que no agradan a Dios:
Seis cosas aborrece Jehová,
Y aun siete abomina su alma:
Los ojos altivos, la lengua mentirosa,
Las manos derramadoras de sangre inocente,
El corazón que maquina pensamientos inicuos,
Los pies presurosos para correr al mal,
El testigo falso que habla mentiras,
Y el que siembra discordia entre hermanos.
Todas estas actitudes son rechazadas por Dios; y es interesante notar que una de ellas es los ojos altivos. Esto merece nuestra reflexión. Dios aborrece el orgullo. El orgullo carece de todo fundamento, por lo tanto es estúpido e irracional.

La persona orgullosa es sabia en su propia opinión (Proverbios 3:7; Romanos 12:16), y esta es la razón por la cual el orgulloso se cierra a la enseñanza o consejo (Proverbios 9:7-8).
No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal. 
Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. 
El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; El que reprende al impío, se atrae mancha. No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; Corrige al sabio, y te amará.
La persona que es orgullosa, soberbia presume conocer mejor todas las situaciones y circunstancias, y considera que no será abatida por ninguna de ellas. El orgullo se evidencia en el amor a sí mismo, la  avaricia,  vanagloria,  soberbia, jactancia etc. (Romanos 1:30; 2 Timoteo 3:2); o en la presunción de que se tiene más control sobre la vida de lo que realmente se tiene (Santiago 4:13-16, contexto); o una pretenciosa exhibición con respecto a posiciones y logros materiales (1 Juan 2:16; Filipenses 3:4-8).

En el soberbio se puede observar un aire de superioridad, (Proverbios 21:4), en un hablar insolente (Salmo 17:10), lucen su orgullo como un collar de piedras preciosas y se visten de crueldad (Salmo 73:6). El orgullo se manifiesta en el tratamiento despectivo hacia las personas que les parece inferiores, o que están pasando por necesidades y tribulaciones (Lucas 18:9-14; Romanos 14:1-3). El orgullo puede conducir a cierta intrepidez y exceso de confianza con respecto a permanecer de pie (Proverbios 14:6; Mateo 26:31-35; 1 Corintios 10:12).

Santiago llama a los soberbios al arrepentimiento porque "… Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes…  limpiad las manos… purificad vuestros corazones... Humillaos delante del Señor, y él os exaltará" Santiago 4:6-10. La Palabra debe convertirse en el espejo en el cual nos vemos a nosotros mismos, Santiago 1:22-25, exponiendo el pecado escondido en nuestro corazón, Salmo 19: 11-14.

Edom no se humilló, no se molestó en conocer la voluntad de Dios, no trató de conocer la ley del Señor y por lo tanto llegó a ser cada vez más orgulloso, no teniendo compasión del pueblo de Dios cuando este estaba siendo victimizado.

De manera que, lo que la Biblia nos muestra, en relación con el orgullo, un tema tan serio y tan común en nuestra experiencia de vida, es que el orgulloso será avergonzado; y ese es el mensaje de Abdías en estos versículos, ese es el juicio de Dios contra Edom.

Cuando Jerusalén fue masacrada,  cuando fue invadida y derrotada en una de sus muchas luchas contra los enemigos, Edom, una nación tan cercana, no ayudó. Enorgulleciéndose de su seguridad y tomando ventaja de la debilidad de los hijos de Israel, los edomitas los perjudicaron aún más. Hubo enemistad entre las dos naciones durante mucho tiempo y después de muchas circunstancias, entonces vino la Palabra de Dios a través de su profeta, con una palabra de juicio y condenación. Por lo tanto, el desafío para nosotros en este pasaje podría resumirse en esta frase: Las actitudes impías contrarias a la voluntad de Dios resultarán en juicio divino.

En este texto encontramos tres consecuencias como resultado de las actitudes impías contrarias a la voluntad de Dios que producen juicio divino.


La 1ª el orgullo será derrotado

Versículos 1-4:
Esta es la visión que el Señor Soberano reveló a Abdías acerca de la tierra de Edom. Hemos oído un mensaje del Señor, que un embajador fue enviado a las naciones para decir: «¡Prepárense todos! ¡Convoquemos a nuestros ejércitos y ataquemos a Edom!». El Señor dice a Edom: «Te haré pequeña entre las naciones; serás muy despreciada. Has sido engañada por tu propio orgullo  porque vives en una fortaleza de piedra  y haces tu morada en lo alto de las montañas. “¿Quién puede tocarnos aquí en las remotas alturas?”, te preguntas con arrogancia; pero aunque te remontes tan alto como las águilas y construyas tu nido entre las estrellas, te haré caer estrepitosamente», dice el Señor. NTV. 
En estos versículos tenemos el pronunciamiento del juicio contra Edom. El versículo 1 es introductorio, pero es importante, debido a su gran mensaje teológico. Este primer versículo podría dividirse en cinco partes:

  1. El profeta comienza haciendo una referencia a su visión específica, que nos muestra la naturaleza de su mensaje. Las visiones eran una manera por la cual los profetas interpretaban el mensaje de Dios a los Israelitas y al mundo de una situación histórica específica.
  2. El profeta introduce su nombre: Abdías, que significa, como hemos visto anteriormente: siervo o adorador de Jehová, pero no hace ninguna mención acerca de su familia, la fecha o el contexto de su profecía.
  3. La expresión hebrea: Jehová el Señor, pone de relieve o da significación a la autoridad divina sobre los pueblos y los reyes de la tierra. Es la majestad suprema de nuestro Dios, que tiene algo que decir acerca de Edom, un pueblo no reconocido como pueblo de Dios, pero sobre el cual Jehová también tiene autoridad.
  4. Aquí Abdías habla como un miembro de la comunidad de los profetas que interpretan el mensaje divino y después envían un mensajero a las naciones con su proclamación. Este mensajero desempeña el papel de "Ángel", pues es enviado con el mensaje particular.
  5. Esta declaración es un llamado a los pueblos vecinos a unirse para el juicio contra Edom por causa de su mal comportamiento hacia una nación hermana de Israel/Judá.

Los versículos dos al cuatro nos proporcionan el fundamento teológico de la predicción de condenación formulada por Abdías.

El versículo 2 resalta la condenación de una nación orgullosa, destacando su destino final: será reducida porque se enalteció a sí misma con soberbia y arrogancia. Será abandonada y menospreciada, porque se remontó sobre otros.

El mensaje divino a través de sus profetas fue y sigue siendo:
Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios, Miqueas 6:8.
Este mensaje tiene un carácter universal y eterno;  esto es confirmado por la misma Palabra, porque Jehová estaba juzgando a Edom basado en esa premisa moral para todas las naciones.

En los versículos 3-4 nos encontramos con las razones de la destrucción de Edom.

En el versículo 3, constatamos que la soberbia es el peor consejero y un mal conductor de la vida, ya que ninguno de sus consejos son verdaderos; de hecho, se han comprobado como falsos. También se apunta a Edom, como el pueblo que vivía en las grietas de las rocas, porque particularmente Edom se había establecido y fortalecido en esa zona y allí habían construido una fortaleza (cf. 2 Reyes 14:7), más adelante ese sería el lugar donde construirían la ciudad de Petra, por los nabateos.

Este sitio se caracterizaba por la seguridad militar que ofrecía y por la seguridad geográfica que proporcionaba en comparación con otros lugares.

El versículo 4 utiliza dos imágenes para mostrarnos la insensatez de la soberbia de Edom, pues se habían imaginado que como nación, podrían exaltarse tantas veces como quisieran; como "las águilas" que emprenden vuelo, escapando siempre de sus enemigos; como remontando a "las estrellas" asumiendo que las alturas los protegerán de los ataques de sus enemigos. El profeta anuncia la condenación de Dios diciendo: de ahí te derribaré, dice Jehová. Sin lugar a dudas, una lección para aprender es que no hay un lugar lo suficientemente resguardado como para proteger a cualquier nación del juicio de Dios.

La 2ª las riquezas serán esparcidas

Versículos 5-7:
«Si vinieran ladrones en la noche y te robaran, (¡qué desastre te espera!) no se llevarían todo. Los que cosechan uvas siempre dejan unas cuantas para los pobres. ¡Pero tus enemigos te aniquilarán por completo! Registrarán y saquearán cada rincón y cada grieta de Edom. Se llevarán hasta el último de los tesoros escondidos.» Todos tus aliados se volverán contra ti y ayudarán a expulsarte de tu tierra. Te prometerán paz mientras traman engañarte y destruirte. Tus amigos de confianza te tenderán trampas  y ni siquiera te darás cuenta. NTV.
El versículo 5 introduce, un lamento irónico de la destrucción de Edom, utilizando otras dos figuras: los ladrones y los vendimiadores, contrastando de esta manera el pequeño daño que harían estos ladrones y vendimiadores en comparación con la gran destrucción que le esperaba a Edom, de manos de aquellos que fueron convocados por nuestro Dios para castigar a Edom. A diferencia de los ladrones que sólo toman lo que quieren, los que castigarán a Edom no van a dejar nada, tomarán todo. La destrucción será completa. La diferencia con los vendimiadores es que estos en tiempo de cosecha dejan algo para los pobres (cf. Lucas 19:10), pero aquellos que se levantarían contra Edom no dejarían absolutamente nada. El saqueo sería completo. La predicción introduce la destrucción total de Edom y es descrita utilizando el perfecto profético, es decir, que el futuro es tan cierto que el profeta lo expresa como ya realizado; mostrando la convicción de que su mensaje es divino y que sin duda se cumplirá.

En el versículo 6 tenemos la declaración de la pérdida de la seguridad y protección de Esaú o Edom. Todo lo que estaba oculto y que daba seguridad nacional a Edom habían sido descubiertos y sus tesoros saqueados. Esos tesoros escondidos eran el resultado del comercio de las caravanas en el desierto. Los bienes y tesoros de los cuales se enorgullecía Esaú se habían perdido.

Cabe señalar que Abdías utiliza el nombre Esaú para referirse a Edom, utiliza el nombre de una persona para referirse a un grupo. Esto es lo que se llama "personalidad corporativa". Así Esaú fue descubierto, y por lo tanto no estaría bajo la ilusión que proporcionaba la falsa sensación de seguridad y protección.

Y el versículo 7 que ya condena Edom comienza declarando porqué es incierta la seguridad y protección que disfrutaba Edom. Sus antiguos aliados, los moabitas, los amonitas y los árabes beduinos ahora serían sus adversarios. Los aliados de Edom, con los que había firmado alianzas de mutua defensa ahora no cumplirían sus acuerdos; aquellos que habían firmado un acuerdo de paz con Edom ahora se levantarían contra él para hacerle la guerra. Los antiguos compañeros de Edom ahora lo traicionarían.

Para Abdías esta situación no sería entendida por Edom. Estos tres comportamientos por parte de los antiguos aliados mostraron cuan incierta es la seguridad y protección humana de la cual Edom se enorgullecía. Esta situación recuerda el momento en que los babilonios se volvieron contra Edom, después de destruir Jerusalén. El rey Nabonido (556-539 a.C.) levantó una campaña contra Edom que puede haber destruido la ciudad de Bosrah y acelerado el proceso por el cual los edomitas se desintegraran durante los siglos VI y V a.C. por esa época. Edom desaparecería y un nuevo reino, los nabateos, surgirían en su lugar.

La 3ª la sabiduría será destruida

Versículos 8-9:
En aquel día ni una sola persona sabia quedará en toda la tierra de Edom —dice el Señor—. Pues destruiré en las montañas de Edom a todos los que tengan entendimiento. Los más poderosos guerreros de Temán sentirán terror, y todos en las montañas de Edom serán exterminados en la masacre. NTV. 
En el versículo 8 es condenada la sabiduría y la prudencia del monte de Esaú, las cuales se exhibían de manera implícita opuestas a la sabiduría y la prudencia del monte Sión. La sabiduría y la prudencia de Edom descansaban en sus aliados, en acuerdos y alianzas de paz con los pueblos vecinos que, a decir verdad, eran potencialmente una amenaza para la estabilidad y seguridad de Edom. Por otro lado, la sabiduría y la prudencia de Sión, es decir, de Israel y Judá, descansaba en el temor de Jehová y no "apartarse del mal" (cf. Proverbios 1:7; 3:5-7).

Como mencionamos anteriormente, practicar la justicia y amar la misericordia era la verdadera sabiduría y la mejor consejera para las naciones (cf. Miqueas 6:8).

Por lo tanto, la confianza en las fuerzas humanas se convierte en gran maldición, mientras que la confianza en Dios es una bendición (cf. Jeremías 17:5-7). Cabe señalar que Edom era famoso por sus sabios (cf. Job 15:1; Jeremías 49:7 y Baruc 3:23), pero esa sabiduría no valdría de nada cuando llegase el juicio divino. ¿En qué o en quién hemos basado nuestra sabiduría?

En el versículo 9 tenemos la condenación a la valentía de Temán, la principal ciudad de Edom y que estaba protegida por Sela (roca) y todos sus hombres de guerra. Este valor era presentado como circunstancial, sustentado en las ventajas geográficas de la ciudad y su ejército. Sin embargo, todo el ejército se derrumbó delante del señorío de Jehová, y toda la ventaja geográfica de una nación no fue nada delante del poder del reino de Dios que se manifiesta y cambia la historia de cualquier nación.

Conclusión

Al concluir nuestra reflexión, creo que podemos enumerar siete actitudes vistas en Edom que no debemos practicar para evitar el juicio divino:

  1. No debemos quedar observando la desgracia de nuestro hermano.
  2. No debemos alegrarnos en el día de la ruina de nuestro hermano.
  3. No debemos hablar demasiado en el día de la angustia del hermano.
  4. No debemos poner las manos en los bienes de nuestro hermano.
  5. No debemos perseguir y traicionar a los perseguidos.
  6. No debemos aniquilar a los perseguidos.
  7. No debemos entregar a los supervivientes al enemigo.

Oro para que usted obtenga del Señor la capacitación para prevenir esas actitudes que atraen su juicio contra los que la practican.

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Este estudio está basado en el libro de uno de los profetas menores. Estaremos iniciando con los aspectos introductorios del profeta Abdías. Es de suma importancia dedicar un tiempo para estudiar estos aspectos que nos darán el contexto y los detalles que rodean este libro de la Biblia y su autor. Al conocer el contexto del libro, el autor, los destinatarios, la época y el lugar donde fue escrito y hacia donde estaba dirigido, tendremos mejores condiciones para entender el texto inspirado, y así aprovechar por completo el mensaje que Dios quiere que aprendamos. Comencemos entonces con los aspectos introductorios del libro.

Autoría.

El nombre Abdías significa "siervo de Jehová", "adorador de Jehová". Este nombre expresa el carácter de la persona que lo tiene, conforme a la costumbre del Medio Oriente de aquellos días, cuando colocaban el nombre de acuerdo con el deseo personal de los padres. Abdías era un nombre común en el Antiguo Testamento, así que nos encontramos con varias referencias a este nombre:
  1. El mayordomo del palacio de Acab (cf. 1 Reyes 18:3-16);
  2. Un descendiente del rey David (cf. 1 Crónicas 3:21);
  3. Un descendiente de Isacar (cf. 1 Crónicas 7:3);
  4. Uno de los seis hijos de Azel de Benjamín (cf. 1 Crónicas 8:38 y 9:44);
  5. Un levita que volvió de la cautividad (cf. 1 Crónicas 9:16);
  6. Uno de los guerreros Gaditas que se unieron a David en el desierto (cf. 1 Crónicas 12:9);
  7. Un empleado enviado por Josafat para enseñar la ley de Dios (cf. 2 Crónicas 17:7);
  8. Un levita  supervisor de la reforma del templo (cf. 2 Crónicas 34:12);
  9. Uno de los sacerdotes que firmaron el compromiso de mantener la ley, junto con Nehemías (cf. Nehemías 10:5).
Incluso con tantos personajes con el mismo nombre, es difícil querer identificar a uno de estos con el profeta que Dios había llamado para llevar su mensaje al pueblo de Edom. Este nombre común en el tiempo del Antiguo Testamento, era tan común como Onésimo en el Nuevo Testamento. Sin duda, este es el décimo personaje con el nombre de Abdías.

En relación a este profeta debemos señalar que no tenemos referencias personales sobre él, ni tampoco datos que se puedan utilizar para cualquier inferencia. Sin embargo existe la tradición rabínica del Talmud de Babilonia que identifica al autor del libro como el mayordomo, o funcionario del palacio del reino del norte, el reino de Israel en los días del rey Acab (cf. 1 Reyes 18:3-16), pero no hay ninguna base histórica para esta posición.

Sin embargo, debido al hecho de que Abdías se enfoca en Jerusalén es posible que el profeta que escribió fuera un judío, así como también el  editor final del libro.

Acerca de la fecha.

Debido a la imprecisión en cuanto a la autoría, la cuestión de la fecha también es difícil de definir. Tenemos dos posibles teorías:
  1. Muchos adoptan la fecha postexílica, después del 586 a.C., en base a una referencia vaga al Salmo 137:7 y posible referencia de Jeremías 49:7-22. También es posible que así como Jeremías citara otros dos profetas, Isaías y Miqueas, es muy posible que él haya citado a Abdías y no lo contrario, o entonces que los dos profetas Abdías y Jeremías hayan tenido acceso a una fuente común, que luego con el tiempo se perdió.
  2. Otros adoptan la fecha preexílica, alrededor de 848 a 841 a.C., durante el reinado de Joram, cuando el reino del sur, el reino de Judá, fue atacado por una coalición de naciones Palestinas (cf. 2 Reyes 8:20-22). La profecía de Abdías habría sido de esa época por ser más concisa, en comparación con la profecía de Jeremías, mucho más detallada (cf. Jeremías 49:7-22). Además, aceptando esa fecha, el pasaje: Porque también los edomitas habían venido y atacado a los de Judá, y habían llevado cautivos (2 Crónicas 28:17), aproximadamente un siglo después, en los días de Acaz, tendría más sentido, porque informaba de un ataque edomita sufrido antes (en la época de Joram) (cf. 2 Crónicas 21:1-20).
Aunque existe la incertidumbre acerca de la fecha, podemos adoptar cualquier teoría sin perjuicio de la inspiración divina, sin embargo, es más probable que el libro fuera escrito en el período del  rey Joram.

Contexto histórico

Edom fue un pequeño reino situado al sureste de Judá, al este del Mar Muerto, entre el Golfo de Aqaba y el mar muerto (Génesis 36:6-8) cerca del monte de Seir. Por el difícil acceso que las montañas producían, sus habitantes eran orgullosos y se sentían seguros.

Edom estaba formada por los descendientes de Esaú, gemelo de Jacob (Israel), pero siempre hubo tensiones en esa relación. Las relaciones entre Jacob, después Israel, y Edom fueron siempre hostiles. Históricamente, la rivalidad comenzó desde temprano, cuando Jacob engañó a su hermano tomando la bendición de la primogenitura, aun cuando este la había despreciado (cf. Génesis 27) y continuó cuando los dos se separaron y luego volvieran a reunirse después de mucho tiempo (cf. Génesis 32-33). Este conflicto se incrementó en los días en que Israel, después de salir de Egipto, marchaba a la tierra prometida; el pueblo de Edom le impidió cruzar sus tierras. Había odio entre los dos pueblos (Números 20:14-21; Deuteronomio 2:4-6; Salmo 137:7-8). Este antagonismo continuó aun después de asentado Israel en Canaán (cf. 2 Samuel 8:14; 2 Reyes 14:7; 2 Crónicas 28:17).

Los profetas también registrarían este antagonismo en profecías anti edomitas como se ve en Isaías, Jeremías, Ezequiel, Joel, Amós (Isaías 34:5; Jeremías 49:7-22; Lamentaciones 4:21-22; Ezequiel 25:12-14; 35; Joel 3:19; Amós 1:11 ss.).

Mucho después de eso, siendo Babilonia el imperio mundial, Edom y otras naciones hicieron, junto con Israel, una alianza contra los caldeos. Posteriormente Edom traicionando el acuerdo se unió a Babilonia y en el 587 a.C., cuando las fuerzas de Nabucodonosor rodearan Jerusalén, (2 Reyes 25:3-7), y poco después que la destruyó, habiendo intentado el rey de Judá huir hacia Jordania, no lo consiguió, porque como relatan los libros de Salmos y Lamentaciones, junto con Abdías, Edom ayudó a Babilonia para capturarlo.

Para Israel, Edom es un símbolo para referirse al enemigo. Y esta tradición presenta a Edom como el mundo hostil que se opone a los propósitos divinos (cf. Isaías 63:1-6). Los profetas consideraban a Edom y Asiria los enemigos que se levantaron contra Dios y su pueblo. Este antagonismo entre los dos pueblos continuó hasta la época del Nuevo Testamento, con la comparación entre la religiosidad de Israel y la impiedad de Edom (cf. Romanos 9:13; Hebreos 12:16). Pero este enemigo sería derrotado en la era mesiánica (Cf. Isaías 34:8 ss.; Ezequiel 35).

Acerca del libro

El libro de Abdías es el más corto del Antiguo Testamento y se encuentra en la Biblia hebrea (el texto masorético) entre los libros de Amós y Jonás (al igual que en nuestras versiones en español). Probablemente este orden se da por la referencia de Edom en la predicción profética de la restauración del tabernáculo caído de David mencionado en Amós 9:11-12, convirtiéndose de esta manera en el tema de Abdías.

El libro de Abdías  menciona el castigo de Jerusalén específicamente en manos de Edom, y a la vez señala cuándo los exiliados de Israel y Jerusalén responderán a Edom por sus crímenes. Sin embargo, como observamos, el libro de Jonás, trata de un enemigo más fuerte, Asiria y su capital Nínive, y muestra que puede haber arrepentimiento toda vez que Dios da oportunidades para todos. Pero en el caso de Edom, después de muchas oportunidades no le quedaban más nada que su completa destrucción.

Acerca del análisis literario.

Haciendo un análisis literario del libro podemos decir que hay una unidad temática, ya que trata de la destrucción total de Edom por su maldad contra su hermano Jacob, o Israel.
  • En los versículos 2-9 leemos acerca de la advertencia a Edom, de la razón de su destrucción y cuan terrible será esa destrucción.
  • En los versículos 10-15 tenemos una descripción de la gran maldad de Edom y la causa de su juicio.
  • En los versículos 16-21 tenemos el pronunciamiento escatológico del día de Jehová, con el juicio a todas las naciones y la restauración de Judá.
  • Los versículos 15-18 se refieren al día de Jehová en relación a Edom, Judá y todas las demás naciones.
  • Y en los versículos 19-21 que surgen como un apéndice en prosa, se refieren a los reemplazos geográficos de Israel y de Judá como una obra del reino de Dios.

Acerca del género literario.

El libro de Abdías se encuentra dentro del género profético. Aquí encontramos pronunciamientos breves, un estilo conciso, un lenguaje poético y el apoyo en Jehovah, mediante la fórmula del mensajero: “Jehovah el Señor ha dicho”, y el uso del llamado “perfecto profético”, donde el futuro es tan cierto que el profeta lo expresa  como  ya  realizado.  La  forma  literaria  es  de  sentencia  con  dos  sentidos:
  1. desgracia  y  
  2. salvación.
En el caso de Abdías encontramos desgracia para Edom y salvación para Israel y Judá.
Acerca de la estructura del texto.
  1. El juicio divino es seguro y será total 1-9.
  2. El juicio divino es contra el orgullo y descuido 10-14.
  3. El juicio de Dios es símbolo del juicio universal 15-16.
  4. El juicio divino es el anuncio de la liberación del pueblo de Dios 17-21.

Sobre el tema.

Abdías describe las decisiones de Dios en cuanto a Edom. Describe el juicio divino contra un pueblo, emparentado con el pueblo de Dios, que en vez de condolerse y servir de apoyo a su pariente, siempre ha sido hostil y traicionero. Así que la profecía de Abdías anuncia la destrucción final de Edom y reafirma la victoria del Monte Sión sobre el Monte Seir por el Señor.

Sobre la similitud con otros profetas.

Abdías muestra una relación con Joel y Jeremías. Abdías y Joel están relacionados de la siguiente manera:
  1. Abdías 11, con Joel 3:3;
  2. Abdías 15, con Joel 1:15;
  3. Abdías 16, con Joel 3:17;
  4. Abdías 18, con Joel 2:5; y
  5. Abdías 17 con Joel 2:32.
Estos dos profetas utilizando el contexto histórico de Edom y Judá destacan la idea del Día del Señor, o el día del juicio divino contra las naciones.

Pero Abdías también tiene esta relación con Jeremías:
  1. Abdías 1 con Jeremías 49:14;
  2. Abdías 2 con Jeremías 49:15;
  3. Abdías 3 con Jeremías 49:16;
  4. Abdías 4 con Jeremías 49:16; y,
  5. Abdías 5 con Jeremías 49:9.
Entre los dos profetas también tienen diferencias en cuanto al "día del Señor" y "la restauración de Israel".

Acerca del Día del Señor.

El "Día del Señor" se refería en sus orígenes como las manifestaciones victoriosas de Jehová en favor de su pueblo Israel. Sin lugar a dudas, en los libros de los profetas, el "Día del Señor" se convirtió en un día de castigo, de visita y de ira de Jehová contra su pueblo Israel (cf. Joel 1:15; 2:1-11; Amós 5:18-20; Sofonías 1:7, 14-18); sin embargo era un día de juicio contra los enemigos de Israel (cf. Isaías 13; Ezequiel 30). Sin duda, en el contexto de la dominación extranjera, el tema era positivo para Israel (cf. Isaías 13:6-9 contra Babilonia y Ezequiel 30:2 contra Egipto).

Ya en el Nuevo Testamento, el "Día del Señor" se ve en la perspectiva escatológica de Dios (cf. Lucas 1:68) y con relación a la segunda venida del Señor Jesucristo (cf. Mateo 24:36; 2 Pedro 3:1-10).

Acerca del pueblo de Edom.

Edom, una nación que consiste de los descendientes de Esaú, gemelo de Jacob e hijo de Isaac y Rebeca, estaba ubicado al sureste de Judá, en una región montañosa que hoy día es la parte suroeste del reino de Jordán.

Edom algunas veces es nombrado Esaú (Malaquías 1:3), Idumea, y monte de Seir (Ezequiel 35:3). Todos estos nombres son intercambiables y se refieren a la misma nación, Edom.

Génesis 36 describe el crecimiento rápido de Edom. Deuteronomio 2:5 nos informa que el territorio de Edom no era parte de la tierra prometida a Israel y nunca sería parte: “No os metáis con ellos, porque no os daré de su tierra ni aun lo que cubre la planta de un pie: porque yo he dado por heredad a Esaú el monte de Seir”.

Ezequiel condenó a la nación de Edom, diciendo: “Por cuanto tuviste enemistad perpetua, y entregaste a los hijos de Israel al poder de la espada en el tiempo de su aflicción...” Ezequiel 35:5.

A través de los tiempos antiguos, los edomitas mostraron su enemistad contra los hebreos, cuando rehusaron dar a Moisés y a su pueblo la autorización de pasar por el territorio de los edomitas, Números 20:14-22. Pero en el tiempo de Eliseo, los edomitas, se juntaron con Israel y Judá en una alianza militarista, 2 Reyes 3:9. Luego, Judá derrotó a Edom en una guerra, 2 Crónicas 25:5-12.

Las profecías mayores contra Edom son halladas en Isaías 34, Jeremías 49:7-22, Ezequiel 25:12-14 y 35:1-15, y el libro de Abdías.

Isaías profetizó acerca del juicio de Dios contra Edom cerca el año 700 a.C., y Jeremías, Ezequiel y Abdías rindieron sus profecías de sentencia pronto sobre Edom cerca del año 600 a.C..

Tiene un buen sentido buscar el cumplimiento de estas profecías contra Edom en aquel período de tiempo en la historia. No obstante, algunos han sugerido que estas profecías contra Edom todavía no han sido cumplidas, y que su cumplimiento acontecerá en nuestro siglo, en el siglo XXI.

Hay dos problemas grandes con esta teoría:
  1. Los edomitas ya no existen. Es imposible castigar a un pueblo que ya ha desaparecido de la faz de la tierra hace muchos siglos.
  2. El profeta Malaquías, escribiendo cerca del año 400 a.C., habló del juicio de Dios contra Edom como algo fenecido: “Y a Esaú aborrecí, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto”, Malaquías 1:3.
La historia muestra que los edomitas fueron saqueados por los ejércitos de los caldeos en la primera parte del VI siglo a.C., y que al fin del VI siglo a.C. los nabateos atacaron a los edomitas, echándolos fuera de sus fortalezas en las montañas del monte de Seir, hasta el desierto del Neguev.

Las profecías contra Edom fueron completamente cumplidas, y no es necesario esperar el cumplimiento de estas profecías otra vez, porque los edomitas ya no existen como nación ni grupo étnico.


Acerca de los temas teológicos.

Tenemos en esta pequeña profecía tres temas destacados que están estrechamente vinculados a la escatología bíblica. Ellos son:
  1. El juicio de Dios. Que es anunciado como el Día del Señor que está cerca y es terrible. Este juicio se presenta con dos enfoques: "vendrá a su pueblo", representado por Israel, y "llegará a otras naciones" representado por Edom.
  2. La destrucción de los enemigos del Señor. Aquí en Abdías esta destrucción es simbolizada en la destrucción de Edom. Con este tema se vislumbra la certeza del "triunfo del bien contra el mal", tema muy destacado en los mensajes apocalípticos y que se convertirán en la base de la esperanza cristiana.
  3. La Soberanía de Dios. Esa soberanía sobre todo el universo es presentada desde el principio del libro hasta el final. De hecho, el libro comienza diciendo: Así ha dicho Jehová el Señor (cf. 1) y termina con la siguiente frase: y el reino será del Señor (cf. 17), revelando la noción teológica dentro de la cual se desarrolló el mensaje profético.

Acerca de la razón de estudiar Abdías.

Todos hemos sufrido injusticia cuando estábamos abatidos y debilitados frente a las circunstancias. Tal vez un amigo o incluso un familiar se aprovechó de nuestros momentos de debilidad  causándonos un mayor abatimiento. Al estudiar Abdías vemos que Dios atenderá a tales injusticias.

En el estudio de esta profecía también veremos la lealtad y la fidelidad de Dios hacia su pueblo. Puede tardar, es posible que no nos demos cuenta, pero se establecerá la justicia de Dios, y por lo tanto también seremos recompensados por la espera en él.


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Existen  respuestas Bíblicas suficientes  para entender  un  poco  el  dolor,  y  para que aprendamos a beneficiarnos  de  las tribulaciones.  Las  páginas siguientes  nos muestran  que  aunque  puede  que el  cielo  no conteste todas nuestras preguntas, sí nos da las respuestas que necesitamos para confiar y  amar a  Aquel  que,  en  nuestro  dolor,  nos  pide  que nos acerquemos a Él.

Mas el Dios de toda gracia,  que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo,  después que hayáis padecido un poco de tiempo,  él mismo os perfeccione,  afirme,  fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos.  Amén. 1 Pedro 5:10-11.

Introducción

Una de las preocupaciones constantes de nuestra cultura es la pregunta:  "¿Por  qué  le  pasan  cosas malas  a  la  gente  buena?"

Esta preocupación  tiene  que  ver  con  el  hecho  de  que  las  personas  no  están dispuestas  a reconocer,  en  primer  lugar,  que  son  pecadores  y  en segundo lugar, que viven en un mundo rendido y entregado al pecado. El hombre tiene una elevada opinión de sí mismo, y de acuerdo a esa elevada idea de lo que cree ser, de alguna manera le parece inconcebible que algo  malo  le deba suceder.  Después  de  todo, se  idealizan como gente buena.

Inclusive  entre  los  mismos creyentes  hay  quienes expresan las mismas  inquietudes,  vistas no desde el punto de vista Bíblico, sino desde  una  perspectiva  religiosa.  Tristemente, dolorosamente debemos decir que existen entre los creyentes las mismas preocupaciones y las mismas preguntas que se plantean los incrédulos.

  • ¿Por qué  le  pasan  cosas  malas  a  la  gente  buena?  o
  • ¿Dónde  está  Dios  en medio de mi angustia? o
  • ¿Cómo  debo  entender a  Dios, cuando todo lo que se supone es exclusivo de su trato con su pueblo no está sucediendo?

Se podría pensar que la respuesta a la pregunta es un tanto oscura; pero más  bien  podríamos responderla de forma  breve y resumida. Podríamos decir que: “Las aflicciones le suceden a  la  gente buena a causa del pecado. Vivimos en un  mundo  de  pecado  y  nosotros  mismos somos pecadores”. Ciertamente esta  no es  una  respuesta  del todo satisfactoria,  ya  que  no  contiene  suficiente información  para  resolver algunas dudas  que dificultan  la  comprensión de este  tema. Así que vamos  a  estar desarrollando el tema con mayor profundidad.

Entonces, existen calamidades que les suceden a los hijos de Dios. Ninguno  de  nosotros  podría cuestionar que este hecho es cierto, todos hemos experimentado dificultades, pruebas y tribulaciones en un grado u otro. Estamos conscientes de que estas cosas suceden.

La pregunta es: ¿por qué? ¿Por qué Dios  permite  que  estas  pruebas,  tribulaciones  acontezcan  a su pueblo? Con la ayuda de Dios vamos a exponer seis puntos de vista Bíblicos en respuesta a esta pregunta.

Dios permite las tribulaciones para perfeccionar su fe.

Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas,  y por quien todas las cosas subsisten,  que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria,  perfeccionase por aflicciones al autor [Pionero] de la salvación de ellos”, Hebreos 2:10.

Es bueno que nos conozcamos a nosotros mismos, nuestra debilidad y pecaminosidad para no enorgullecernos ni confiar en nosotros mismos, y que siempre vivamos dependiendo de la gracia divina. Es por eso que Dios permite las pruebas de manera que podamos ser perfeccionados así como lo fue Cristo, aun cuando era sin pecado.

Job  fue probado  más allá  de toda  imaginación; él era un hombre muy rico, y en un solo día Job pasó de ser un millonario a ser un desarrapado; el mismo día perdió todo lo que tenía y todos sus hijos fueron asesinados. Posteriormente fue herido  con  una  enfermedad  grave.  Todo  su  mundo se derrumbó. Esa sí que fue una prueba extrema. En medio de todo esto, como metiendo el dedo en la llaga, su  esposa  le  dice: "¿Todavía intentas conservar tu integridad? Maldice a Dios y muérete" (2:9) NTV, pero Job tenía una fe probada y pudo exclamar: "aunque él me matare,  en él esperaré"(13:15);  esa es la clase de fe que usted y yo necesitamos una fe inconmovible, sin importar las circunstancias.

Habacuc  tenía  un  dilema  que  estaba  más  allá  de  su compresión.  Estaban  sucediendo  cosas terribles  en  Israel.  Dondequiera que miraba veía destrucción y violencia; estaba rodeado de personas que solo les gustaba discutir y pelear. Y el profeta Habacuc estaba llorando y clamando a Dios decía: "¿Hasta cuándo,  oh Jehová,  clamaré,  y no oirás;  y daré voces  a  ti  a  causa  de  la violencia,  y  no  salvarás?", (1:2).  Y  Dios  le  dio  una respuesta desconcertante. Dios no solo le da a entender que no traería  avivamiento,  sino  que  iba  a  traer  a  los  caldeos,  que  son peores que los hijos de Israel, y que iban a actuar como los verdugos de los Judíos. Ahora su problema era considerablemente más complejo:

  • El  problema  número  uno:  ¿por  qué  Dios  no  avivaba  a  su pueblo? 
  • El  problema  número  dos:  si  Dios  no  va  a  avivar  a  su  pueblo, ¿cómo es que Él usa las peores personas del mundo para ser sus jueces? 

Y  cuando  todo  esto  estaba  rondando  en  su  mente  y  el  caos  le  estaba  dominando, el Señor le declara un principio elemental: "El justo por la fe vivirá".

Y al final de esta breve profecía de Habacuc dice: "Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los  labrados  no  den  mantenimiento,  Y  las ovejas  sean  quitadas  de  la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo,  yo me alegraré en Jehová, Y  me gozaré  en el Dios  de mi  salvación. Jehová  el Señor  es mi fortaleza,  El  cual  hace mis  pies  como  de  ciervas,  Y  en  mis  alturas  me hace andar", Habacuc 3:17-19. Él aprobó la prueba pero su fe tuvo que sufrir.

Y  una  de  las  cosas  que  Dios  está  haciendo  al  traer  estas  pruebas  a nuestras  vidas  es fortalecer nuestra  fe. Él está solidificando tus  convicciones, tu  esperanza  cuando  te pone  a prueba. Ninguna de estas pruebas, ninguna de estas aflicciones tiene como objetivo hundirnos, sino transformarnos. No pretende vencernos, sino hacernos vencedores; tampoco debilitarnos, sino fortalecernos. La vida cristiana es como la del atleta; cuanto más duro se entrena, tanto más preparados se encuentra, porque sabe que estará dispuesto para realizar un esfuerzo que le conduzca a la victoria.

Dios  permite  las  tribulaciones  para  que  dejemos  de  depender  del mundo.

Dios va a estar trabajando  en nuestras vidas para ayudarnos a romper  las  ataduras  que  tenemos con el  mundo;  nuestra naturaleza caída tiene la tendencia a confiar en las cosas del mundo, en los recursos del mundo. Bien pueden ser  la filosofía, el dinero, el poder, el prestigio, las amistades o cualquier otra cosa. Y el Señor  permite  que  vengan  pruebas,  con el  fin  de  que  podamos desligarnos de la confianza en las cosas del mundo.

Voy a darles un ejemplo;  en Juan capítulo 6 dice que había una multitud que seguía a Jesús por causa de las señales y los milagros que Él hacía. Y en el versículo 5 de Juan 6, dice: "Cuando alzó Jesús los ojos,  y vio que  había venido a él gran multitud, dijo  a Felipe: ¿De  dónde compraremos  pan  para que  coman  éstos?"  Entonces Felipe hace  inmediatamente un  cálculo  mundano.  "Doscientos denarios  de  pan  no bastarían  para  que  cada  uno  de  ellos  tomase  un  poco”.  En  otras palabras, Felipe tuvo la oportunidad de decir: "Señor, Tú eres el Dios de la creación, ¿cuál es el problema? ¿Quieres darles de comer?, tu puedes darles de comer”. Tuvo la oportunidad perfecta para demostrar  que  había  sido  desconectado  de  la  confianza  en  el  mundo;  sin embargo  no  era  así. Sus cálculos le decían que era imposible alimentarlos.  Ahora el  versículo  6 dice: "Pero  esto  decía para  probarle"; Cristo deseaba hacerle  notar que aún  seguía confiando en sus sentidos.

El Señor nos llevará a situaciones similares,  en  las  que  no  tenemos  ninguna  capacidad  en nosotros mismos, donde no hay recursos humanos, donde no hay a dónde ir, sino solamente  a Cristo; de  manera  que  podamos  ser  desligados  de  la confianza en las cosas del mundo. Las pruebas harán eso en usted. Ellas nos arrancarán de esa confianza en las cosas pasajeras.

Dios  permite  las  tribulaciones  para  llenarnos  de  esperanza celestial.

Romanos 5:3 dice: "también nos gloriamos en las tribulaciones,  sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza".

Dios desea llenar nuestros corazones con la anticipación de la vida  gloriosa que está por venir; de manera que entonces  deberemos vivir una vida en esperanza.

¿Quieres no ser decepcionado jamás en la vida? es decir: ¿Quieres absolutamente nunca ser decepcionado  en la vida?  Entonces vive en esperanza celestial. Y no importa lo mal que la estés pasando aquí,  no importa.  No serás  decepcionado jamás  porque  no estás poniendo la mirada en las recompensas que ofrece este mundo. La forma de nunca estar decepcionado en esta vida es colocar la mirada en las cosas de arriba, donde está Cristo. Entonces cuando Él se manifieste seremos manifestados con Él en gloria.

Las pruebas producen paciencia o resistencia. La resistencia se acumula hasta  obtener  un  carácter probado. El carácter  probado  entonces  vive en  la  esperanza. Es entonces cuando usted podrá expresar como el apóstol Pablo: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”, Romanos 8:18.

También podremos  decir  como  Pablo: "aunque  este  nuestro  hombre  exterior  se  va desgastando, el interior no  obstante  se renueva de día  en  día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven;  pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas",  2  Corintios  4:16-17.

Entonces sufrir, sufrir no es un problema. Sufrir en este mundo, no es significativo. Podemos aceptar todo el sufrimiento que nos quieran dar por amor  a Cristo;  porque  aunque  estoy siendo golpeado en la vida presente, estoy acumulando recompensas eternas en la vida venidera. Cada golpe, cada herida, cada cicatriz, cada desprecio, cada calumnia, cada injusticia, produce  en  nosotros  un  excelente  y eterno  peso  de  gloria.

Las  pruebas  nos  conducen  a  una  esperanza  celestial.  En  primer  lugar ponen a prueba nuestra fe, entonces nosotros dejamos de depender de las cosas del mundo, y ellas nos conectan al cielo. El cielo se vuelve aún más dulce cuanto más tiempo se vive y soporta la carga de las pruebas en esta vida.

Dios  permite  las  tribulaciones  para  mostrarnos  lo  que  realmente amamos.

Mateo, en el capítulo 19 versos 16 al 22, nos narra la historia de un joven que buscaba la vida eterna y le preguntó: "¿Qué debo yo hacer?”, a lo que Jesús le dijo que cumpliera los mandamientos. El hombre le preguntó qué clase de mandamientos. Jesús entonces le citó cinco de los diez mandamientos. La respuesta del joven fue que él había cumplido esos mandamientos; y sin embargo había todavía algo que él sabía que debía tener y no tenía. Así que Jesús le dijo que vendiera todo, que lo diera a los pobres y que Le siguiera.

Ahora deseo que observe la reacción de este joven: “Oyendo el joven esta palabra,  se fue triste, porque tenía muchas posesiones”.

Dios  desea  revelar  donde  está  nuestro  corazón,  donde están  nuestros  verdaderos  intereses.  Y todo  esto  es  parte  de  nuestra santificación. Las pruebas sacarán a la luz lo que es más valioso para usted. Si  llevar  la  cruz  y  el  vituperio  de  Cristo  es  lo  más  precioso, entonces podrá sufrir la pérdida de cualquier cosa por amor a Cristo.

Pero si el dinero es lo más preciado, entonces cuando los ahorros donde está  su  dinero  se  reduzcan o  cuando  una  depresión  le  golpee,  usted estará pasando por un gran momento de desesperación. No podrá entender que  el  Señor  está trabajando en su vida modelando y conformando  su carácter a la  imagen  de Jesucristo.

Las pruebas, los problemas, las dificultades en la vida siempre revelarán lo  que más amas. Si se trata de su  apariencia física, la figura, los pechugones, los músculos, si usted está  en  ese  tipo  de  cosas y eso  es  lo  más  importante  para  usted,  la enfermedad  lo  abrumará.  Pero si usted ama  los propósitos  de  Dios,  la santidad más  que  cualquier  otra  cosa,  usted podrá  aceptar  lo  que  Dios traiga  a  su  vida  sea  un  mal  físico  o enfermedad como algo que Él tiene en Sus propósitos para la gloria de Cristo  y  su  propia  santificación.  Usted  encontrará  por  medio  de  las pruebas de la vida la revelación de lo que es más valioso para usted.

Dios permite las tribulaciones para desarrollar su fortaleza espiritual y  alcanzar  un  mayor  rendimiento.

Santiago  1:2-4  dice: "Hermanos míos: considerad un gran privilegio siempre que os veáis involucrados en toda clase de pruebas; porque sabéis muy bien que la prueba de vuestra fe produce una constancia a toda prueba. Y dejad que esa constancia alcance su plenitud haciéndoos perfectos y completos y en nada insuficientes".

Esto es un proceso. La prueba, de la cual se habla aquí tiene como objetivo, que quien sea sometido a la prueba surja de ella más fuerte y más puro.

El cristiano debe esperar que las pruebas le introduzcan a empujones en la vida cristiana. Se nos presentarán todos los sondeos imaginables. Habrá la prueba de dolor, de desilusiones, de seducciones, de peligros, de impopularidad y así sucesivamente. Pero nada de eso nos viene para hundirnos, sino para capacitarnos.

No oremos entonces pidiendo a nuestro Entrenador celestial que elimine la aflicción, la prueba.

Dios  permite  las  tribulaciones para  capacitarnos  y  poder  ayudar  a otros  en  sus  tribulaciones.

El apóstol Pablo  en  2  Corintios  1:3-4 dice: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,  Padre de misericordias y Dios de toda consolación,  el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones,  para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios".

Otra de  las  razones  por  las  que  tenemos pruebas es que Dios puede acercarse en medio de nuestras dificultades y fortalecernos, para luego poder ir a otros que están pasando por las mismas pruebas y ofrecerles el mismo consuelo con el cual Dios nos consoló.

La manera en cómo seremos capacitados le corresponde a Dios. Pedro tuvo que ser tratado severamente de manera que él pudiera alcanzar la medida para el trabajo que Cristo le había preparado.

En Lucas 22:31 Jesús le dijo: "Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti,  que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos”.

Jesús le dijo a Pedro algo muy hermoso: "Cuando hayas vuelto a tu puesto, ayuda a tus hermanos a mantenerse firmes". Es como si le dijera: "Me vas a negar, y llorarás amargamente; pero el resultado será que estarás mejor capacitado para ayudar a tus hermanos que tengan que pasar por lo mismo". El experimentar la vergüenza del fracaso no es sin fruto, porque nos da la compasión y la comprensión que no tendríamos de otra manera.


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Hechos 19:11-16

Existe una confusión generalizada entre muchas iglesias evangélicas modernas, en especial aquellas de corte carismático, con respecto a las actividades y operaciones de Satanás.

Muchos de los cánticos de adoración modernos se centran en la guerra espiritual, incitando a los cristianos a ir al "campo enemigo" y tomar "nuevamente lo que Satanás robó". Pastores ofrecen oraciones para colocar coberturas alrededor de los creyentes. Además, se vende ampliamente la idea de que la oración más fuerte y más ferviente, es la más eficaz para atar a Satanás. Pero la pregunta que cada creyente debe hacerse es: ¿es este realmente el verdadero papel de los creyentes en el ámbito de la guerra espiritual?

Deseo compartir con ustedes algunas observaciones acerca de esta extraña práctica de guerra espiritual y proporcionarles valiosa información Bíblica acerca de cómo los cristianos deben y cómo no deben responder al entorno satánico.

Examinando la Palabra de Dios en 1 Juan 4:1-8 leemos lo siguiente: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error. Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor".

Lo primero que podemos observar es que Dios por medio del apóstol nos da un mandato, una orden: "probad los espíritus". Evidentemente, siendo que la siguiente oración hace referencia a los falsos profetas, podemos inferir que "espíritus" está haciendo referencia a personas.  Por otro lado tenemos la palabra "probad", que en el griego, el término es usado en metalurgia para evaluar la pureza del metal. Entendemos entonces que Juan nos está diciendo: "Examinad la pureza de las personas".

El apóstol Pablo nos recuerda lo mismo en 1 Tesalonicenses 5:21-22 cuando dice: "Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal", y utiliza la misma palabra, para indicar que debemos probar lo que estamos escuchando. Esto es esencial. Es esencial porque Satanás existe, porque los demonios existen, y porque operan en un reino de mentira que domina el mundo.

Satanás es el dios de este mundo, el príncipe de las potestades del aire, el gobernante de las tinieblas, de las huestes espirituales de maldad de este siglo en los lugares celestiales. A él se le ha permitido circular en este mundo, desplazarse como león rugiente buscando a quien devorar. Él y sus agentes se disfrazan de ángeles de luz, de acuerdo con el apóstol Pablo en su carta a los Corintios. Y no debemos sorprendernos de que Satanás opere el 99 por ciento de las veces en la falsa religión, en la mentira y el engaño.

Satanás no está detrás del comportamiento miserable, corrupto y pecaminoso de una sociedad definida. La carne se encarga de eso. Satanás está detrás de la religión corrupta, detrás de los falsos sistemas de creencias. Es muy importante entender esto.

Las personas hablan de guerra espiritual haciendo referencia a Satanás y los demonios, pero ignoran  que están equivocados en su manera de pensar. Ellos tienen la idea o han sido enseñados a que  debemos estar acorralando a Satanás. Es común observar a pastores levantarse en el pulpito frente a la feligresía para orar;  y sorprendentemente  escuchar que las primeras palabras que salen de su boca es: "Satanás, te atamos", además de otros pronunciamientos acerca de satanás, acerca de atar, acerca de prohibir, de que si Cristo lo pudo hacer, de que si los apóstoles tenían autoridad y todo este tipo de lenguaje doctrinal desacreditado. Simplemente podemos quedar perplejos  al escuchar que las primeras palabras de inicio son: "Satanás". Nos preguntamos entonces: ¿Qué? ¿Está hablando con el diablo, diciéndole lo que puede o no puede hacer? Tal vez piensa que eso es  guerra espiritual, y tal vez piensa que él tiene el poder de hacer eso. Eso no es otra cosa que un engaño, artimaña, argucia.

Estos individuos que se hacen llamar cristianos y aún peor se constituyen como pastores, con sus charlatanerías solo demuestran su enorme ignorancia en las Escrituras. La Biblia describe la guerra espiritual en 2 Corintios 10:3 con estas palabras: "porque las armas de nuestra milicia no son carnales"; entendemos entonces que estamos hablando de guerra, hablando de armas y estas "no son carnales", es decir, no son humanas. El pasaje especifica que estamos "en la carne"; lo que desea destacar el versículo es que somos humanos. Cuando dice que: "andamos en la carne" no se está refiriendo a que andamos en pecado, sino que simplemente habla de que somos seres humanos, y no podemos hacer la guerra  "según la carne". Nuestras armas no pueden ser de origen humano. No batallamos por medio del ingenio o la astucia humana. No puede ser nada concebido por el hombre, no importa cuán nobles sean nuestros pretensiones.

Esta guerra espiritual no se pelea con armas humanas convencionales. Se necesita mucho más que eso; según el versículo 4 de 2 Corintios 10 estas deben ser "poderosas en Dios". Hemos sido reclutados en una guerra espiritual que no puede ser combatida con armas humanas, no importa cuán noble, bien concebido y bien elaborado pueda ser la estrategia que pudiéramos  pensar.

El objetivo final expresado por el apóstol Pablo, según el versículo 4, es la "destrucción de fortalezas".  Y la figura presentada aquí nos indica que las armas humanas no son rivales para esta enorme fortaleza. La palabra "fortaleza", para la época de Pablo,  daba la idea de un edificio de piedra inexpugnable. Estamos asaltando edificios formidables. No podemos utilizar las armas humanas, ellas son como pistolitas de agua.

¿Qué son esas fortalezas?  Al comienzo del versículo 5 dice: "derribando argumentos". Cuando el apóstol habla de derribar fortalezas, él está haciendo referencia a la destrucción de razonamientos, especulaciones, ideas, ideologías, teorías, puntos de vista, sistemas de creencias, psicologías, filosofías, religiones. Este es el compromiso para el cual hemos sido llamados  en esta guerra espiritual. Es una batalla por el modo en que la gente piensa. Es una batalla por la mente. No se trata de perseguir a Satanás. No se trata de corretear demonios. Eso no está dentro de la competencia de nuestras capacidades. La nuestra es una guerra por la mente.

El mundo es prisionero de los sistemas de creencias. Ellos son prisioneros en esas fortalezas, en el sentido de que son inexpugnables en sus ideologías. Esas fortificaciones en las que viven se convierten en sus prisiones y terminan en sus tumbas.

El arquitecto de todas estas fortalezas no es otro que el mismo Satanás. Él es el padre de la mentira. Él es el engañador. Es el ángel de luz impostor. Y sobrelleva su gran trabajo a través de los sistemas de falsas creencias.

El versículo 5 nos da una definición más detallada del significado de fortaleza; dice así: "toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios". ¿Qué significa eso? Es cada gran idea, cada idea aparentemente noble, cada idea intelectual, cada gran visión, cualquier cosa y todo lo que se levante como una ideología "contra el conocimiento de Dios". Las personas están atrincheradas en las fortalezas de los sistemas anti-Dios. Para usar el lenguaje de Juan, son anticristos. Y como dije, las personas están atrincheradas, están presas en esas fortalezas. Y ellos, en última instancia, morirán en esas prisiones.


Entonces, ¿cuál es nuestra responsabilidad? Nuestra responsabilidad es la de romper estas ideologías, aplastar estas fortificaciones y llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. Esta es una batalla por el modo de pensar de las personas. Una vez más, Satanás es el arquitecto, el diseñador, el ingeniero y el constructor de estas ideologías. Es responsabilidad de cada pastor, cada maestro, cada predicador, cada cristiano examinar todos los requerimientos que se nos formulen y poner a prueba a las personas, y las profecías. Al igual que los nobles de Berea, examinar todo para ver lo que es verdadero

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