Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, Y camino de vida las reprensiones que te instruyen. Pr 6.23

2015

"Entonces el suegro de Moisés le dijo: —No está bien lo que haces.  Te agotarás del todo, tú y también este pueblo que está contigo. El trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo. Ahora pues, escúchame; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Sé tú el portavoz del pueblo delante de Dios, y lleva los asuntos a Dios. Enséñales las leyes y las instrucciones, y muéstrales el camino a seguir y lo que han de hacer. Pero selecciona de entre todo el pueblo a hombres capaces, temerosos de Dios, hombres íntegros que aborrezcan las ganancias deshonestas, y ponlos al frente de ellos como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez". Éxodo 18:17-21.

La gente a menudo desarrolla un deseo de algo que no está en el plan de Dios para ellos. Cuando no pueden alcanzar lo que está puesto en el deseo de su corazón pueden construir una intensa e implacable presión.

Los cristianos que son consumidos por la avaricia han dejado de depender de Dios. Para alcanzar una meta, algunos manipulan las circunstancias, porque ellos han perdido la fe en la capacidad del Señor para saber qué es lo mejor y como proporcionarlo. Tal comportamiento indica un rechazo de la soberanía de Dios. Entonces el miedo se convierte en un problema, ya que la persona persigue más y más el objeto de su deseo.

Las consecuencias de la codicia son dolorosas: la sensibilidad espiritual de un creyente puede debilitarse hasta el punto de que ya no es sensible a la voz del Espíritu. A medida que un cristiano se distancia a sí mismo del Señor, una actitud codiciosa probablemente lo conviertan en un desagradecido. Es difícil ser agradecido por las cosas que uno no tiene, y la atención esté centrada en lo que le falta.


La codicia lleva a una vida de tensión y preocupación. Jetro sabiamente aconsejó a su yerno Moisés a buscar ayudantes que odiaran las ganancias mal habidas. Estos hombres estaban más interesados en lo que Dios proveyera para ellos, que en lo que podían adquirir por sí mismos. Si queremos ser como ellos, hay que centrarse en los propósitos de Dios para nuestra vida. Cuando somos sensibles a su voz, Él nos enseña a distinguir entre los deseos que están dentro de su voluntad y los que se encuentran fuera de ella. Como creyentes, tenemos el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros y nos ayuda a resistir la tentación de los malos deseos. La codicia no tiene que ser nuestra perdición.

"Por tanto, sed imitadores de Dios como hijos amados,  y andad en amor, como Cristo también nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio en olor fragante a Dios. Pero la inmoralidad sexual y toda impureza o avaricia no se nombren más entre vosotros, como corresponde a santos;  ni tampoco la conducta indecente, ni tonterías ni bromas groseras, cosas que no son apropiadas; sino más bien, acciones de gracias. Porque esto lo sabéis muy bien: que ningún inmoral ni impuro ni avaro, el cual es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios". Efesios 5:1-5.

Una de las toxinas mejor ocultas en la vida de un creyente es la codicia. Tendemos a pensar que el término describe simplemente un deseo de un elemento que pertenece a otra persona, pero es algo más profundo que eso. La codicia es un intenso anhelo de algo que no tenemos, junto con la creencia de que no vamos a ser felices o estar satisfechos hasta que lo consigamos.

Si estamos impulsados por un deseo insaciable que nos distrae de nuestra relación con Dios, entonces estamos en peligro; tal deseo intenso es realmente una forma de idolatría. Nuestra ansiedad por satisfacer el deseo se traduce en la colocación del objeto antes que Dios. Esa es la naturaleza misma de la adoración de ídolos.

Todos tenemos deseos en el corazón, y muchos de ellos han sido plantados por el Señor mismo. Cualquier deseo en el marco de la voluntad de Dios es aceptable. Por ejemplo, no hay nada en las Escrituras que diga que es malo el deseo una bonita casa o un automóvil. Dios tiene un propósito, el plan y el tiempo determinado para satisfacer nuestras necesidades y suministrar nuestros deseos legítimos. Sin embargo, cuando elegimos cumplir un legítimo deseo dado por Dios de una manera que no está en consonancia con la voluntad del Señor, somos culpables de codicia.


La razón por la cual la codicia es tan perjudicial es que no tiene fin. Cuando alcanzamos un objetivo que pensamos que nos satisfará, descubrimos que todavía no estamos satisfechos. Así que apuntamos a otra cosa que creemos que traerá satisfacción y quedamos atrapados en un ciclo de insatisfacción/satisfacción. Pero nada puede traer la paz y la verdadera alegría a nuestro corazón que no sea una estrecha relación con Jesucristo.

“procurando con diligencia guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. (Efesios 4:3).

La unidad del Espíritu debe ser seriamente mantenida en humildad, mansedumbre, paciencia y amor entre los cristianos. El pasaje arriba describe el objetivo de un andar íntegro: la unidad en el Espíritu. Jesús oró por los creyentes: "para que todos sean una cosa, así como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos lo sean en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste". (Juan 17:21). Nuestro testimonio al mundo depende de nuestra unidad como creyentes.

El mundo está lleno de discordia, hostilidad, amargura y resentimiento. Si en medio del mundo hay un oasis de unidad y armonía, la gente se preguntará, qué tienen estas personas. Es entonces cuando tenemos la oportunidad de decir: "Esto es lo que Cristo hace". El mundo necesita ver que la iglesia de Cristo no es otro club social, sino un organismo de Dios; nacido sobrenaturalmente, sostenido sobrenaturalmente, y con un destino sobrenatural.

Nuestra unidad dependerá de las virtudes que hayamos ejercitado: mansedumbre, paciencia y el amor benigno. Sin ellos, la unidad es imposible. Además, nuestra unidad requiere de diligencia. La palabra traducida como "diligente" en Efesios 4:3 lleva la idea tanto de celo como de urgencia. La diligencia, en su sentido más alto, es el esmero y el cuidado en ejecutar algo. Una prontitud de hacer algo con gran agilidad tanto interior como exterior. Como toda virtud se trabaja, netamente poniéndola en práctica. Vamos entonces a trabajar por la unidad en el Espíritu, y a trabajar desde ahora. Necesitamos plena dedicación. Este es un paso personal, no de equipo, y si quiere darse prisa y empezar a trabajar en la unidad, necesita comenzar en su corazón. Comprométase primero en caminar dignamente, haciendo coincidir su vida con su teología.

Es doloroso observar todo el aislamiento y discordia que existe en  las iglesias hoy. Una de las principales causas que nos divide, es el enfoque en los distintivos denominacionales. En cambio, deberíamos centrarnos en los distintivos bíblicos, que es lo que nos une. Tenemos que humillarnos y aprender a amarnos unos a otros. Ahora entiéndase bien, la unidad no se alcanza iniciando un movimiento ecuménico mundial; pero la obtendremos cuando lleguemos a ser lo que Dios desea que seamos. Trabajar en la unidad es una tarea de tiempo completo que exige la máxima dedicación y obediencia de todo cristiano.


Oremos para que Dios nos de el entendimiento y fortaleza necesaria para trabajar con esmero en función de un cambio que empieza con cada uno de nosotros mismos.

“Por eso yo, prisionero en el Señor, os exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados:  con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos los unos a los otros en amor”. (Efesios 4:1-2).

Los cristianos pacientes soportan las circunstancias negativas; hacen frente a personas difíciles, y aceptan el plan de Dios para toda situación. En nuestra  cultura instantánea, "lo quiero ahora", la paciencia es difícil de conquistar. Nos enojamos si tenemos que esperar demasiado tiempo en la cola del supermercado, o si quedamos atrapado detrás del tipo que conduce a veinte kilómetros por hora, por debajo del límite de velocidad.

La paciencia es el rasgo de una personalidad madura. Es la virtud de quienes saben sufrir y tolerar las contrariedades y adversidades con fortaleza y sin lamentarse. Esto hace que las personas que tienen paciencia sepan esperar con calma a que las cosas sucedan, ya que entienden que las cosas no dependen estrictamente de uno. El pasaje arriba nos dice que nuestras vidas deben estar marcadas por la paciencia. Una persona paciente no tiene una mecha corta o pierde los estribos.

Hay tres aspectos en la paciencia bíblica:
En primer lugar, la paciencia nunca cede frente a las circunstancias negativas, por muy difíciles que estas sean. Dios le dijo a Abraham que lo convertiría en una nación grande y le daría la tierra de Canaán a sus descendientes (Génesis 12:2, 7). Cuando Dios hizo esta promesa, Abraham y Sara ni siquiera tenían hijos. Tuvieron que esperar mucho más allá de sus años fértiles antes de que Dios les diera un hijo. Pero Hebreos 6:15 dice: "Y así Abraham, esperando con suma paciencia, alcanzó la promesa". "Sin debilitarse en la fe, él tuvo muy en cuenta su cuerpo ya muerto (pues tenía casi cien años) y la matriz muerta de Sara. Pero no dudó de la promesa de Dios por falta de fe. Al contrario, fue fortalecido en su fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios, quien había prometido, era poderoso para hacerlo". (Romanos 4:19-21). Él confió en Dios y esperó pacientemente a que cumpliera su promesa.

En segundo lugar la paciencia hace frente a las personas difíciles. Pablo nos dice: "Hermanos, también os exhortamos a que amonestéis a los desordenados, a que alentéis a los de poco ánimo, a que deis apoyo a los débiles, y a que tengáis paciencia hacia todos". (1 Tesalonicenses 5:14). Esto es aplicar mansedumbre; proviene de un espíritu que se niega a tomar represalias. Nuestra reacción normal es estar a la defensiva cuando se nos provoca. Pero una persona paciente soporta el insulto, la persecución, el trato injusto, la calumnia y el odio. Atiende a Dios, no a sí mismo, sabiendo que Dios pagará todo pecado en el momento adecuado. No se puede iniciar una pelea con una persona paciente.

En tercer lugar, la paciencia acepta el plan de Dios para todo. No cuestiona, ni reniega de Dios. Una persona paciente entiende, acepta y dice: "Señor, si esto es lo que usted ha planeado para mí, entonces esto está bien". Romanos 8:28 dice: "Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito". Puesto que Dios está en control de todas las cosas, podemos ser pacientes, a la espera de que Él llevará a cabo su voluntad.


Pídale a Dios que le ayude a reconocer cuando las situaciones tienden a volverlo impaciente. Cuando esos tiempos lleguen, ore a Dios por fortaleza para poder soportar.

“Por eso yo, prisionero en el Señor, os exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados:   con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos los unos a los otros en amor”. (Efesios 4:1-2).

Para llegar a ser más manso, comience por observar de cerca sus actitudes. Hemos señalado que la mansedumbre es esencial para aquellos que quieren caminar dignamente. Entonces, ¿cómo puedes saber si eres manso? Te voy a dejar algunas preguntas prácticas para que las evalúes con honestidad.

En primer lugar, ¿tiene usted control de sí mismo? ¿gobierna  usted su propio espíritu (Proverbios 16:32), o pierde los estribos bruscamente? Cuando alguien lo acusa de algo, se defiende de inmediato, o está más inclinado a considerar si hay algo de verdad en lo que le acusan?

En segundo lugar, ¿te enfureces solamente cuando Dios es deshonrado? ¿Le desagrada y enoja  el pecado o cuando la Palabra de Dios es pervertida por los falsos maestros?

En tercer lugar, ¿busca siempre hacer las paces? La persona mansa es pacificadora. Efesios 4:3 dice que estemos "procurando con diligencia guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz". ¿Si alguien cae en pecado, lo condenas o chismeas acerca de esa persona? Gálatas 6:1 nos da instrucciones de como tratar con hermanos que han, "restaurad al tal con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado". Los chismes y la condenación dividen creyentes; el perdón y la restauración los unen. Las personas mansas no empiezan las peleas; ellos las terminan.

En cuarto lugar, ¿acepta usted las críticas sin tomar represalias? Ya sea que la crítica esté bien o mal, no se debe devolver el golpe. De hecho, podría más bien agradecer a sus críticos, porque la crítica podría mostrarle sus debilidades y ayudarle a crecer.

Por último, ¿tiene usted la actitud correcta hacia los inconversos? Pedro dice: "Más bien, santificad en vuestros corazones a Cristo como Señor y estad siempre listos para responder a todo el que os pida razón de la esperanza que hay en vosotros, pero hacedlo con mansedumbre y reverencia". (1 Pedro 3:15). Si somos perseguidos, es fácil para nosotros pensar, no pueden tratarme así, soy un hijo de Dios. Pero Dios quiere acercarnos a los inconversos con mansedumbre, tomando en cuenta que Dios también se acercó a nosotros con mansedumbre,  antes de ser salvos (Tito 3: 3-7).


Considere cuidadosamente sus respuestas a estas preguntas, y comprométase a llevar una vida que se caracterice por la humildad, paciencia y mansedumbre. Recuerde que "un espíritu afable y apacible,  es de grande estima delante de Dios". (1 Pedro 3:4). Si alguna de estas preguntas han señalado deficiencias en su mansedumbre, pida a Dios que fortalezca esas áreas.

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Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. (Gálatas 3:28)

Pablo se centró en las distinciones contemporáneas bien definidas de su sociedad, que habían trazado líneas bien nítidas y establecido altos muros de separación entre las personas. La esencia de esas distinciones fue la idea de que algunas personas a saber, judíos, hombres libres, y hombres en general, eran mejores que, más valiosos que, más importantes que los demás. El evangelio destruyó todo tipo de pensamiento orgulloso. La persona que se convierte en uno con Cristo, también se hace uno con todos los demás creyentes. En los asuntos espirituales, no hay distinciones entre los que pertenecen a Cristo; no hay espacio para discriminación racial, social o sexual; o en  términos bíblicos entre "Judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer".

Esto no quiere decir que no deba mostrarse respeto en los lugares de trabajo, o para las personas de rango elevado. Esto no quiere decir que todos están en un nivel en cuanto a talentos, comodidades, funciones, oficios,  o riquezas; sólo significa que todas las personas están en un nivel "en cuanto a lo espiritual". Este es el único punto en discusión; y la interpretación debe limitarse a esto. Es un hecho que no todas las personas están en un mismo nivel en todas las cosas, tampoco es un hecho que los diseños del Evangelio rompen todas las distinciones de la sociedad.

Pablo, estaba hablando de diferencias espirituales, diferencias delante del Señor, en cuanto a valor espiritual, privilegio y dignidad. En consecuencia, los prejuicios por motivos de raza, condición social, sexo o cualquier otro tipo de diferencias superficiales y temporales no tiene lugar en la comunión de la iglesia de Cristo. Todos los creyentes, sin excepción, son uno en Cristo Jesús. Todas las bendiciones espirituales, los recursos y las promesas se dan por igual a todos los que creen para salvación (cf. Romanos. 10:12).

Fue sólo con gran dificultad que Pedro finalmente se enteró de que no hay distinciones raciales en Cristo; "De veras, me doy cuenta de que Dios no hace distinción de personas" entre Judío o griego, "sino que en toda nación le es acepto el que le teme y obra justicia"(Hechos 10:34-35). Entre los cinco profetas y maestros en la iglesia de Antioquía estaba "Simón llamado Níger", esto significa negro (Hechos 13:1). El amado hijo de Pablo en la fe era Timoteo, cuyo padre era gentil y cuya madre y abuela eran judíos (Hechos 16:1; 2 Timoteo 1:5).

Del mismo modo no hay distinciones de acuerdo a la condición social o económica. Pablo le dijo a los esclavos cristianos que fueran obedientes "como a Cristo", y a los amos exhortó a tratar bien a sus  esclavos "dejando las amenazas; porque sabéis que el mismo Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que no hay distinción de personas delante de él". (Efesios 6: 5, 9).

Santiago advirtió: "Hermanos míos, tened la fe de nuestro glorioso Señor Jesucristo, sin hacer distinción de personas.  Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y ropa lujosa, y también entra un pobre con vestido sucio, y sólo atendéis con respeto al que lleva ropa lujosa y le decís: "Siéntate tú aquí en buen lugar"; y al pobre le decís: "Quédate allí de pie" o "Siéntate aquí a mis pies," ¿no hacéis distinción entre vosotros, y no venís a ser jueces con malos criterios? ... Pero si hacéis distinción de personas, cometéis pecado y sois reprobados por la ley como transgresores". (Santiago 2:1-4, 9). La unidad del Cuerpo de Cristo se centra en la vida espiritual y privilegio comunes, como Pablo escribió a los Efesios: "procurando con diligencia guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como habéis sido llamados a una sola esperanza de vuestro llamamiento. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, quien es sobre todos, a través de todos y en todos. Sin embargo, a cada uno de nosotros le ha sido conferida la gracia conforme a la medida de la dádiva de Cristo". (Efesios. 4:3-7).


Tampoco existen distinciones espirituales según el sexo. No hay ni hombre ni mujer. Ni el hombre ni la mujer tienen ventajas particulares en cuanto a la salvación. No existe favoritismos a razón de sexo. Ambos sexos están, a este respecto, en un nivel. Esto no significa, por supuesto, que los sexos deban ser considerados como iguales en todos los aspectos; tampoco significa que los dos sexos no pueden tener derechos y privilegios especiales en otros aspectos. Esto no prueba que uno de los sexos no podrán realizar importantes cargos en la iglesia, lo que no sería adecuado para el otro. Esto no prueba que los deberes del ministerio van a ser realizados por el sexo femenino. En los asuntos de gobierno en el hogar y en la iglesia Dios ha establecido la autoridad de los hombres.  Algunos oficios como  las diversas tareas de la vida doméstica, o los diversos oficios de la sociedad, deberán realizarse sin ninguna referencia a la distinción de sexo. La interpretación debe limitarse al asunto en  consideración; y el pasaje sólo prueba que, en lo que se refiere a la salvación ambos están en un mismo nivel.

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Y él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y maestros. Efesios 4:11.

Después de su analogía del Salmo 68:18, en los versículos 9-10, Pablo continúa su explicación de los dones espirituales. Cristo no sólo da dones a los creyentes individuales, sino a todo el cuerpo. A cada creyente le da dones especiales de capacitación divina, y a la iglesia en general Él provee de hombres especialmente dotados como líderes (vea versículo 8: "dio dones a los hombres"), bien sea apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. No sólo los apóstoles y profetas son divinamente llamados y colocados, sino también evangelistas, pastores y maestros .

En 1 Corintios 12:28, Pablo dice: "A unos puso Dios en la iglesia, primero apóstoles, en segundo lugar profetas, en tercer lugar maestros". Esa declaración añade peso no sólo a la idea del llamamiento divino, sino también a la importancia cronológica, "primero, segundo, tercero", en la asignación de estos hombres dotados a la iglesia.

A las primeras dos categorías de hombres dotados, apóstoles y profetas, les dio tres responsabilidades básicas:

  1. poner los cimientos de la iglesia (Efesios 2:20);
  2. recibir y declarar la revelación de la Palabra de Dios (Hechos 11:28; 21:10-11; Efesios 3:5); y
  3. dar la confirmación de la Palabra a través de "señales, prodigios y milagros" (2 Corintios 12:12; cf. Hechos 8:6-7; Hebreos 2:3-4).

     Los primeros de los hombres dotados en la iglesia del Nuevo Testamento fueron los apóstoles, de los cuales Jesucristo mismo es el más importante (Hebreos 3:1). El significado básico de apóstol (apostolos) es simplemente la de un enviado a una misión. En su sentido principal y más técnico apóstol es utilizado en el Nuevo Testamento sólo para los doce, incluyendo a Matías, quien reemplazó a Judas (Hechos 1:26), y a Pablo, quien fue el único dispuesto aparte como apóstol de los gentiles (Gálatas 1:15-17; cf. 1 Corintios 15:7-9; 2 Corintios 11:5). Los requisitos para el apostolado eran haber sido elegido directamente por Cristo y haber sido testigos de la resurrección de Cristo (Marcos 3:13; Hechos 1:22-24). Pablo fue el último en cumplir con esas calificaciones (Romanos 1:1; etc.). No es posible, por tanto, como algunos afirman, que exista apóstoles en la iglesia de hoy. Algunos hemos percibido que los apóstoles eran como delegados a una convención constitucional. Cuando la convención termina, la posición cesa. Cuando se completó el Nuevo Testamento, el oficio de apóstol cesó.

    El término apóstol es utilizado en un sentido más general en otros hombres de la iglesia primitiva, como Bernabé (Hechos 14:4), Silas y Timoteo (1 Tesalonicenses 2: 6), y algunos otros líderes destacados (Romanos 16 :7; 2 Corintios 8:23; Filipenses 2:25). Los falsos apóstoles que habla 2 Corintios 11:13 sin duda corrompen esta clase de apostolado, ya que los auténticos se limitaron a trece y eran bien conocidos. Los verdaderos apóstoles del segundo grupo fueron llamados "mensajeros (apostoloi) de las iglesias" (2 Corintios 8:23). Mientras que los trece era apóstoles de Jesucristo (Gálatas 1:1; 1 Pedro 1:1; etc.).

    Los apóstoles de ambos grupos fueron refrendados "por señales, prodigios y milagros", (2 Corintios 12:12), pero en ninguno de los grupos ellos fueron perpetuados. Por otro lado en ningún sentido el término apóstol fue utilizado en el libro de los Hechos después del capítulo 16:4. Tampoco hay ningún registro en el Nuevo Testamento de reemplazo después de la muerte de un apóstol en ninguno de los grupos.

    Los profetas también fueron designados por Dios como hombres especialmente dotados, y se diferencian de aquellos creyentes que tienen el don de la profecía (1 Corintios. 12:10). No todos los creyentes podrían ser llamados profetas. Parece que el oficio de profeta era exclusivamente para el trabajo dentro de una congregación local, mientras que el de apostolado era un ministerio mucho más amplio, que no se limita a un área, como se deduce de las palabras apostolos ("uno que es enviado a una misión"). Pablo, por ejemplo, era conocido como un profeta cuando él ministró a nivel local en la iglesia de Antioquía, (Hechos 13: 1), pero en otros lugares fue siempre conocido y llamado apóstol.

    Los profetas a veces anunciaban la revelación de Dios (Hechos 11:21-28) y, a veces simplemente anunciaban la revelación ya dada (como se implica en Hechos 13:1, donde se conectan con los maestros). Siempre hablaban por Dios pero no siempre daban un mensaje recientemente revelado por Dios. Los profetas eran secundarios a los apóstoles, y su mensaje debía ser juzgado por el de los apóstoles (1 Corintios 14:37). Otra distinción entre los dos oficios puede haber sido que los mensajes apostólicos eran más generales y doctrinales, mientras que el de los profetas eran más personales y prácticos.

    Como los apóstoles, sin embargo, su oficio cesó con la terminación del Nuevo Testamento, al igual que los profetas del Antiguo Testamento desaparecieron cuando se completó ese testamento, unos 400 años antes de Cristo. La iglesia fue edificada "sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo Jesucristo mismo la piedra angular". (Efesios 2:20). Una vez que se sentaron las bases, la obra de los apóstoles y profetas terminó.

    No se hace mención de los dos últimos oficios reemplazaran a los dos primeros, porque en los tiempos del Nuevo Testamento todos estaban operativos. Pero el hecho es que, a medida que continuaron a sirviendo a la iglesia, los evangelistas, pastores y maestros tomaron la batuta de los apóstoles y profetas de la primera generación.

    La Iglesia siempre estará en deuda con los apóstoles, a través de los cuales Cristo estableció la plenitud de la doctrina del Nuevo Testamento (Hechos 2:42). Esos únicos hombres llamados y facultados, registraron la revelación final de Dios como Él se las reveló a ellos.


    Los profetas, aunque no solieran  recibir la revelación directa de Dios, sin embargo, fueron muy decisivos en el fortalecimiento de la iglesia primitiva. Ambos apóstoles y profetas han pasado del escenario (Efesios 2:20), pero el fundamento que ellos pusieron es aquel en el que todas las iglesias de Cristo han sido construidas.

    Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, ciertamente oigo que hay divisiones entre vosotros, y en parte lo creo.  Porque también debe haber divisiones entre vosotros, para que los aprobados se hagan manifiestos entre vosotros. Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena dominical.  Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena, y uno tiene hambre, y otro está embriagado. Pues qué, ¿no tenéis casas para que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué os digo? ¿Os alabo? En esto no os alabo. (1 Corintios  11:18-22)

    Este documento tiene como finalidad exponer algunos conceptos a ciertas argumentaciones que se hacen sobre el pasaje arriba descrito, en cuanto a la cena dominical; además en una segunda parte pretendo hacer observaciones al llamado a formar iglesias en casas, o lo que algunos han dado en llamar iglesias orgánicas y sus posibles extravíos.

    El pasaje tiene un alcance temporal y local; pero aun cuando pareciera que tiene  un beneficio puramente histórico, ya que trata de situaciones que hace mucho que han dejado de ser relevantes para nosotros, sin embargo, el pasaje es de mucho interés, porque arroja luz sobre conflictos frecuentes y problemas de la Iglesia Primitiva; y tienen gran importancia porque Pablo los resuelve de acuerdo con principios que son eternos.

    Desde otros pasajes de la Palabra de Dios, nos enteramos que la ceremonia (κυριακὸν δεῖπνον, kyriakon deipnon) se celebraba en conexión con una comida fraternal a la cual se esperaba que cada creyente contribuyera según sus posibilidades. Normalmente, al finalizar la comida fraternal, se pasaba observar la kyriakon deipnon en donde las mismas palabras de la instauración se pronunciaban y los elementos, el pan y el vino, eran tomados. Este mismo orden se halla en los Sinópticos (Marcos 14:22). Seguía después un himno de alabanza y se terminaba la celebración. Los corintios no menospreciaban el valor y la importancia de la ceremonia en sí. Lo que sí se aprecia es que valoraban tanto el rito de la comida fraternal que la precedía, que llegó a ser una cosa según los caprichos de cada uno. Por lo tanto, les importaba poco que los más pobres de la congregación fueran despreciados. No es que a estos los excluyeran de la celebración, sino que atropellaban los sentimientos y el valor de los de menos recursos económicos. Esto sucedía cuando eran separados de los más acomodados de la congregación; los más pobres, muchos de ellos esclavos, no tenían el lujo de llegar bien presentados a la comida. Aparte de eso, sus aportaciones a la comida serían de otra categoría que las de los ricos. Probablemente, estos creían que “la atmósfera” de la ceremonia se echaría a perder si se asociaban con los de otra esfera socioeconómica. Los más ricos, pues, convertían lo que a la postre se le llamaría “Ágape” en cualquier cosa menos una expresión de amor. Lo importante que se debe reconocer aquí es que en Corinto se da por sentado que la comida fraternal tiene conexión con la ceremonia. Es también el sentir del Apóstol.

    Ahora bien, para entrar de lleno en el punto, esta es la razón de la reacción fuerte de Pablo.  Al reunirse, ellos cayeron en divisiones y partidismos. Entonces el apóstol les censura diciéndoles: "esto no es comer la (κυριακὸν δεῖπνον, kyriakon deipnon)". Hasta ahora lo he escrito de esta manera o lo he denominado ceremonia  para luego entrar en los detalles.

    En este punto es donde paso a realizar lo que llamo el análisis cultural. La palabra para describir el sacramento es llamativa: la designamos Santa Cena, Cena del Señor, Santa Comunión o Cena Dominical. Pero la palabra cena es confusa en cierto sentido. Para muchos, de diversas sociedades y culturas, (δεῖπνον, deipnon) no representa la comida principal del día; pero en griego a la comida principal se le llamaba (δεῖπνον, deipnon). Los griegos para desayunar no tomaban nada más que un poco de pan mojado en vino; la comida del mediodía se tomaba en cualquier sitio, hasta en la calle o en alguna plaza; pero el (δεῖπνον, deipnon) era la comida principal del día, cuando los comensales se sentaban a la mesa sin prisa y no sólo saciaban su hambre, sino estaban juntos conversando o lo que fuera. La misma palabra indica que la comida congregacional debería ser una comida en la que las distintas personas disfrutaran sin prisa de la mutua compañía. Cabe destacar entonces que en otras culturas, como la nuestra, la comida principal no es la cena sino el almuerzo.

    Por otro lado tenemos la palabra (κυριακὸν, kyriakon). Según Thayer's Greek Lexicon  κυριακός, κυριακῇ, κυριακόν, son palabras bíblicas y eclesiásticas.  Ciertamente  (κυριακὸν, kyriakon) es un Adjetivo - Acusativo singular neutro, pero es equivalente al genitivo del autor τοῦ κυρίου, de modo que κυριακόν ἐιπνον, en 1 Corintios 11:20 traduce cena perteneciente al Señor, o cena instituida por el Señor. Esta última considero que es la traducción más acertada. Esto se deja ver mucho más explícitamente por el contexto siguiente a este versículo,  es decir los versículos  23-26.

    En estos versículos el acto recibido e impartido repetidamente por el Apóstol respecto a la institución de la κυριακόν ἐιπνον comienza con la escena en el aposento alto. El entorno temporal es el de la noche de su traición por parte de Judas, o bien la noche anterior a su crucifixión. Hay dos verbos en la primera parte del versículo 23 que reflejan correctamente el sistema judío de la transmisión de tradiciones. “Recibir” y “transmitir” eran términos griegos del vocabulario de todo judío contemporáneo de Pablo. Con el uso de estos verbos, ellos se darían cuenta de inmediato que lo que se iba a impartir era sagrado y provenía de fuentes fidedignas. El Apóstol afirma que esta tradición la recibió “del Señor”; la construcción gramatical comunica que la tradición tuvo sus orígenes y autoridad en Cristo mismo.

    Por otro lado, el verbo griego que se traduce como “habiendo dado gracias” proviene del infinitivo eukaristein. Es el verbo más común en el griego contemporáneo que expresa la idea de dar gracias. Interesantemente, de este verbo se saca el sustantivo “eucaristía”, un nombre que algunos emplean para indicar la Cena del Señor en su totalidad. Al dar gracias por el pan, Jesús seguía la costumbre judía de expresar su gratitud a Dios por los alimentos antes de comer.

    La frase importantísima “Haced esto en memoria de mí” figura sólo aquí en 1 Corintios y en Lucas 22:19. Estas palabras de Jesús son más que una apelación para que se recuerde intelectualmente su persona. Más que un ejercicio mental del individuo comulgante, la κυριακόν ἐιπνον involucra una “conmemoración” de parte de la  iglesia del sacrificio, la muerte, la resurrección y la segunda venida del Señor. La misma palabra “conmemoración” implica un acto recordatorio de un grupo de creyentes en conjunto. Es por esto que en algunas partes a la κυριακόν ἐιπνον se le llama “comunión”. La recordación comunitaria de parte de los creyentes cristianos del sacrificio de Cristo. El recordar esto en conjunto es más que simplemente acto de traer a la memoria la realidad de una muerte lamentable; es la recordación de una muerte que resulta en la vida. Por esto, el pueblo creyente en la κυριακόν ἐιπνον actualiza el evento, lo hace algo presente, algo contemporáneo,  palpamos la realidad de la muerte redentora de Cristo, la hacemos nuestra por la fe en conjunto, y esto idealmente fomenta la unidad dentro de la iglesia.

    Con estas palabras pretendo reseñar que lo más grave en el comportamiento de los corintos es que cambiaron la naturaleza de la κυριακόν ἐιπνον al destruir el sentido de comunidad en vez de fomentarlo. Esto lo hacían por sus excesos e insensibilidades para con los más humildes, y  el verdadero espíritu e intención del pasaje, es corregir este tipo de actitudes y  enseñarle a las generaciones porvenir  cual es la correcta manera de celebrar este importante sacramento.

    Del mismo modo buscando seguir el consejo de la Palabra, en cuanto a trazar “correctamente la palabra de la verdad” y “entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura surge por iniciativa propia”, me hago las siguientes preguntas:

    • ¿Es la idea principal del pasaje persuadir al creyente a que la celebración sea en el tiempo de la cena?
    • ¿Existe algún otro pasaje en la Biblia que ordene que deba celebrarse en alguna hora en específico?
    • ¿Qué explicación tenemos para Hechos 20:7-11, donde se conmemoró el desayuno del Señor?
    • Si el día de la semana es tan importante, como se quiere hacer notar, ¿por qué un acto tan solemne y  trascendente como este, no se realizó el día domingo?
    • ¿Cómo es que los primero cristianos partían el pan todos los días? Hechos 2:42.
    • ¿Qué provecho tiene o que hay de trascendental el hecho de que el apóstol Juan “estando en espíritu en el día dominical, oí detrás de mí una gran voz, como de trompeta”? Apocalipsis 1:10.

      Para finalizar, cuando no pensamos lo mismo que otro creyente, si seguimos en contacto puede que con el tiempo el Señor aclare la divergencia; pero, si nos cerramos y negamos a expresar las diferencias con nuestro hermano, sin dejar de lado nuestro propio ego, no hay esperanza de que lleguemos a entendernos.


      En el mismo capítulo el apóstol Pablo exhorta a los que discuten por buscar contiendas. Dios me libre de caer en este tipo de actitud, y espero que no sea esto lo que refleja este documento. Cualesquiera que sean las diferencias de opinión que puedan surgir, no hay lugar en la iglesia para la persona contenciosa. Hay momentos en los que se deben mantener los principios; pero no debe haberlos para las peleas, aunque sean sólo de palabras. Siempre tiene que existir la posibilidad de no estar de acuerdo pero seguir en paz. Este es mi sentir.

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      Cuando se trata del tema de la guerra espiritual, nos encontramos principalmente con dos errores; los excesos de énfasis y  las carencias  de énfasis. Hay quienes culpan a los demonios por todo; bien sea pecados, conflictos y problemas; entonces concluyen que por esta razón esos demonios deben ser reprendidos y echados. Otros ignoran por completo el tema del reino de lo espiritual, y el hecho de que la Biblia nos dice nuestra batalla es contra poderes espirituales. Ahora bien, la clave para el éxito de la guerra espiritual, es discernir el contenido bíblico.

      Jesús lanzó demonios de la gente y la gente sanada a veces no hizo mención del asunto demoníaco. Por otro lado el apóstol Pablo instruyó a los cristianos a hacer la guerra contra el pecado en sí mismos (Romanos 6) y a hacer la guerra contra el maligno (Efesios 6: 10-18).

      Cuando usted se convirtió en cristiano, usted entró en el calor de una antigua batalla. Usted tiene un enemigo triple: el mundo, la carne y el diablo. Antes de ser cristianos, nosotros vagábamos por el mundo juntamente con el resto de muertos espirituales. Pero ahora, Dios nos ha dado Su vida dentro de nosotros, y nos encontramos luchando contra una corriente triple.

      Efesios 6:10-12 declara: "Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza.  Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis hacer frente a las intrigas del diablo;  porque nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, contra autoridades, contra los gobernantes de estas tinieblas, contra espíritus de maldad en los lugares celestiales". Este texto nos enseña algunas verdades cruciales: Que sólo podemos ser fuertes en el poder del Señor, que la armadura de Dios nos protege, y que nuestra lucha es contra huestes espirituales de maldad en los lugares celestiales.

      Un poderoso ejemplo de alguien fuerte en el poder del Señor es el arcángel Miguel, en Judas 9. Miguel, probablemente el más poderoso de todos los ángeles de Dios, no reprendió a Satanás en su propio poder, sino que dijo: "El Señor te reprenda". Apocalipsis 12:7-8 registra que en los tiempos finales Miguel derrotará a Satanás. Aún así, cuando se trató de un conflicto con Satanás, Miguel reprendió a Satanás en el nombre y la autoridad de Dios, no la suya. Es sólo a través de nuestra relación con Jesucristo que los creyentes tenemos toda autoridad sobre Satanás y sus demonios. Es sólo en el nombre de Jesucristo que nuestra reprensión tiene poder.

      Efesios 6:13-18 da una descripción de la armadura espiritual que Dios nos da. Debemos mantenernos firmes ceñidos con el cinturón de la verdad, vestidos con la coraza de justicia, calzados los pies con el evangelio de la paz, armados con el escudo de la fe, con el yelmo de la salvación, la espada del Espíritu, y orando en el Espíritu. ¿Qué representan todas estas partes de la armadura espiritual, en la guerra espiritual? Hemos de decir la verdad contra las mentiras de Satanás. Hemos de descansar en el hecho de que somos declarados justos por el sacrificio de Cristo por nosotros. Hemos de proclamar el evangelio no importa la cantidad de resistencia que recibamos. Hemos de resistir en nuestra fe, no importa con qué fuerza nos ataquen. Nuestra mejor defensa es la seguridad que tenemos de nuestra salvación, la garantía de que ninguna fuerza espiritual nos podrá abatir. Nuestra arma ofensiva es la Palabra de Dios, no nuestras propias opiniones o sentimientos. Debemos seguir el ejemplo de Jesús en reconocer que algunas victorias espirituales sólo son posibles a través de la oración.

      Jesús es nuestro mejor ejemplo para la guerra espiritual. Observe cómo Jesús manejó los ataques directos de Satanás cuando fue tentado por él en el desierto (Mateo 4:1-11). Cada tentación fue respondida de la misma manera con las palabras: "Escrito está". Jesús sabía que la Palabra del Dios viviente es el arma más poderosa contra las tentaciones del diablo. Si el mismo Jesús usó la Palabra para contrarrestar al diablo, ¿nos atreveremos a utilizar algo diferente?

      Un ejemplo de cómo no se debe participar en la guerra espiritual son los siete hijos de Esceva. "Pero también algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, se pusieron a invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: —¡Os conjuro por el Jesús que Pablo predica! Eran siete hijos de un tal Esceva, un judío, principal de los sacerdotes, los que hacían esto. Pero el espíritu malo respondió y les dijo: —A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo se lanzó sobre ellos, los dominó a todos y prevaleció contra ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos". (Hechos 19:13-16). Observe esto: Los siete hijos de Esceva estaban usando el nombre de Jesús; eso no es suficiente. Los siete hijos de Esceva no tenían una relación personal con Jesús; por lo tanto, sus palabras eran vacías de cualquier poder o autoridad. Los siete hijos de Esceva confiaban en una metodología; ellos no confiaban en Jesús como su Señor y Salvador, y ellos no estaban empleando la Palabra de Dios en su guerra espiritual. Como resultado, recibieron una paliza humillante. ¿Podemos aprender de su mal ejemplo y llevar a cabo la guerra espiritual como indica la Biblia.


      En resumen, ¿cuáles son las claves del éxito en la guerra espiritual? En primer lugar, confiar en el poder de Dios, no el nuestro. En segundo lugar, reprender en el Nombre de Jesús, no en el nuestro. En tercer lugar, nos protegemos con toda la armadura de Dios. En cuarto lugar, libramos una guerra con la espada del Espíritu y la Palabra de Dios. Por último, recordamos que mientras libramos la guerra espiritual contra Satanás y sus demonios, no todo pecado o problema es un demonio que debe ser reprendido.

      “Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, le puso de pie sobre el pináculo del templo,
      y le dijo: —Si eres Hijo de Dios, échate abajo, porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te llevarán, de modo que nunca tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: —Además está escrito: No pondrás a prueba al Señor tu Dios". (Mateo 4:5-7).

      Al confrontar a nuestro Señor Jesucristo, Satanás prosiguió su ataque tratando de socavar o destruir la relación del Hijo con su Padre. Esta vez incitó a Jesús con esta declaración: "Si eres Hijo de Dios, échate abajo". Para fortalecer su desafío y hacerlo más verosímil, el adversario, con un toque sutil e inteligente, citó la Escritura : "porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te llevarán, de modo que nunca tropieces con tu pie en piedra". (del Salmo 91:11-12).

      Ahora Satanás seguramente pensó que  tenía a Cristo acorralado en una esquina; él probablemente razonó, usando su sentido equivocado y maligno de la lógica: "Si el Mesías sólo vive de acuerdo a la Palabra de Dios, entonces yo voy a enfrentarlo con algo de esa Palabra". La lógica satánica sería que, si Jesús no utilizaba su propio poder para ayudarse a sí mismo y satisfacer sus necesidades inmediatas, entonces  Él permitiría que Dios obrara en Su nombre; después de todo, se trataba de "probar las Escrituras". Así que Jesús podía dejar que Dios cumpliera una promesa contenida en los Salmos y demostrara a los demás que él era de hecho el Hijo de Dios y Mesías.

      Ahora bien, no importa cuán persuasivo sea el argumento de Satanás, cuan apuntalado esté con un texto demostrativo, o cuan bello pueda haber sonado, Jesús no estaba de acuerdo con él, en buscar poner a prueba presuntuosamente a Dios, o saltar el calendario divino del ministerio redentor del Salvador.


      Piense en esto; a las Escrituras se le puede dar vuelta y girar de manera que se adapte a fines personales. ¿Qué medidas de salvoconducto tiene usted contra el mal uso de la Palabra de Dios, manteniendo una audaz creencia en su propio sentido de discernimiento? Pídale al Espíritu que le guie en su verdad. Ese es Su trabajo. (Juan 16:13).

      “Pero él respondió y dijo: —Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Mateo 4:4.

      Santiago, el medio hermano del Señor, nos recuerda que esta vida es muy temporal e incierta; ni siquiera hay garantía de que tendremos un futuro terrenal. La carta de Santiago nos enseña: "Vosotros, los que no sabéis lo que será mañana, ¿qué es vuestra vida? Porque sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. Más bien, deberíais decir: 'Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello'". Santiago 4:14-15.

      Al igual que Jesús, todo lo que somos y los objetivos finales de nuestras vidas debemos centrarlos en lo eterno, y no en lo temporal. El principio superior y el motivo central de nuestra vida debe ser agradar a Dios y confiar en él para absolutamente todo. (cf. Mateo 6:33).

      Jesús plantea algunas preguntas en el Sermón del Monte para ser examinadas: "¿Por qué os afanáis por el vestido? Mirad los lirios del campo, cómo crecen. Ellos no trabajan ni hilan; pero os digo que ni aun Salomón, con toda su gloria, fue vestido como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba del campo, que hoy está y mañana es echada en el horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?". Mateo 6:28-30).

      Siempre sufrimos y perdemos en alguna medida bendiciones espirituales cuando miopemente nos preocupamos por lo temporal en lugar de centrarnos en lo eterno. La respuesta de Jesús a las tentaciones del diablo son una vez más nuestro modelo.


      ¿Cuánto tiempo pasas cristalizando quejas persistentes de preocupación? ¿Cuánto tiempo ocupa en inquietarse como parte de su proceso de pensamiento? ¿Cuándo está más susceptible a dejar que la ansiedad se coloque por encima de usted, robándole la alegría y la perspectiva correcta? Tómese un tiempo de oración para pedirle a Dios que lo liberte de la ansiedad y la reemplace por fe.

      “Pero él respondió y dijo: —Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. (Mateo 4:4).

      Los cristianos nunca están justificados cuando confían exclusivamente en sí mismos para satisfacer sus necesidades básicas. No importa lo preocupados que podamos llegar a estar, si nos volvemos a Dios en fe y obediencia, Él satisfará todas nuestras necesidades esenciales a su manera, de acuerdo a su programa soberano. Implícito en esta comprensión está que Dios nos proveerá de todas las necesidades, tanto físicas como espirituales, como Pablo nos escribe: "Mi Dios, pues, suplirá toda necesidad vuestra, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús". (Filipenses 4:19;. Mateo 6:8, 33).

      Siempre es mejor seguir el ejemplo de Jesús, obedecer a Dios y confiar de todo corazón en Su misericordiosa provisión, antes que intentar impulsiva y egoístamente satisfacer nuestras propias necesidades de maneras que podrían desobedecer o comprometer la Palabra de Dios.

      Confiar ante todo en nosotros mismos para satisfacer nuestras necesidades, eludir o modificar la voluntad de Dios en el proceso, no sólo demuestra una falta de fe sino que descansa en la falsa suposición de que nuestro bienestar terrenal es nuestra necesidad más crucial. Jesús contradice esa manera de pensar, que es tan natural a la humanidad caída, tanto a los no creyentes, así como los creyentes que se deslizan en las mentalidades carnales. Por lo tanto nuestro Señor citó Deuteronomio 8:3: "El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". El poder todo  suficiente y sustentable de Dios es la única fuente de verdad que reúne todas nuestras necesidades.


      ¿Dónde reside su dependencia? ¿Está confiando en su sueldo? ¿Sus pólizas de seguro? ¿Su fuerza y la inteligencia física? ¿O finalmente se ha dado cuenta que todo depende de Dios, Su Palabra, y Su plan soberano? Encuentre su percepción de seguridad en Él solo.

      “Pero él respondió y dijo: —Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. (Mateo 4:4).

      Principalmente, las tentaciones de Satanás a Jesucristo instaban Su rebelión contra el Padre. Pero Jesús había venido a la tierra para hacer la voluntad del Padre y nada más. De hecho, su voluntad y la del Padre eran esencialmente la misma (Juan 5:30; cf. 10:30; Hebreos 10:9).

      El caso en cuestión es que, en la última prueba de obediencia, justo antes de su arresto y la traición, Jesús oró en el huerto de Getsemaní: "Padre mío, de ser posible, pase de mí esta copa. Pero, no sea como yo quiero, sino como tú".  Mateo 26:39. "Por segunda vez se apartó y oró diciendo: —Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad". Mateo 26:42. Este ejemplo supremo de absoluta confianza y sumisión por Jesús a su Padre es lo que Satanás trató de aplastar. En su carácter más orgulloso y más perverso, el enemigo trató de fracturar la naturaleza trinitaria de la divinidad.

      Pero Cristo, en su inconmensurable humildad y justicia, respondió a las intenciones de Satanás: "Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Las tres respuestas de nuestro Señor a Satanás comenzaron con la simple pero directa apelación a la Palabra de Dios: "Escrito está". (Salmos 119:11). Al citar Deuteronomio 8:3, Jesús afirmó que los creyentes están mucho mejor dependiendo de Dios y esperando en su provisión de lo que estarían en el monopolio de su propia satisfacción, algo a lo que todos estamos tentados a hacer.


      Usted puede sentirse inseguro de cuál sea la voluntad de Dios para usted, pero gran parte de ella se explica claramente en las Escrituras. ¿Qué tanto está usted obedeciendo las disposiciones de la voluntad de Dios que ya le han sido reveladas? Al tratar de conocer su plan, un buen punto de partida es siempre la obediencia a su Palabra.

      "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones. De esta manera, con la consolación con que nosotros mismos somos consolados por Dios, también nosotros podemos consolar a los que están en cualquier tribulación.  Porque de la manera que abundan a favor nuestro las aflicciones de Cristo, así abunda también nuestra consolación por el mismo Cristo. Pero si somos atribulados, lo es para vuestro consuelo y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación, la cual resulta en que perseveráis bajo las mismas aflicciones que también nosotros padecemos. Y nuestra esperanza con respecto a vosotros es firme, porque sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, lo sois también en la consolación". 2 Corintios 1:3-7.

      A las personas les encantan los animadores; y el Señor se propone para cada uno de sus hijos que seamos animadores. Un animador es capaz de estar al lado de alguien más para dar esperanza y consuelo, con el fin de alentarlo a mantenerse firme a través de tiempos difíciles. No nacemos con esta capacidad plenamente desarrollada, pero podemos observar varios pasos esenciales para ser capaces de ayudar y solidarizarnos con un amigo desalentado.

      En primer lugar, tenemos que estar dispuestos a experimentar el dolor. El apóstol Pablo era un animador; en el versículo 4 del pasaje de hoy, él nos impulsa a alcanzar a otros con la "consolación con que nosotros somos consolados por Dios". Para experimentar el consuelo y que este fluya a través de nosotros, tendremos inevitablemente que pasar por la senda del sufrimiento. Hay eficacia en el toque de una persona que ha pasado por el valle de sombras. Alguien que no ha experimentado dificultades solo ofrece palabras vacías, sin esperanza.

      En segundo lugar, tendremos que aprender los principios que estén disponibles para nosotros al pasar por los sufrimientos. Si podemos ver nuestro dolor como una materia en la universidad de Dios, donde nuestra inscripción producirá un grado en consolación, gran parte de la preocupación se disipará. El Señor nos enseña a poner nuestra confianza en Él; es entonces cuando podrá pasar esa sabiduría a los demás.


      Los animadores más eficaces son los que dicen: "No había nada que yo pudiera hacer sino clamar a Dios. Déjame que te cuente lo que el Señor hizo en respuesta". Ahora bien, si tratamos de escapar de las lecciones del sufrimiento, vamos a perder la oportunidad de aprender los principios que nos proporcionan consuelo; entonces tampoco podremos ser útiles consolando a los demás. Nuestro amoroso Padre construye animadores a partir del material de una vida dispuesta a ser quebrantada.

      "¡Aleluya! ¡Alabad a Dios en su santuario! ¡Alabadle en su poderoso firmamento!  ¡Alabadle por sus proezas! ¡Alabadle por su inmensa grandeza!  ¡Alabadle con toque de corneta! ¡Alabadle con lira y arpa! ¡Alabadle con panderos y danza! ¡Alabadle con instrumentos de cuerda y flauta!  ¡Alabadle con címbalos resonantes! ¡Alabadle con címbalos de júbilo!  ¡Todo lo que respira alabe a Jehovah! ¡Aleluya!". Salmo 150.

      Piense en su más reciente oración al Señor. ¿Pasó el mayor tiempo alabándolo como pasó realizándole peticiones? En nuestra sociedad egoísta, muchas personas incluso van a la iglesia para conseguir cubrir sus necesidades: Cantar ayuda a las emociones; los sermones "alimentan al rebaño"; y la coral entretiene. Permitimos que nuestras propias preferencias eclipsen el propósito principal del Creador para nuestra vida, es decir, glorificarlo.

      La alabanza magnifica y agrada al Señor, pero en realidad nos beneficiamos de la práctica también. En primer lugar, la adoración a Dios modifica nuestra estimación del "yo"; resulta imposible enaltecer a Dios verdaderamente mientras nos aferramos a la soberbia. En lugar de ello, llegamos a reconocer nuestro pecado, debilidad y necesidad de Él. Como la Escritura nos dice: "Por eso me complazco en las debilidades, afrentas, necesidades, persecuciones y angustias por la causa de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte". (2 Corintios. 12:10).


      Entonces, la alabanza apropiada nos humilla, ya que es un recordatorio de la grandeza de Dios y nuestra dependencia de él. Pero al mismo tiempo, exaltarlo fortalece nuestro sentido de seguridad, lo que aumenta nuestra fe. Por lo tanto, somos capaces de mirar más allá de nosotros mismos y nuestras circunstancias para ver la vida desde la perspectiva de Dios. Considere un beneficio adicional de la alabanza, que involucra nuestros cuerpos físicos: Cuando nos centramos en la bondad de Jesús, la tensión se va y nos encontramos con nuevas fuerzas. Todos estos efectos sobrenaturales de exaltación son posibles porque al enaltecer Su nombre, Dios está presente; el Salmo 22:3 nos dice: "Pero tú eres santo. ¡Tú, que habitas entre las alabanzas de Israel! ".

      "En esto os alegráis, a pesar de que por ahora, si es necesario, estéis afligidos momentáneamente por diversas pruebas, para que la prueba de vuestra fe—más preciosa que el oro que perece, aunque sea probado con fuego— sea hallada digna de alabanza, gloria y honra en la revelación de Jesucristo". 1 Pedro 1:6-7.

      Incluso aquellos que mantienen estrecha e íntima comunión con el Señor no son inmunes a las decepciones, obstáculos, desafíos, luchas y sentimientos de desesperanza. De hecho, a veces, Dios nos permite afrontar circunstancias imposibles con el fin de probar y tratar nuestra fe. Es la adversidad lo que nos motiva a buscarlo, y cuando lo hacemos, Él fielmente nos fortalece y nos consuela.

      Dios conoce todas las emociones, la necesidad y el deseo que tenemos. Él se preocupa cuando nos enfrentamos a situaciones difíciles y desmayamos. Él escucha nuestros gritos y entiende exactamente lo que se requerirá para llevarnos a una relación más íntima con Él.

      El apóstol Pedro dirigió sus dos cartas "a los expatriados de la dispersión en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia". (1 Pedro 1:1; 2 Pedro 3:1). Si tuviera que elegir un título moderno para sus cartas, podría considerar los siguientes: "Estímulo para tiempos de sufrimiento", o "Esperanza para los que sufren"; porque aliento y esperanza fue exactamente lo que Pedro transmitió a estos creyentes en dificultades.

      Estos cristianos se enfrentaron a todo tipo de persecución. Fueron golpeados, calumniados, agredidos, y en muchos casos perdieron la vida por su fe en Jesucristo. Pedro les llama "extranjeros" porque su ciudadanía no era de este mundo, sino del reino de Dios. Aún así, se enfrentaron a tiempos de gran desánimo y pérdida; necesitaban el coraje que sólo está disponible a través de Cristo. Pedro les explicó que podían regocijarse incluso en los momentos de prueba porque Jesús, su resucitado Salvador y Señor, siempre sería la esperanza viva morando en ellos (1 Pedro 1:3). Mientras tengamos al Señor Jesucristo, ninguna situación es desesperada.

      ¿Le gustaría tener esta esperanza eterna? Entonces enfoque su corazón en Jesús (1 Timoteo 4:6). Él desea inducir su voluntad y puro afecto para que alcance buen fruto en su vida. Incluso si usted se encuentra en una situación que pareciera imposible de resolver, recuerde que Él tiene una visión completamente diferente de los detalles. Y si se lo permite, Él tomará su vida, sin importar lo magullada y rota que esté, y hará algo hermoso de ella.


      Él dará esperanza en lugar de cenizas, gozo en lugar de tristeza, y una capa de alegría en lugar de desánimo (Isaías 61:1-3). ¿Será solo esto de lo que se trata? Se trata de la continuación del ministerio de Jesucristo en su vida. Por lo tanto, llévele a Él sus aflicciones y decepciones. Exprésele sus penas, y Él restaurará su esperanza.

      "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No es por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas". Efesios 2:8-10.

      A través de la historia y de los años los consejos, escritos, mensajes, y palabras de muchos hombres de Dios han perdurado y han sido de influencia para la vida de generaciones siguientes. Estos mensajes han perdurado porque ellos le dieron prioridad a las cosas de valor eterno en lugar de las cosas pasajeras de este mundo.

      Lamentablemente, muchas personas escogen una existencia sin ningún significado perdurable. Ellos salen cada día a conseguir tanto dinero como sea posible, a complacerse a si mismos, y retirarse a disfrutar de la buena vida pagana. La verdadera vida, que realmente vale la pena vivir, consiste en entregarse sin reservas a Dios, para que Él nos pueda usar de la manera que a Él le parezca adecuada. Cristianos como Clemente, Policarpo, Irineo, Ignacio, Justino mártir y tantos otros que hicieron un impacto duradero en su esfera de influencia, tuvieron una pasión por servir al Señor. Buscaron maneras de expresar su amor y devoción a Él.

      Como ciudadanos de un reino celestial, los creyentes debemos acudir a nuestros puestos de trabajo como "siervos del Dios todopoderoso". Tal vez usted esté pensando, que tiene un trabajo secular o que su vida no es de mucha importancia. Amigo, hermano, si usted está decidido a encontrar la manera de ser útil para el reino, Dios le proveerá de las tareas que son de valor eterno. Sea sensible hacia las almas que no conocen a Cristo. Comparta su fe con los que sufren. Ya sea a través de su vocación o en su comunidad, esté disponible para las personas que necesitan ayuda. Dígale a otros lo que el Señor está haciendo en su vida.


      Estamos llamados a servir a Dios donde nos encontremos. A todos nos ha sido dado el trabajo de evangelistas y maestros, (Mateo 28:19), así como la tarea de cuidar a los que están en necesidad . (Isaías 1:17; Gálatas 6:2). Hay mucho trabajo por hacer.

      "Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel al ponerme en el ministerio,  a pesar de que antes fui blasfemo, perseguidor e insolente. Sin embargo, recibí misericordia porque, siendo ignorante, lo hice en incredulidad.  Pero la gracia de nuestro Señor fue más que abundante con la fe y el amor que hay en Cristo Jesús.  Fiel es esta palabra y digna de toda aceptación: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. No obstante, por esta razón recibí misericordia, para que Cristo Jesús mostrase en mí, el primero, toda su clemencia, para ejemplo de los que habían de creer en él para vida eterna. Por tanto, al Rey de los siglos, al inmortal, invisible y único Dios, sean la honra y la gloria por los siglos de los siglos. Amén". 1 Timoteo 1:12-17.

      Pablo se describió a sí mismo como el peor de los pecadores, sin embargo, fue alguien por quien Dios expresó su favor y amor. (1 Timoteo 1:16). A causa de la gracia divina, el apóstol llegó a ser una nueva creatura y un miembro de la familia de Dios. Él comenzó a tener  un nuevo propósito de vida, uno que glorificaba a su Padre celestial y encaminaba a construir su reino. Desde ese día en adelante, las actitudes y el comportamiento de Pablo fueron radicalmente diferentes.

      A través de la obra transformadora del Espíritu Santo, el carácter de Pablo fue destacado cada vez más por la gratitud y la compasión. Sus escritos expresan constantemente su agradecimiento por las bendiciones de Dios e instan a otros a ser agradecidos también. Sus palabras también revelan la humildad. Aún cuando era un hombre muy educado, influyente, que contaba con excelentes credenciales expresó: "Pero las cosas que para mí eran ganancia, las he considerado pérdida a causa de Cristo. Y aun más: Considero como pérdida todas las cosas, en comparación con lo incomparable que es conocer a Cristo Jesús mi Señor. Por su causa lo he perdido todo y lo tengo por basura, a fin de ganar a Cristo". (Filipenses 3:8).

      Después de que Pablo conoció a el Salvador, sus acciones también cambiaron dramáticamente. Él se preocupaba mucho por los que todavía no conocían a Dios, y deseaba fervientemente ayudar a los cristianos a crecer en su fe. Por el resto de su vida, él sirvió al Señor predicando el evangelio de Cristo, alentando a creyentes, y procurando para las necesidades de otros. Pablo aceptó el sufrimiento por la causa de Cristo y esta fue una parte de esa nueva vida.


      Al leer acerca de la vida del apóstol, observamos la gracia en acción. Él fue usado como embajador de Dios a los gentiles. A través de él, las verdades bíblicas se registraron para las generaciones futuras. Querido amigo, el Espíritu Santo también busca transformar nuestras vidas, así como lo hizo Pablo. ¿Estás permitiendo que la gracia trabaje dentro de ti?

      “Por eso yo, prisionero en el Señor, os exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados:  con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos los unos a los otros en amor”. (Efesios 4:1-2).

      Jesús es nuestro mayor ejemplo de mansedumbre: Él se enojó cuando Dios el Padre fue deshonrado, pero no así cuando lo hicieron con Él. Jesucristo es nuestro ejemplo supremo de mansedumbre. Pablo se refiere específicamente a esto en 2 Corintios 10:1 cuando dice: "Ahora yo, Pablo, os exhorto por la mansedumbre y ternura de Cristo". Jesús mismo dijo: "aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón". (Mateo 11:29).

      Jesús mostró indignación cuando fue apropiado. Cuando Él encontró el templo lleno de personas que vendían animales para el sacrificio, convirtiéndolo en un mercado, Él los expulsó, derramando el dinero y volcando sus mesas ( Mateo 21:12-13). Él les dijo: "Mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones".  Jesús dijo después a los escribas y fariseos: "¡Serpientes! ¡Generación de víboras! ¿Cómo os escaparéis de la condenación del infierno?" (23:33). Él no permaneció de brazos cruzados mientras el Templo era profanado. Él pronunció juicio contra los hipócritas que deshonraban a Dios.

      Sin embargo, a pesar de que Jesús se enojó cuando Dios fue difamado, Él no tomó represalias ni condenó a los que le atacaron. "Porque también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas. El no cometió pecado, ni fue hallado engaño en su boca. Cuando le maldecían, él no respondía con maldición. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba al que juzga con justicia" (1 Pedro 2:21-23). Cuando el templo de Dios fue contaminado, Jesús lo limpió. Pero cuando fue profanado el templo de su cuerpo, soportando la agonía de la cruz, con burladores alrededor, todo lo que dijo fue: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". (Lucas 23:34). Eso es mansedumbre suprema, desinterés total.

      Todos sabemos que es muy fácil devolver el golpe cuando alguien nos critica o nos ataca, pero ese no es el camino de un cristiano apacible tratando de caminar dignamente. El único momento en que debemos dejar que el león en nosotros ruja es cuando el honor de Dios está comprometido. Jesús perdonó a quienes lo crucificaron. ¿Podremos nosotros hacer algo menos por los que nos hacen daño?


      Todos nos quedamos cortos con el ejemplo de mansedumbre de Cristo. Oremos para que Dios nos ayude cada día a reflejar cada vez más la mansedumbre de Cristo.

      “Por eso yo, prisionero en el Señor, os exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados:  con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos los unos a los otros en amor” (Efesios 4:1-2).

      Nuestra ira debe estar bajo control y debería producirse sólo por razones correctas. Anteriormente les he escribí acerca de la mansedumbre; se podría pensar que los cristianos siempre deben estar en silencio y con una actitud pasiva, nunca llegar a molestarse o enojarse por nada. En realidad, los creyentes tienen derecho a enojarse, pero sólo bajo ciertas condiciones. Efesios 4:26 dice: "Enojaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo". Así que hay un cierto tipo de ira que no es pecaminosa. Deberá estar bajo control, y deberá ser resuelta con prontitud.

      Proverbios 25:28 dice: "Como una ciudad cuya muralla ha sido derribada, es el hombre cuyo espíritu no tiene freno". Alguien que está fuera de control es vulnerable. Cae en toda tentación, en fracaso y debilidad. Por otra parte, "Es mejor el que tarda en airarse que el fuerte; y el que domina su espíritu, que el que conquista una ciudad". (16:32). El que domina su espíritu tiene el poder y la energía, pero mantiene bajo control. Ese mismo poder y la energía fuera de control crea nada más que caos y maldad. Los que se enojan fácilmente, no son apacibles.

      La persona apacible, por otro lado, controla sus energías y fuerzas, pero tienen un lado difícil. Ellos no respaldarán el pecado o dejarán de condenar el mal. Siendo que la persona apacible se somete a Dios, él se enoja por cosas que ofenden a Dios, no a sí mismo. Si alguien lo ofende personalmente, él no busca venganza. Pero cuando Dios es blasfemado, el león ruge en él. Esa ira se llama justa indignación. Bajo el control de Dios, la ira reacciona solo cuando debería reaccionar, por la razón correcta, y por cierta cantidad de tiempo.

      Si usted es propenso a enojarse por las razones equivocadas, pida perdón y fortaleza a nuestro Dios, de manera que pueda aprender a comprometerse a ser apacible cuando habitualmente estalla en ira. Ahora bien, si no se enoja cuando ve mal, sino que se complace y deleita con los que le acompañan, entonces pídale a Dios que lo haga más sensible a lo que Él odia.


      El libro de Éxodo capítulo 32 describe el momento cuando Moisés estaba recibiendo la ley de Dios en el Monte Sinaí; al mismo tiempo los israelitas estaban involucrados en la idolatría y el libertinaje. ¿Recuerda usted cuál fue la reacción de Moisés frente ese pecado? ¿Guardó Moisés rencor contra ellos (vv. 31-32)? ¿Cómo puede el ejemplo de Moisés ser un modelo para su vida?

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