Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, Y camino de vida las reprensiones que te instruyen. Pr 6.23

Articles by "Reflexión"

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Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia. 2 Timoteo 3:16.

En los últimos años una serie de teólogos semi-conservadores han cuestionado si debemos mantener la doctrina de la inerrancia o infalibilidad Bíblica. Después de todo, dicen, esta búsqueda de absoluta certeza, refleja la "mentalidad aristotélica griega" que en realidad no es compatible con la naturaleza de "fe pura". Dicen que el cristianismo es una cuestión de "fe" y nosotros no necesitamos "absoluta certeza".

De inmediato nos damos cuenta que tales declaraciones presuponen que la fe es incompatible con certeza. Es decir, ellos presuponen en cierta medida el punto de vista existencialista moderno de la fe, que ve la fe como un "salto al vacío".

Con todo, podemos imaginar que Dios podría habernos dado la información acerca de la redención de otra manera. Él podría habernos proporcionado simplemente una gran cantidad de testimonios humanos. Los Evangelios, por ejemplo, podrían ser simplemente las memorias personales de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y nada más. Sin embargo, Dios nos llama a creer en el Evangelio de la misma manera que creemos que Adolf Hitler fue canciller de Alemania entre 1933 y 1945. Existe un debate sobre lo que el señor Hitler en realidad pensó e hizo durante su mandato, pero no hay debate sobre si en realidad fue canciller. De la misma manera, los estudiosos pudieran debatir los detalles registrados en los Evangelios sin dejar de tener "fe" en la "confiabilidad general" del relato.

Pero la Biblia dice ser mucho más. De hecho, afirma ser la misma palabra de Dios. La Biblia dice que es inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16). Si Dios es Dios, Él no se equivoca. Si la Biblia es inspirada por Dios, no puede haber "errores menores" en los detalles de la historia. Si la Biblia contiene tales errores, difícilmente puede ser obra de un Dios perfecto. Y si Dios no es perfecto y totalmente digno de confianza, Dios no es Dios.

Si la Biblia contiene errores, aún podría ser corregida en muchas de sus afirmaciones. Pero hay una afirmación que pudiera no ser verdad: la afirmación de que la Biblia son las palabras inspiradas por Dios. Pero todos los padres de la Iglesia, los teólogos medievales, y los reformadores protestantes vieron claramente que la Biblia afirma ser inerrante e infalible. Si esa afirmación es falsa, la Biblia nos está engañando, y ha engañado a las personas durante muchos miles de años.

Podemos regocijarnos que la Biblia está libre de errores en todas sus afirmaciones. Dios quiere que su pueblo tenga confianza en Él, de modo que podamos conocerle a Él y conocer su voluntad, haciendo lo que Él nos ha llamado a hacer sin temores. Ahora bien, considere su grado de compromiso con la verdad Bíblica; este nivel podría ser mejorado y fortalecido con un reconocimiento más enérgico de su confianza en las Escrituras.

Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Lucas 7:8.

Cuando Martín Lutero comenzó a argumentar que nuestra justificación ante Dios es solo a través de la fe, se puso en marcha la Reforma protestante. Pronto las "disputas" y "reuniones" se llevaron a cabo en varios lugares, y Lutero y sus seguidores fueron empujados a defender sus "nuevos" puntos de vista (que no eran en realidad sino una clara manifestación de la antigua fe de la iglesia). Los oponentes católicos de la Reforma intentaron demostrar que los puntos de vista de Lutero no habían sido enseñados en los concilios de la iglesia.

Lutero y los reformadores respondieron que los concilios no contradecían explícitamente la doctrina de la Reforma, y lo más importante, que los credos y los concilios no eran infalibles. Sólo la Biblia, dijeron los reformadores, es infalible y absolutamente autoritativa.

Llamamos a la doctrina de la justificación por la fe el principio sustancial de la Reforma, ya que la doctrina es la "sustancia" o el contenido de la reforma. Llamamos a la doctrina de la supremacía de la autoridad de las escrituras el principio protocolario de la Reforma, porque esa doctrina es la base sobre la cual todo lo demás se construye. La doctrina de la máxima autoridad de la Biblia no quiere decir que no hay autoridades secundarias en la vida, como los padres, los gobernadores, los líderes de la iglesia. Lo que sí significa es que la Biblia y solo la Biblia es la autoridad final y definitiva para nuestras vidas.

Los católicos romanos respondieron afirmando que la única manera de saber lo que debía ser incluido en el "canon" de la Biblia era lo que la iglesia decidía que era canónico y lo que no era. No es así, dijeron los reformadores. Los padres de la iglesia afirmaron que habían "recibido" el canon de las Escritura (la lista de libros autoritativos), en lugar de haberlos "establecido". Cuando recibimos a Cristo como nuestro Señor, eso no quiere decir que lo hacemos Señor o que tenemos autoridad sobre Él. El Padre lo puso por Señor, y simplemente nos limitamos a reconocer ese hecho. Del mismo modo, cuando los padres de la iglesia recibieron la Santa Escritura, ellos no reclamaron tener ninguna autoridad sobre ellas. Muy por el contrario: ellos postraban sus rodillas delante de la máxima autoridad de las Escrituras.

Inclinarse ante la autoridad de la Escritura no es una noción intelectual, abstracta. Como todas las ideas que tienen consecuencias, la consecuencia suprema de esta controversia fue el surgimiento de la iglesia protestante. Las personas de convicción deben tomar decisiones serias. Pregúntese si usted lo entiende, y luego colóquese bajo la autoridad de las Escrituras.

"Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado" 1 Pedro 1:13.

Gloria a Dios, el sosiego está por venir. Antes de lo esperado usted y yo recibiremos la "herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos" (1 Pedro 1:4). Cuando llegue, comprenderemos plenamente el significado de esa fe más preciosa que el oro (1 Pedro 1:7). Aquí es donde el apóstol Pedro desea que descanse su esperanza.

Pero ahora es un tiempo de guerra y no de paz. Es un momento para conducirnos por fe, no por vista. Es un momento de dolorosas pruebas que evalúen la autenticidad de nuestra fe (1 Pedro 1:6-7). Así que es el momento de prepararnos para la acción de la batalla, momento de mantenernos  preparados y alertas.

En el presente las batallas no son contra "carne y sangre", es decir en contra de personas, aun cuando estas sean el instrumento utilizado; sino que nuestras batallas son "contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efesios 6:12), y el engaño del pecado (Hebreos 3:13). Y estas dos fuerzas van a tratar de utilizar las  emociones en contra nuestra. Por lo que podría ser útil, a modo de preparación, recordar el propósito de las emociones para que podamos luchar con mayor eficacia y saber cómo contrarrestarlos.

Dios diseñó las emociones como instrumentos indicadores, no como guías o recomendaciones a seguir. Tienen la intención de informarle, no dictaminarle. El diseño de sus emociones (no inducido por cafeína o cualquier otro estimulante) nos dará la medición de donde está puesta nuestra esperanza, ya que están conectadas a nuestras creencias y valores y a la magnitud de estas. Es por eso que las emociones como el deleite (Salmo 37:4), amor (Romanos 12:10), temor (Lucas 12:5), ira, enojo (Salmo 37:8), alegría (Salmo 5:11), etc., son tan importantes en la Biblia. Revelan aquello que amamos, creemos y tememos en nuestro corazón. Podríamos decir entonces que aquello que nos produce placer es la dimensión de nuestro tesoro, porque la emoción del placer es un indicador que te informa aquello que amas.

Pero debido a que nuestras emociones están conectadas con nuestra naturaleza caída, así como con nuestra naturaleza regenerada, el pecado y Satanás tienen acceso a ellos y los utilizarán para tratar de manipularnos y convencernos de actuar perdidamente. Es por eso que nuestras respuestas emocionales a la tentación pueden parecernos como imperativas (debes hacer tal o cual cosa...) en lugar de indicativas (esto es lo que me está advirtiendo...). Sólo recuerde, eso es engaño.

Las emociones no son órdenes; ellas no son nuestro patrono. Ellas son avisos; son advertencias. Es por eso que Pablo escribió: "No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias" (Romanos 6:12).

Así que atendamos hoy al consejo de la Palabra: "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar" (1 Pedro 5:8). Él le hará promesas y/o tribulación en su contra. Él probablemente intentará golpear ligeramente sus áreas débiles de incredulidad, entonces se dará cuenta que sus emociones están creciendo en la dirección equivocada.

Cuando esto le suceda no quede extremadamente impresionado. Y recuerde que sus emociones son medidores no guías. Permita que le señale por donde está siendo atacado para que pueda luchar tomando "toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo" (Efesios 6:13). Acérquese a un hermano, pastor, consejero de confianza para tener un tiempo de oración, mayor perspectiva y/o consejería, si es necesario.

Siempre tenga presente que "esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria" (2 Corintios 4:17) y muy pronto, va a terminar. Y las riquezas de nuestro poderoso Dios, será nuestra mayor y más grande recompensa, será toda la herencia que necesitaremos por siempre.

Espere completamente en eso. Que Dios te bendiga.

La unidad entre dos personas o un grupo de personas obtiene su fortaleza plena de algo más que un simple objetivo común. La unidad en sí misma es neutral hasta que se suministra el bien o la maldad con alguna otra cosa. Por tanto si Herodes y Pilato estaban unificados por su desprecio común hacia Jesús (Lucas 23:12), esta no es la noción de una buena unidad. Pero si Pablo y Silas cantan juntos en la cárcel por causa de Cristo (Hechos 16:25), esto  conlleva la idea de una buena unidad.

Entonces, no es suficiente convocar a los cristianos a tener unidad. Eso puede ser bueno o malo. Por ejemplo, el voto unificado en una comunidad cristiana para prohibir la asistencia a los servicios de alguna etnia o raza, o bien el voto unificado para aprobar los actos sexuales prohibidos no es una buena unidad.

¿Qué produce la unidad cristiana?

La unidad cristiana en el Nuevo Testamento alcanza su fruto por medio de la combinación de los siguientes cuatro atributos: su fuente, sus puntos de vista, sus afectos y sus propósitos.

La fuente

La exhortación de Pablo en las Escrituras, es a tener un interés específico, celoso y diligente, de mantener «la santa unidad» que debe caracterizar a la verdadera Iglesia. En efesios 4:3 el apóstol nos anima a ser "solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz". Aquí el pasaje implica que tal unidad se produce únicamente por el Espíritu Santo; siendo entonces el causante y quien ha actuado en nuestros corazones para la renovación, deberíamos responder en función de esa unidad que Él proporciona.

Esta unidad, solo puede ser sustentada y perpetuada en la negación del yo. Mientras el yo sea el centro de todas las cosas, esta unidad no podrá existir nunca plenamente. En una sociedad donde el yo predomina, las personas no son más que un conjunto desintegrado de unidades individualistas en guerra. Pero cuando el yo muere y Cristo se establece en el primer lugar de nuestros corazones, entonces se produce la unidad, que es la característica importante de la verdadera Iglesia.

El Espíritu Santo es el gran donador de la unidad.  Una de las más hermosas alegorías de la unidad de la Iglesia es presentada por el apóstol Pablo en  1 Corintios 12:13, "Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu". No deja de sorprendernos considerar la forma en que cooperan las diferentes partes del cuerpo. Pablo traza aquí el diseño de la Iglesia como un cuerpo. Un cuerpo consta de muchas partes, pero tiene una unidad esencial. Hay una personalidad que da unidad a las diversas partes del cuerpo. Observe atentamente la siguiente enseñanza de este pasaje: Lo que el yo es al cuerpo, lo es Cristo a la Iglesia. Es en Cristo por medio del Espíritu Santo donde todos los diversos miembros encuentran su unidad.

Los puntos de vista

Pablo dice que Cristo dio a la iglesia los pastores y los maestros para equipar a los santos "hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13). En otras palabras, la unidad que buscamos es la unidad en la verdad. Desde luego, entendemos que la unidad cristiana comprende más que verdad compartida, pero no menos.

Existe un peligro que amenaza a la iglesia, este es la desunión. Cuando los miembros de la iglesia están caminando en serio y sus creencias  realmente les importan es cuando emergen los diversos puntos de vista y el peligro de contiendas es más factible. Existen por lo menos tres causas para la desunión:

  1. Está la ambición egoísta. Siempre hay peligro de que las personas hagan las cosas, no para que avance la obra, sino para promocionarse a sí mismas.
  2. Está el deseo de prestigio personal. El prestigio es para muchos una tentación aún mayor que la de la riqueza. El ser admirado y respetado, el sentarse en la plataforma, el buscar la opinión de uno, el deseo de ser conocido de nombre y en persona, hasta el ser adulado, son para muchos las cosas más deseables. El cristiano debe desear que la gente fije la mirada, no en él mismo, sino en Dios.
  3. Está el concentrarse en el ego. Si una persona se preocupa solo de sus propios intereses, es inevitable que choque con otras personas. Si su idea de la vida es la de una contienda competitiva cuyos premios se esfuerza por ganar, siempre considerará a los demás como enemigos, o por lo menos como rivales de los que tiene que librarse. El concentrarse en uno mismo induce inevitablemente a eliminar a los demás; y el objeto de la vida no puede ser ayudar a los demás, sino quitarlos de en medio.

Pablo compila las palabras en un pensamiento común en Filipenses 2:2 diciendo: "completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa". No puede haber felicidad para uno mientras sepa que hay desunión en la iglesia que le es tan querida. Solo es posible completar el gozo cuando los hermanos completan su comunión. No es con amenazas como Pablo se dirige a los cristianos de Filipos, sino con la exhortación en amor y en paciencia, que debería ser el acento del pastor, como fue el acento de su Señor.

Los Afectos

El amor cristiano es esa buena voluntad invencible, que no sucumbe jamás al rencor ni busca más que el bien superior de los demás. No es una mera actitud del corazón, como el amor humano; es la victoria de la voluntad, lograda con la ayuda de Jesucristo. No quiere decir amar solo a los que nos aman; o a aquellos que nos gustan; ni a los que son amables. Quiere decir una buena voluntad invencible aun hacia los que nos odian, los que no nos gustan y que son todo lo contrario de amables. Esta es la misma esencia de la vida cristiana; y nos afecta tanto en el tiempo como en la eternidad.

Apuntalando más esta idea, el amor unificado en el cuerpo de Cristo incluye un compromiso robusto en hacer el bien a la familia de Dios nos agrade o no (Gálatas 6:10). Sin embargo, tan difícil como lo es para diversas personas, la experiencia de la unidad cristiana es más que eso. Comprende amor afectivo, no sólo sacrificar aquello que no le gusta. Es un sentimiento de cariño. Hemos de tener afecto por aquellos que son nuestra familia en Cristo. Los siguientes son pasajes que nos alientan al amor fraternal: "Amaos los unos a los otros con amor fraternal" (Romanos 12:10). "Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro" (1 Pedro 1:22). "Sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables" (1 Pedro 3: 8).

Los propósitos

La morada del Espíritu, la manifestación de Cristo, el amor a la verdad y la unidad están diseñadas por Dios para tener al menos dos propósitos: el testimonio al mundo, y la glorificación de Dios. El apóstol Juan hace la primera de ellas muy clara. "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13:34-35).

La declaración famosa de Jesús en Juan 17 tienen sus raíces en la profunda unidad espiritual entre el Padre y el Hijo, y con los que Dios ha escogido de entre el mundo (Juan 17:6). "...que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste" (Juan 17:21). En estos pasajes anteriores debemos notar que el testimonio al mundo consiste en amarnos los unos a los otros y la unidad con el Padre y con el Hijo, de manera que el mundo crea. Esto es mucho más que estar relacionados a través de una organización común.

A manera de conclusión podemos decir que la unidad cristiana que resplandece con auténtica gloria, de manera que el mundo pueda observarla, es la unión con el Padre y el Hijo, de modo que la gloria del Padre y el Hijo forma parte de nuestras vidas. "La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno" (Juan 17:22). Esa gloria se debe a: "Yo en ellos, y tú en mí" (Juan 17:23). De esta unión con Dios, y la gloria que da, brilla algo que el mundo puede ver, si Dios les da ojos para ver.

El objetivo final de dicha unidad cristiana es la gloria de Dios. De ahí que Pablo ora: "Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios" (Romanos 15:5-7).

Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. 2 Timoteo 2:15.

Puede parecer una pregunta extraña: ¿por qué estudiar la Biblia? - sobre todo cuando probablemente no hubiera continuado leyendo esto, si no creyese que dicho estudio es necesario o al menos de alguna manera beneficioso. Pero con demasiada frecuencia hacemos cosas por el simple hecho de hacerlas. Ciertamente este es un buen momento para preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos o por qué no hacemos lo que deberíamos hacer.

Aunque hay varias razones de peso para estudiar la Biblia, hay dos excusas comunes para no estudiar las Escrituras. La primera, comúnmente manifestada, es que la Biblia es difícil de entender y sólo los teólogos altamente cualificados con formación técnica están equipados para la tarea. Esto es lo que a menudo pensamos y decimos, a fin de acallar nuestras conciencias y descuidar nuestro deber de estudiar las Escrituras.

Los reformadores del siglo XVI respondieron esta excusa defendiendo la perspicuidad de las Escrituras, es decir, la claridad de las Escrituras. Ellos no mantuvieron que todas las partes de la Escritura son igualmente claras, sino que la Biblia es necesariamente clara en su mensaje básico. Esto significa que si leemos, podremos captar lo esencial, con la iluminación del Espíritu Santo.

La segunda excusa es que la Biblia es demasiado aburrida. Nos quejamos de que necesitamos la ayuda de alguien para "hacer que la Biblia cobre vida"; pero la Biblia está viva, y sus palabras nos hacen cobrar vida. No hay nada de aburrimiento en el drama, pasión, crimen, devoción y vida real que está representada en las Escrituras. Las costumbres antiguas pueden parecer ajenas a nosotros, pero las luchas y los problemas que enfrentaron los personajes bíblicos son los mismos que enfrentamos hoy día.

Como seguidores del Señor Jesús debemos estar motivados a estudiar la Biblia, con el fin de seguir creciendo en las cosas que ya hemos aprendido. Necesitamos profundizar en nuestra comprensión sobre los orígenes y contextos de los libros de la Palabra de Dios con el fin de comprender y aplicar mejor a nuestras vidas las verdades que contienen.

Nuestro objetivo final es glorificar a Dios a través de nuestra vida. Ciertamente, para que el creyente pueda alcanzar este objetivo, es fundamental el manejo y comprensión de la Biblia. Comprométase a ser hallado fiel en la tarea de presentarse a sí mismo como un obrero que maneja bien la palabra de verdad. Aun cuando está sea una tarea de por vida, se puede cumplir a través de la paciente práctica diaria.

"Entonces el suegro de Moisés le dijo: —No está bien lo que haces.  Te agotarás del todo, tú y también este pueblo que está contigo. El trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo. Ahora pues, escúchame; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Sé tú el portavoz del pueblo delante de Dios, y lleva los asuntos a Dios. Enséñales las leyes y las instrucciones, y muéstrales el camino a seguir y lo que han de hacer. Pero selecciona de entre todo el pueblo a hombres capaces, temerosos de Dios, hombres íntegros que aborrezcan las ganancias deshonestas, y ponlos al frente de ellos como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez". Éxodo 18:17-21.

La gente a menudo desarrolla un deseo de algo que no está en el plan de Dios para ellos. Cuando no pueden alcanzar lo que está puesto en el deseo de su corazón pueden construir una intensa e implacable presión.

Los cristianos que son consumidos por la avaricia han dejado de depender de Dios. Para alcanzar una meta, algunos manipulan las circunstancias, porque ellos han perdido la fe en la capacidad del Señor para saber qué es lo mejor y como proporcionarlo. Tal comportamiento indica un rechazo de la soberanía de Dios. Entonces el miedo se convierte en un problema, ya que la persona persigue más y más el objeto de su deseo.

Las consecuencias de la codicia son dolorosas: la sensibilidad espiritual de un creyente puede debilitarse hasta el punto de que ya no es sensible a la voz del Espíritu. A medida que un cristiano se distancia a sí mismo del Señor, una actitud codiciosa probablemente lo conviertan en un desagradecido. Es difícil ser agradecido por las cosas que uno no tiene, y la atención esté centrada en lo que le falta.


La codicia lleva a una vida de tensión y preocupación. Jetro sabiamente aconsejó a su yerno Moisés a buscar ayudantes que odiaran las ganancias mal habidas. Estos hombres estaban más interesados en lo que Dios proveyera para ellos, que en lo que podían adquirir por sí mismos. Si queremos ser como ellos, hay que centrarse en los propósitos de Dios para nuestra vida. Cuando somos sensibles a su voz, Él nos enseña a distinguir entre los deseos que están dentro de su voluntad y los que se encuentran fuera de ella. Como creyentes, tenemos el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros y nos ayuda a resistir la tentación de los malos deseos. La codicia no tiene que ser nuestra perdición.

"Por tanto, sed imitadores de Dios como hijos amados,  y andad en amor, como Cristo también nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio en olor fragante a Dios. Pero la inmoralidad sexual y toda impureza o avaricia no se nombren más entre vosotros, como corresponde a santos;  ni tampoco la conducta indecente, ni tonterías ni bromas groseras, cosas que no son apropiadas; sino más bien, acciones de gracias. Porque esto lo sabéis muy bien: que ningún inmoral ni impuro ni avaro, el cual es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios". Efesios 5:1-5.

Una de las toxinas mejor ocultas en la vida de un creyente es la codicia. Tendemos a pensar que el término describe simplemente un deseo de un elemento que pertenece a otra persona, pero es algo más profundo que eso. La codicia es un intenso anhelo de algo que no tenemos, junto con la creencia de que no vamos a ser felices o estar satisfechos hasta que lo consigamos.

Si estamos impulsados por un deseo insaciable que nos distrae de nuestra relación con Dios, entonces estamos en peligro; tal deseo intenso es realmente una forma de idolatría. Nuestra ansiedad por satisfacer el deseo se traduce en la colocación del objeto antes que Dios. Esa es la naturaleza misma de la adoración de ídolos.

Todos tenemos deseos en el corazón, y muchos de ellos han sido plantados por el Señor mismo. Cualquier deseo en el marco de la voluntad de Dios es aceptable. Por ejemplo, no hay nada en las Escrituras que diga que es malo el deseo una bonita casa o un automóvil. Dios tiene un propósito, el plan y el tiempo determinado para satisfacer nuestras necesidades y suministrar nuestros deseos legítimos. Sin embargo, cuando elegimos cumplir un legítimo deseo dado por Dios de una manera que no está en consonancia con la voluntad del Señor, somos culpables de codicia.


La razón por la cual la codicia es tan perjudicial es que no tiene fin. Cuando alcanzamos un objetivo que pensamos que nos satisfará, descubrimos que todavía no estamos satisfechos. Así que apuntamos a otra cosa que creemos que traerá satisfacción y quedamos atrapados en un ciclo de insatisfacción/satisfacción. Pero nada puede traer la paz y la verdadera alegría a nuestro corazón que no sea una estrecha relación con Jesucristo.

“procurando con diligencia guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. (Efesios 4:3).

La unidad del Espíritu debe ser seriamente mantenida en humildad, mansedumbre, paciencia y amor entre los cristianos. El pasaje arriba describe el objetivo de un andar íntegro: la unidad en el Espíritu. Jesús oró por los creyentes: "para que todos sean una cosa, así como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos lo sean en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste". (Juan 17:21). Nuestro testimonio al mundo depende de nuestra unidad como creyentes.

El mundo está lleno de discordia, hostilidad, amargura y resentimiento. Si en medio del mundo hay un oasis de unidad y armonía, la gente se preguntará, qué tienen estas personas. Es entonces cuando tenemos la oportunidad de decir: "Esto es lo que Cristo hace". El mundo necesita ver que la iglesia de Cristo no es otro club social, sino un organismo de Dios; nacido sobrenaturalmente, sostenido sobrenaturalmente, y con un destino sobrenatural.

Nuestra unidad dependerá de las virtudes que hayamos ejercitado: mansedumbre, paciencia y el amor benigno. Sin ellos, la unidad es imposible. Además, nuestra unidad requiere de diligencia. La palabra traducida como "diligente" en Efesios 4:3 lleva la idea tanto de celo como de urgencia. La diligencia, en su sentido más alto, es el esmero y el cuidado en ejecutar algo. Una prontitud de hacer algo con gran agilidad tanto interior como exterior. Como toda virtud se trabaja, netamente poniéndola en práctica. Vamos entonces a trabajar por la unidad en el Espíritu, y a trabajar desde ahora. Necesitamos plena dedicación. Este es un paso personal, no de equipo, y si quiere darse prisa y empezar a trabajar en la unidad, necesita comenzar en su corazón. Comprométase primero en caminar dignamente, haciendo coincidir su vida con su teología.

Es doloroso observar todo el aislamiento y discordia que existe en  las iglesias hoy. Una de las principales causas que nos divide, es el enfoque en los distintivos denominacionales. En cambio, deberíamos centrarnos en los distintivos bíblicos, que es lo que nos une. Tenemos que humillarnos y aprender a amarnos unos a otros. Ahora entiéndase bien, la unidad no se alcanza iniciando un movimiento ecuménico mundial; pero la obtendremos cuando lleguemos a ser lo que Dios desea que seamos. Trabajar en la unidad es una tarea de tiempo completo que exige la máxima dedicación y obediencia de todo cristiano.


Oremos para que Dios nos de el entendimiento y fortaleza necesaria para trabajar con esmero en función de un cambio que empieza con cada uno de nosotros mismos.

“Por eso yo, prisionero en el Señor, os exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados:  con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos los unos a los otros en amor”. (Efesios 4:1-2).

Los cristianos pacientes soportan las circunstancias negativas; hacen frente a personas difíciles, y aceptan el plan de Dios para toda situación. En nuestra  cultura instantánea, "lo quiero ahora", la paciencia es difícil de conquistar. Nos enojamos si tenemos que esperar demasiado tiempo en la cola del supermercado, o si quedamos atrapado detrás del tipo que conduce a veinte kilómetros por hora, por debajo del límite de velocidad.

La paciencia es el rasgo de una personalidad madura. Es la virtud de quienes saben sufrir y tolerar las contrariedades y adversidades con fortaleza y sin lamentarse. Esto hace que las personas que tienen paciencia sepan esperar con calma a que las cosas sucedan, ya que entienden que las cosas no dependen estrictamente de uno. El pasaje arriba nos dice que nuestras vidas deben estar marcadas por la paciencia. Una persona paciente no tiene una mecha corta o pierde los estribos.

Hay tres aspectos en la paciencia bíblica:
En primer lugar, la paciencia nunca cede frente a las circunstancias negativas, por muy difíciles que estas sean. Dios le dijo a Abraham que lo convertiría en una nación grande y le daría la tierra de Canaán a sus descendientes (Génesis 12:2, 7). Cuando Dios hizo esta promesa, Abraham y Sara ni siquiera tenían hijos. Tuvieron que esperar mucho más allá de sus años fértiles antes de que Dios les diera un hijo. Pero Hebreos 6:15 dice: "Y así Abraham, esperando con suma paciencia, alcanzó la promesa". "Sin debilitarse en la fe, él tuvo muy en cuenta su cuerpo ya muerto (pues tenía casi cien años) y la matriz muerta de Sara. Pero no dudó de la promesa de Dios por falta de fe. Al contrario, fue fortalecido en su fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios, quien había prometido, era poderoso para hacerlo". (Romanos 4:19-21). Él confió en Dios y esperó pacientemente a que cumpliera su promesa.

En segundo lugar la paciencia hace frente a las personas difíciles. Pablo nos dice: "Hermanos, también os exhortamos a que amonestéis a los desordenados, a que alentéis a los de poco ánimo, a que deis apoyo a los débiles, y a que tengáis paciencia hacia todos". (1 Tesalonicenses 5:14). Esto es aplicar mansedumbre; proviene de un espíritu que se niega a tomar represalias. Nuestra reacción normal es estar a la defensiva cuando se nos provoca. Pero una persona paciente soporta el insulto, la persecución, el trato injusto, la calumnia y el odio. Atiende a Dios, no a sí mismo, sabiendo que Dios pagará todo pecado en el momento adecuado. No se puede iniciar una pelea con una persona paciente.

En tercer lugar, la paciencia acepta el plan de Dios para todo. No cuestiona, ni reniega de Dios. Una persona paciente entiende, acepta y dice: "Señor, si esto es lo que usted ha planeado para mí, entonces esto está bien". Romanos 8:28 dice: "Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito". Puesto que Dios está en control de todas las cosas, podemos ser pacientes, a la espera de que Él llevará a cabo su voluntad.


Pídale a Dios que le ayude a reconocer cuando las situaciones tienden a volverlo impaciente. Cuando esos tiempos lleguen, ore a Dios por fortaleza para poder soportar.

“Por eso yo, prisionero en el Señor, os exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados:   con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos los unos a los otros en amor”. (Efesios 4:1-2).

Para llegar a ser más manso, comience por observar de cerca sus actitudes. Hemos señalado que la mansedumbre es esencial para aquellos que quieren caminar dignamente. Entonces, ¿cómo puedes saber si eres manso? Te voy a dejar algunas preguntas prácticas para que las evalúes con honestidad.

En primer lugar, ¿tiene usted control de sí mismo? ¿gobierna  usted su propio espíritu (Proverbios 16:32), o pierde los estribos bruscamente? Cuando alguien lo acusa de algo, se defiende de inmediato, o está más inclinado a considerar si hay algo de verdad en lo que le acusan?

En segundo lugar, ¿te enfureces solamente cuando Dios es deshonrado? ¿Le desagrada y enoja  el pecado o cuando la Palabra de Dios es pervertida por los falsos maestros?

En tercer lugar, ¿busca siempre hacer las paces? La persona mansa es pacificadora. Efesios 4:3 dice que estemos "procurando con diligencia guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz". ¿Si alguien cae en pecado, lo condenas o chismeas acerca de esa persona? Gálatas 6:1 nos da instrucciones de como tratar con hermanos que han, "restaurad al tal con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado". Los chismes y la condenación dividen creyentes; el perdón y la restauración los unen. Las personas mansas no empiezan las peleas; ellos las terminan.

En cuarto lugar, ¿acepta usted las críticas sin tomar represalias? Ya sea que la crítica esté bien o mal, no se debe devolver el golpe. De hecho, podría más bien agradecer a sus críticos, porque la crítica podría mostrarle sus debilidades y ayudarle a crecer.

Por último, ¿tiene usted la actitud correcta hacia los inconversos? Pedro dice: "Más bien, santificad en vuestros corazones a Cristo como Señor y estad siempre listos para responder a todo el que os pida razón de la esperanza que hay en vosotros, pero hacedlo con mansedumbre y reverencia". (1 Pedro 3:15). Si somos perseguidos, es fácil para nosotros pensar, no pueden tratarme así, soy un hijo de Dios. Pero Dios quiere acercarnos a los inconversos con mansedumbre, tomando en cuenta que Dios también se acercó a nosotros con mansedumbre,  antes de ser salvos (Tito 3: 3-7).


Considere cuidadosamente sus respuestas a estas preguntas, y comprométase a llevar una vida que se caracterice por la humildad, paciencia y mansedumbre. Recuerde que "un espíritu afable y apacible,  es de grande estima delante de Dios". (1 Pedro 3:4). Si alguna de estas preguntas han señalado deficiencias en su mansedumbre, pida a Dios que fortalezca esas áreas.

“Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, le puso de pie sobre el pináculo del templo,
y le dijo: —Si eres Hijo de Dios, échate abajo, porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te llevarán, de modo que nunca tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: —Además está escrito: No pondrás a prueba al Señor tu Dios". (Mateo 4:5-7).

Al confrontar a nuestro Señor Jesucristo, Satanás prosiguió su ataque tratando de socavar o destruir la relación del Hijo con su Padre. Esta vez incitó a Jesús con esta declaración: "Si eres Hijo de Dios, échate abajo". Para fortalecer su desafío y hacerlo más verosímil, el adversario, con un toque sutil e inteligente, citó la Escritura : "porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te llevarán, de modo que nunca tropieces con tu pie en piedra". (del Salmo 91:11-12).

Ahora Satanás seguramente pensó que  tenía a Cristo acorralado en una esquina; él probablemente razonó, usando su sentido equivocado y maligno de la lógica: "Si el Mesías sólo vive de acuerdo a la Palabra de Dios, entonces yo voy a enfrentarlo con algo de esa Palabra". La lógica satánica sería que, si Jesús no utilizaba su propio poder para ayudarse a sí mismo y satisfacer sus necesidades inmediatas, entonces  Él permitiría que Dios obrara en Su nombre; después de todo, se trataba de "probar las Escrituras". Así que Jesús podía dejar que Dios cumpliera una promesa contenida en los Salmos y demostrara a los demás que él era de hecho el Hijo de Dios y Mesías.

Ahora bien, no importa cuán persuasivo sea el argumento de Satanás, cuan apuntalado esté con un texto demostrativo, o cuan bello pueda haber sonado, Jesús no estaba de acuerdo con él, en buscar poner a prueba presuntuosamente a Dios, o saltar el calendario divino del ministerio redentor del Salvador.


Piense en esto; a las Escrituras se le puede dar vuelta y girar de manera que se adapte a fines personales. ¿Qué medidas de salvoconducto tiene usted contra el mal uso de la Palabra de Dios, manteniendo una audaz creencia en su propio sentido de discernimiento? Pídale al Espíritu que le guie en su verdad. Ese es Su trabajo. (Juan 16:13).

“Pero él respondió y dijo: —Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Mateo 4:4.

Santiago, el medio hermano del Señor, nos recuerda que esta vida es muy temporal e incierta; ni siquiera hay garantía de que tendremos un futuro terrenal. La carta de Santiago nos enseña: "Vosotros, los que no sabéis lo que será mañana, ¿qué es vuestra vida? Porque sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. Más bien, deberíais decir: 'Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello'". Santiago 4:14-15.

Al igual que Jesús, todo lo que somos y los objetivos finales de nuestras vidas debemos centrarlos en lo eterno, y no en lo temporal. El principio superior y el motivo central de nuestra vida debe ser agradar a Dios y confiar en él para absolutamente todo. (cf. Mateo 6:33).

Jesús plantea algunas preguntas en el Sermón del Monte para ser examinadas: "¿Por qué os afanáis por el vestido? Mirad los lirios del campo, cómo crecen. Ellos no trabajan ni hilan; pero os digo que ni aun Salomón, con toda su gloria, fue vestido como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba del campo, que hoy está y mañana es echada en el horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?". Mateo 6:28-30).

Siempre sufrimos y perdemos en alguna medida bendiciones espirituales cuando miopemente nos preocupamos por lo temporal en lugar de centrarnos en lo eterno. La respuesta de Jesús a las tentaciones del diablo son una vez más nuestro modelo.


¿Cuánto tiempo pasas cristalizando quejas persistentes de preocupación? ¿Cuánto tiempo ocupa en inquietarse como parte de su proceso de pensamiento? ¿Cuándo está más susceptible a dejar que la ansiedad se coloque por encima de usted, robándole la alegría y la perspectiva correcta? Tómese un tiempo de oración para pedirle a Dios que lo liberte de la ansiedad y la reemplace por fe.

“Pero él respondió y dijo: —Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. (Mateo 4:4).

Los cristianos nunca están justificados cuando confían exclusivamente en sí mismos para satisfacer sus necesidades básicas. No importa lo preocupados que podamos llegar a estar, si nos volvemos a Dios en fe y obediencia, Él satisfará todas nuestras necesidades esenciales a su manera, de acuerdo a su programa soberano. Implícito en esta comprensión está que Dios nos proveerá de todas las necesidades, tanto físicas como espirituales, como Pablo nos escribe: "Mi Dios, pues, suplirá toda necesidad vuestra, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús". (Filipenses 4:19;. Mateo 6:8, 33).

Siempre es mejor seguir el ejemplo de Jesús, obedecer a Dios y confiar de todo corazón en Su misericordiosa provisión, antes que intentar impulsiva y egoístamente satisfacer nuestras propias necesidades de maneras que podrían desobedecer o comprometer la Palabra de Dios.

Confiar ante todo en nosotros mismos para satisfacer nuestras necesidades, eludir o modificar la voluntad de Dios en el proceso, no sólo demuestra una falta de fe sino que descansa en la falsa suposición de que nuestro bienestar terrenal es nuestra necesidad más crucial. Jesús contradice esa manera de pensar, que es tan natural a la humanidad caída, tanto a los no creyentes, así como los creyentes que se deslizan en las mentalidades carnales. Por lo tanto nuestro Señor citó Deuteronomio 8:3: "El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". El poder todo  suficiente y sustentable de Dios es la única fuente de verdad que reúne todas nuestras necesidades.


¿Dónde reside su dependencia? ¿Está confiando en su sueldo? ¿Sus pólizas de seguro? ¿Su fuerza y la inteligencia física? ¿O finalmente se ha dado cuenta que todo depende de Dios, Su Palabra, y Su plan soberano? Encuentre su percepción de seguridad en Él solo.

“Pero él respondió y dijo: —Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. (Mateo 4:4).

Principalmente, las tentaciones de Satanás a Jesucristo instaban Su rebelión contra el Padre. Pero Jesús había venido a la tierra para hacer la voluntad del Padre y nada más. De hecho, su voluntad y la del Padre eran esencialmente la misma (Juan 5:30; cf. 10:30; Hebreos 10:9).

El caso en cuestión es que, en la última prueba de obediencia, justo antes de su arresto y la traición, Jesús oró en el huerto de Getsemaní: "Padre mío, de ser posible, pase de mí esta copa. Pero, no sea como yo quiero, sino como tú".  Mateo 26:39. "Por segunda vez se apartó y oró diciendo: —Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad". Mateo 26:42. Este ejemplo supremo de absoluta confianza y sumisión por Jesús a su Padre es lo que Satanás trató de aplastar. En su carácter más orgulloso y más perverso, el enemigo trató de fracturar la naturaleza trinitaria de la divinidad.

Pero Cristo, en su inconmensurable humildad y justicia, respondió a las intenciones de Satanás: "Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Las tres respuestas de nuestro Señor a Satanás comenzaron con la simple pero directa apelación a la Palabra de Dios: "Escrito está". (Salmos 119:11). Al citar Deuteronomio 8:3, Jesús afirmó que los creyentes están mucho mejor dependiendo de Dios y esperando en su provisión de lo que estarían en el monopolio de su propia satisfacción, algo a lo que todos estamos tentados a hacer.


Usted puede sentirse inseguro de cuál sea la voluntad de Dios para usted, pero gran parte de ella se explica claramente en las Escrituras. ¿Qué tanto está usted obedeciendo las disposiciones de la voluntad de Dios que ya le han sido reveladas? Al tratar de conocer su plan, un buen punto de partida es siempre la obediencia a su Palabra.

"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones. De esta manera, con la consolación con que nosotros mismos somos consolados por Dios, también nosotros podemos consolar a los que están en cualquier tribulación.  Porque de la manera que abundan a favor nuestro las aflicciones de Cristo, así abunda también nuestra consolación por el mismo Cristo. Pero si somos atribulados, lo es para vuestro consuelo y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación, la cual resulta en que perseveráis bajo las mismas aflicciones que también nosotros padecemos. Y nuestra esperanza con respecto a vosotros es firme, porque sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, lo sois también en la consolación". 2 Corintios 1:3-7.

A las personas les encantan los animadores; y el Señor se propone para cada uno de sus hijos que seamos animadores. Un animador es capaz de estar al lado de alguien más para dar esperanza y consuelo, con el fin de alentarlo a mantenerse firme a través de tiempos difíciles. No nacemos con esta capacidad plenamente desarrollada, pero podemos observar varios pasos esenciales para ser capaces de ayudar y solidarizarnos con un amigo desalentado.

En primer lugar, tenemos que estar dispuestos a experimentar el dolor. El apóstol Pablo era un animador; en el versículo 4 del pasaje de hoy, él nos impulsa a alcanzar a otros con la "consolación con que nosotros somos consolados por Dios". Para experimentar el consuelo y que este fluya a través de nosotros, tendremos inevitablemente que pasar por la senda del sufrimiento. Hay eficacia en el toque de una persona que ha pasado por el valle de sombras. Alguien que no ha experimentado dificultades solo ofrece palabras vacías, sin esperanza.

En segundo lugar, tendremos que aprender los principios que estén disponibles para nosotros al pasar por los sufrimientos. Si podemos ver nuestro dolor como una materia en la universidad de Dios, donde nuestra inscripción producirá un grado en consolación, gran parte de la preocupación se disipará. El Señor nos enseña a poner nuestra confianza en Él; es entonces cuando podrá pasar esa sabiduría a los demás.


Los animadores más eficaces son los que dicen: "No había nada que yo pudiera hacer sino clamar a Dios. Déjame que te cuente lo que el Señor hizo en respuesta". Ahora bien, si tratamos de escapar de las lecciones del sufrimiento, vamos a perder la oportunidad de aprender los principios que nos proporcionan consuelo; entonces tampoco podremos ser útiles consolando a los demás. Nuestro amoroso Padre construye animadores a partir del material de una vida dispuesta a ser quebrantada.

"¡Aleluya! ¡Alabad a Dios en su santuario! ¡Alabadle en su poderoso firmamento!  ¡Alabadle por sus proezas! ¡Alabadle por su inmensa grandeza!  ¡Alabadle con toque de corneta! ¡Alabadle con lira y arpa! ¡Alabadle con panderos y danza! ¡Alabadle con instrumentos de cuerda y flauta!  ¡Alabadle con címbalos resonantes! ¡Alabadle con címbalos de júbilo!  ¡Todo lo que respira alabe a Jehovah! ¡Aleluya!". Salmo 150.

Piense en su más reciente oración al Señor. ¿Pasó el mayor tiempo alabándolo como pasó realizándole peticiones? En nuestra sociedad egoísta, muchas personas incluso van a la iglesia para conseguir cubrir sus necesidades: Cantar ayuda a las emociones; los sermones "alimentan al rebaño"; y la coral entretiene. Permitimos que nuestras propias preferencias eclipsen el propósito principal del Creador para nuestra vida, es decir, glorificarlo.

La alabanza magnifica y agrada al Señor, pero en realidad nos beneficiamos de la práctica también. En primer lugar, la adoración a Dios modifica nuestra estimación del "yo"; resulta imposible enaltecer a Dios verdaderamente mientras nos aferramos a la soberbia. En lugar de ello, llegamos a reconocer nuestro pecado, debilidad y necesidad de Él. Como la Escritura nos dice: "Por eso me complazco en las debilidades, afrentas, necesidades, persecuciones y angustias por la causa de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte". (2 Corintios. 12:10).


Entonces, la alabanza apropiada nos humilla, ya que es un recordatorio de la grandeza de Dios y nuestra dependencia de él. Pero al mismo tiempo, exaltarlo fortalece nuestro sentido de seguridad, lo que aumenta nuestra fe. Por lo tanto, somos capaces de mirar más allá de nosotros mismos y nuestras circunstancias para ver la vida desde la perspectiva de Dios. Considere un beneficio adicional de la alabanza, que involucra nuestros cuerpos físicos: Cuando nos centramos en la bondad de Jesús, la tensión se va y nos encontramos con nuevas fuerzas. Todos estos efectos sobrenaturales de exaltación son posibles porque al enaltecer Su nombre, Dios está presente; el Salmo 22:3 nos dice: "Pero tú eres santo. ¡Tú, que habitas entre las alabanzas de Israel! ".

"En esto os alegráis, a pesar de que por ahora, si es necesario, estéis afligidos momentáneamente por diversas pruebas, para que la prueba de vuestra fe—más preciosa que el oro que perece, aunque sea probado con fuego— sea hallada digna de alabanza, gloria y honra en la revelación de Jesucristo". 1 Pedro 1:6-7.

Incluso aquellos que mantienen estrecha e íntima comunión con el Señor no son inmunes a las decepciones, obstáculos, desafíos, luchas y sentimientos de desesperanza. De hecho, a veces, Dios nos permite afrontar circunstancias imposibles con el fin de probar y tratar nuestra fe. Es la adversidad lo que nos motiva a buscarlo, y cuando lo hacemos, Él fielmente nos fortalece y nos consuela.

Dios conoce todas las emociones, la necesidad y el deseo que tenemos. Él se preocupa cuando nos enfrentamos a situaciones difíciles y desmayamos. Él escucha nuestros gritos y entiende exactamente lo que se requerirá para llevarnos a una relación más íntima con Él.

El apóstol Pedro dirigió sus dos cartas "a los expatriados de la dispersión en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia". (1 Pedro 1:1; 2 Pedro 3:1). Si tuviera que elegir un título moderno para sus cartas, podría considerar los siguientes: "Estímulo para tiempos de sufrimiento", o "Esperanza para los que sufren"; porque aliento y esperanza fue exactamente lo que Pedro transmitió a estos creyentes en dificultades.

Estos cristianos se enfrentaron a todo tipo de persecución. Fueron golpeados, calumniados, agredidos, y en muchos casos perdieron la vida por su fe en Jesucristo. Pedro les llama "extranjeros" porque su ciudadanía no era de este mundo, sino del reino de Dios. Aún así, se enfrentaron a tiempos de gran desánimo y pérdida; necesitaban el coraje que sólo está disponible a través de Cristo. Pedro les explicó que podían regocijarse incluso en los momentos de prueba porque Jesús, su resucitado Salvador y Señor, siempre sería la esperanza viva morando en ellos (1 Pedro 1:3). Mientras tengamos al Señor Jesucristo, ninguna situación es desesperada.

¿Le gustaría tener esta esperanza eterna? Entonces enfoque su corazón en Jesús (1 Timoteo 4:6). Él desea inducir su voluntad y puro afecto para que alcance buen fruto en su vida. Incluso si usted se encuentra en una situación que pareciera imposible de resolver, recuerde que Él tiene una visión completamente diferente de los detalles. Y si se lo permite, Él tomará su vida, sin importar lo magullada y rota que esté, y hará algo hermoso de ella.


Él dará esperanza en lugar de cenizas, gozo en lugar de tristeza, y una capa de alegría en lugar de desánimo (Isaías 61:1-3). ¿Será solo esto de lo que se trata? Se trata de la continuación del ministerio de Jesucristo en su vida. Por lo tanto, llévele a Él sus aflicciones y decepciones. Exprésele sus penas, y Él restaurará su esperanza.

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No es por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas". Efesios 2:8-10.

A través de la historia y de los años los consejos, escritos, mensajes, y palabras de muchos hombres de Dios han perdurado y han sido de influencia para la vida de generaciones siguientes. Estos mensajes han perdurado porque ellos le dieron prioridad a las cosas de valor eterno en lugar de las cosas pasajeras de este mundo.

Lamentablemente, muchas personas escogen una existencia sin ningún significado perdurable. Ellos salen cada día a conseguir tanto dinero como sea posible, a complacerse a si mismos, y retirarse a disfrutar de la buena vida pagana. La verdadera vida, que realmente vale la pena vivir, consiste en entregarse sin reservas a Dios, para que Él nos pueda usar de la manera que a Él le parezca adecuada. Cristianos como Clemente, Policarpo, Irineo, Ignacio, Justino mártir y tantos otros que hicieron un impacto duradero en su esfera de influencia, tuvieron una pasión por servir al Señor. Buscaron maneras de expresar su amor y devoción a Él.

Como ciudadanos de un reino celestial, los creyentes debemos acudir a nuestros puestos de trabajo como "siervos del Dios todopoderoso". Tal vez usted esté pensando, que tiene un trabajo secular o que su vida no es de mucha importancia. Amigo, hermano, si usted está decidido a encontrar la manera de ser útil para el reino, Dios le proveerá de las tareas que son de valor eterno. Sea sensible hacia las almas que no conocen a Cristo. Comparta su fe con los que sufren. Ya sea a través de su vocación o en su comunidad, esté disponible para las personas que necesitan ayuda. Dígale a otros lo que el Señor está haciendo en su vida.


Estamos llamados a servir a Dios donde nos encontremos. A todos nos ha sido dado el trabajo de evangelistas y maestros, (Mateo 28:19), así como la tarea de cuidar a los que están en necesidad . (Isaías 1:17; Gálatas 6:2). Hay mucho trabajo por hacer.

"Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel al ponerme en el ministerio,  a pesar de que antes fui blasfemo, perseguidor e insolente. Sin embargo, recibí misericordia porque, siendo ignorante, lo hice en incredulidad.  Pero la gracia de nuestro Señor fue más que abundante con la fe y el amor que hay en Cristo Jesús.  Fiel es esta palabra y digna de toda aceptación: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. No obstante, por esta razón recibí misericordia, para que Cristo Jesús mostrase en mí, el primero, toda su clemencia, para ejemplo de los que habían de creer en él para vida eterna. Por tanto, al Rey de los siglos, al inmortal, invisible y único Dios, sean la honra y la gloria por los siglos de los siglos. Amén". 1 Timoteo 1:12-17.

Pablo se describió a sí mismo como el peor de los pecadores, sin embargo, fue alguien por quien Dios expresó su favor y amor. (1 Timoteo 1:16). A causa de la gracia divina, el apóstol llegó a ser una nueva creatura y un miembro de la familia de Dios. Él comenzó a tener  un nuevo propósito de vida, uno que glorificaba a su Padre celestial y encaminaba a construir su reino. Desde ese día en adelante, las actitudes y el comportamiento de Pablo fueron radicalmente diferentes.

A través de la obra transformadora del Espíritu Santo, el carácter de Pablo fue destacado cada vez más por la gratitud y la compasión. Sus escritos expresan constantemente su agradecimiento por las bendiciones de Dios e instan a otros a ser agradecidos también. Sus palabras también revelan la humildad. Aún cuando era un hombre muy educado, influyente, que contaba con excelentes credenciales expresó: "Pero las cosas que para mí eran ganancia, las he considerado pérdida a causa de Cristo. Y aun más: Considero como pérdida todas las cosas, en comparación con lo incomparable que es conocer a Cristo Jesús mi Señor. Por su causa lo he perdido todo y lo tengo por basura, a fin de ganar a Cristo". (Filipenses 3:8).

Después de que Pablo conoció a el Salvador, sus acciones también cambiaron dramáticamente. Él se preocupaba mucho por los que todavía no conocían a Dios, y deseaba fervientemente ayudar a los cristianos a crecer en su fe. Por el resto de su vida, él sirvió al Señor predicando el evangelio de Cristo, alentando a creyentes, y procurando para las necesidades de otros. Pablo aceptó el sufrimiento por la causa de Cristo y esta fue una parte de esa nueva vida.


Al leer acerca de la vida del apóstol, observamos la gracia en acción. Él fue usado como embajador de Dios a los gentiles. A través de él, las verdades bíblicas se registraron para las generaciones futuras. Querido amigo, el Espíritu Santo también busca transformar nuestras vidas, así como lo hizo Pablo. ¿Estás permitiendo que la gracia trabaje dentro de ti?

“Por eso yo, prisionero en el Señor, os exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados:  con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos los unos a los otros en amor”. (Efesios 4:1-2).

Jesús es nuestro mayor ejemplo de mansedumbre: Él se enojó cuando Dios el Padre fue deshonrado, pero no así cuando lo hicieron con Él. Jesucristo es nuestro ejemplo supremo de mansedumbre. Pablo se refiere específicamente a esto en 2 Corintios 10:1 cuando dice: "Ahora yo, Pablo, os exhorto por la mansedumbre y ternura de Cristo". Jesús mismo dijo: "aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón". (Mateo 11:29).

Jesús mostró indignación cuando fue apropiado. Cuando Él encontró el templo lleno de personas que vendían animales para el sacrificio, convirtiéndolo en un mercado, Él los expulsó, derramando el dinero y volcando sus mesas ( Mateo 21:12-13). Él les dijo: "Mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones".  Jesús dijo después a los escribas y fariseos: "¡Serpientes! ¡Generación de víboras! ¿Cómo os escaparéis de la condenación del infierno?" (23:33). Él no permaneció de brazos cruzados mientras el Templo era profanado. Él pronunció juicio contra los hipócritas que deshonraban a Dios.

Sin embargo, a pesar de que Jesús se enojó cuando Dios fue difamado, Él no tomó represalias ni condenó a los que le atacaron. "Porque también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas. El no cometió pecado, ni fue hallado engaño en su boca. Cuando le maldecían, él no respondía con maldición. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba al que juzga con justicia" (1 Pedro 2:21-23). Cuando el templo de Dios fue contaminado, Jesús lo limpió. Pero cuando fue profanado el templo de su cuerpo, soportando la agonía de la cruz, con burladores alrededor, todo lo que dijo fue: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". (Lucas 23:34). Eso es mansedumbre suprema, desinterés total.

Todos sabemos que es muy fácil devolver el golpe cuando alguien nos critica o nos ataca, pero ese no es el camino de un cristiano apacible tratando de caminar dignamente. El único momento en que debemos dejar que el león en nosotros ruja es cuando el honor de Dios está comprometido. Jesús perdonó a quienes lo crucificaron. ¿Podremos nosotros hacer algo menos por los que nos hacen daño?


Todos nos quedamos cortos con el ejemplo de mansedumbre de Cristo. Oremos para que Dios nos ayude cada día a reflejar cada vez más la mansedumbre de Cristo.

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