Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, Y camino de vida las reprensiones que te instruyen. Pr 6.23

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"En esto os alegráis, a pesar de que por ahora, si es necesario, estéis afligidos momentáneamente por diversas pruebas, para que la prueba de vuestra fe—más preciosa que el oro que perece, aunque sea probado con fuego— sea hallada digna de alabanza, gloria y honra en la revelación de Jesucristo". 1 Pedro 1:6-7.

Incluso aquellos que mantienen estrecha e íntima comunión con el Señor no son inmunes a las decepciones, obstáculos, desafíos, luchas y sentimientos de desesperanza. De hecho, a veces, Dios nos permite afrontar circunstancias imposibles con el fin de probar y tratar nuestra fe. Es la adversidad lo que nos motiva a buscarlo, y cuando lo hacemos, Él fielmente nos fortalece y nos consuela.

Dios conoce todas las emociones, la necesidad y el deseo que tenemos. Él se preocupa cuando nos enfrentamos a situaciones difíciles y desmayamos. Él escucha nuestros gritos y entiende exactamente lo que se requerirá para llevarnos a una relación más íntima con Él.

El apóstol Pedro dirigió sus dos cartas "a los expatriados de la dispersión en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia". (1 Pedro 1:1; 2 Pedro 3:1). Si tuviera que elegir un título moderno para sus cartas, podría considerar los siguientes: "Estímulo para tiempos de sufrimiento", o "Esperanza para los que sufren"; porque aliento y esperanza fue exactamente lo que Pedro transmitió a estos creyentes en dificultades.

Estos cristianos se enfrentaron a todo tipo de persecución. Fueron golpeados, calumniados, agredidos, y en muchos casos perdieron la vida por su fe en Jesucristo. Pedro les llama "extranjeros" porque su ciudadanía no era de este mundo, sino del reino de Dios. Aún así, se enfrentaron a tiempos de gran desánimo y pérdida; necesitaban el coraje que sólo está disponible a través de Cristo. Pedro les explicó que podían regocijarse incluso en los momentos de prueba porque Jesús, su resucitado Salvador y Señor, siempre sería la esperanza viva morando en ellos (1 Pedro 1:3). Mientras tengamos al Señor Jesucristo, ninguna situación es desesperada.

¿Le gustaría tener esta esperanza eterna? Entonces enfoque su corazón en Jesús (1 Timoteo 4:6). Él desea inducir su voluntad y puro afecto para que alcance buen fruto en su vida. Incluso si usted se encuentra en una situación que pareciera imposible de resolver, recuerde que Él tiene una visión completamente diferente de los detalles. Y si se lo permite, Él tomará su vida, sin importar lo magullada y rota que esté, y hará algo hermoso de ella.


Él dará esperanza en lugar de cenizas, gozo en lugar de tristeza, y una capa de alegría en lugar de desánimo (Isaías 61:1-3). ¿Será solo esto de lo que se trata? Se trata de la continuación del ministerio de Jesucristo en su vida. Por lo tanto, llévele a Él sus aflicciones y decepciones. Exprésele sus penas, y Él restaurará su esperanza.

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No es por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas". Efesios 2:8-10.

A través de la historia y de los años los consejos, escritos, mensajes, y palabras de muchos hombres de Dios han perdurado y han sido de influencia para la vida de generaciones siguientes. Estos mensajes han perdurado porque ellos le dieron prioridad a las cosas de valor eterno en lugar de las cosas pasajeras de este mundo.

Lamentablemente, muchas personas escogen una existencia sin ningún significado perdurable. Ellos salen cada día a conseguir tanto dinero como sea posible, a complacerse a si mismos, y retirarse a disfrutar de la buena vida pagana. La verdadera vida, que realmente vale la pena vivir, consiste en entregarse sin reservas a Dios, para que Él nos pueda usar de la manera que a Él le parezca adecuada. Cristianos como Clemente, Policarpo, Irineo, Ignacio, Justino mártir y tantos otros que hicieron un impacto duradero en su esfera de influencia, tuvieron una pasión por servir al Señor. Buscaron maneras de expresar su amor y devoción a Él.

Como ciudadanos de un reino celestial, los creyentes debemos acudir a nuestros puestos de trabajo como "siervos del Dios todopoderoso". Tal vez usted esté pensando, que tiene un trabajo secular o que su vida no es de mucha importancia. Amigo, hermano, si usted está decidido a encontrar la manera de ser útil para el reino, Dios le proveerá de las tareas que son de valor eterno. Sea sensible hacia las almas que no conocen a Cristo. Comparta su fe con los que sufren. Ya sea a través de su vocación o en su comunidad, esté disponible para las personas que necesitan ayuda. Dígale a otros lo que el Señor está haciendo en su vida.


Estamos llamados a servir a Dios donde nos encontremos. A todos nos ha sido dado el trabajo de evangelistas y maestros, (Mateo 28:19), así como la tarea de cuidar a los que están en necesidad . (Isaías 1:17; Gálatas 6:2). Hay mucho trabajo por hacer.

"Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel al ponerme en el ministerio,  a pesar de que antes fui blasfemo, perseguidor e insolente. Sin embargo, recibí misericordia porque, siendo ignorante, lo hice en incredulidad.  Pero la gracia de nuestro Señor fue más que abundante con la fe y el amor que hay en Cristo Jesús.  Fiel es esta palabra y digna de toda aceptación: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. No obstante, por esta razón recibí misericordia, para que Cristo Jesús mostrase en mí, el primero, toda su clemencia, para ejemplo de los que habían de creer en él para vida eterna. Por tanto, al Rey de los siglos, al inmortal, invisible y único Dios, sean la honra y la gloria por los siglos de los siglos. Amén". 1 Timoteo 1:12-17.

Pablo se describió a sí mismo como el peor de los pecadores, sin embargo, fue alguien por quien Dios expresó su favor y amor. (1 Timoteo 1:16). A causa de la gracia divina, el apóstol llegó a ser una nueva creatura y un miembro de la familia de Dios. Él comenzó a tener  un nuevo propósito de vida, uno que glorificaba a su Padre celestial y encaminaba a construir su reino. Desde ese día en adelante, las actitudes y el comportamiento de Pablo fueron radicalmente diferentes.

A través de la obra transformadora del Espíritu Santo, el carácter de Pablo fue destacado cada vez más por la gratitud y la compasión. Sus escritos expresan constantemente su agradecimiento por las bendiciones de Dios e instan a otros a ser agradecidos también. Sus palabras también revelan la humildad. Aún cuando era un hombre muy educado, influyente, que contaba con excelentes credenciales expresó: "Pero las cosas que para mí eran ganancia, las he considerado pérdida a causa de Cristo. Y aun más: Considero como pérdida todas las cosas, en comparación con lo incomparable que es conocer a Cristo Jesús mi Señor. Por su causa lo he perdido todo y lo tengo por basura, a fin de ganar a Cristo". (Filipenses 3:8).

Después de que Pablo conoció a el Salvador, sus acciones también cambiaron dramáticamente. Él se preocupaba mucho por los que todavía no conocían a Dios, y deseaba fervientemente ayudar a los cristianos a crecer en su fe. Por el resto de su vida, él sirvió al Señor predicando el evangelio de Cristo, alentando a creyentes, y procurando para las necesidades de otros. Pablo aceptó el sufrimiento por la causa de Cristo y esta fue una parte de esa nueva vida.


Al leer acerca de la vida del apóstol, observamos la gracia en acción. Él fue usado como embajador de Dios a los gentiles. A través de él, las verdades bíblicas se registraron para las generaciones futuras. Querido amigo, el Espíritu Santo también busca transformar nuestras vidas, así como lo hizo Pablo. ¿Estás permitiendo que la gracia trabaje dentro de ti?

“Por eso yo, prisionero en el Señor, os exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados:  con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos los unos a los otros en amor”. (Efesios 4:1-2).

Jesús es nuestro mayor ejemplo de mansedumbre: Él se enojó cuando Dios el Padre fue deshonrado, pero no así cuando lo hicieron con Él. Jesucristo es nuestro ejemplo supremo de mansedumbre. Pablo se refiere específicamente a esto en 2 Corintios 10:1 cuando dice: "Ahora yo, Pablo, os exhorto por la mansedumbre y ternura de Cristo". Jesús mismo dijo: "aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón". (Mateo 11:29).

Jesús mostró indignación cuando fue apropiado. Cuando Él encontró el templo lleno de personas que vendían animales para el sacrificio, convirtiéndolo en un mercado, Él los expulsó, derramando el dinero y volcando sus mesas ( Mateo 21:12-13). Él les dijo: "Mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones".  Jesús dijo después a los escribas y fariseos: "¡Serpientes! ¡Generación de víboras! ¿Cómo os escaparéis de la condenación del infierno?" (23:33). Él no permaneció de brazos cruzados mientras el Templo era profanado. Él pronunció juicio contra los hipócritas que deshonraban a Dios.

Sin embargo, a pesar de que Jesús se enojó cuando Dios fue difamado, Él no tomó represalias ni condenó a los que le atacaron. "Porque también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas. El no cometió pecado, ni fue hallado engaño en su boca. Cuando le maldecían, él no respondía con maldición. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba al que juzga con justicia" (1 Pedro 2:21-23). Cuando el templo de Dios fue contaminado, Jesús lo limpió. Pero cuando fue profanado el templo de su cuerpo, soportando la agonía de la cruz, con burladores alrededor, todo lo que dijo fue: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". (Lucas 23:34). Eso es mansedumbre suprema, desinterés total.

Todos sabemos que es muy fácil devolver el golpe cuando alguien nos critica o nos ataca, pero ese no es el camino de un cristiano apacible tratando de caminar dignamente. El único momento en que debemos dejar que el león en nosotros ruja es cuando el honor de Dios está comprometido. Jesús perdonó a quienes lo crucificaron. ¿Podremos nosotros hacer algo menos por los que nos hacen daño?


Todos nos quedamos cortos con el ejemplo de mansedumbre de Cristo. Oremos para que Dios nos ayude cada día a reflejar cada vez más la mansedumbre de Cristo.

“Por eso yo, prisionero en el Señor, os exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados:  con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos los unos a los otros en amor” (Efesios 4:1-2).

Nuestra ira debe estar bajo control y debería producirse sólo por razones correctas. Anteriormente les he escribí acerca de la mansedumbre; se podría pensar que los cristianos siempre deben estar en silencio y con una actitud pasiva, nunca llegar a molestarse o enojarse por nada. En realidad, los creyentes tienen derecho a enojarse, pero sólo bajo ciertas condiciones. Efesios 4:26 dice: "Enojaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo". Así que hay un cierto tipo de ira que no es pecaminosa. Deberá estar bajo control, y deberá ser resuelta con prontitud.

Proverbios 25:28 dice: "Como una ciudad cuya muralla ha sido derribada, es el hombre cuyo espíritu no tiene freno". Alguien que está fuera de control es vulnerable. Cae en toda tentación, en fracaso y debilidad. Por otra parte, "Es mejor el que tarda en airarse que el fuerte; y el que domina su espíritu, que el que conquista una ciudad". (16:32). El que domina su espíritu tiene el poder y la energía, pero mantiene bajo control. Ese mismo poder y la energía fuera de control crea nada más que caos y maldad. Los que se enojan fácilmente, no son apacibles.

La persona apacible, por otro lado, controla sus energías y fuerzas, pero tienen un lado difícil. Ellos no respaldarán el pecado o dejarán de condenar el mal. Siendo que la persona apacible se somete a Dios, él se enoja por cosas que ofenden a Dios, no a sí mismo. Si alguien lo ofende personalmente, él no busca venganza. Pero cuando Dios es blasfemado, el león ruge en él. Esa ira se llama justa indignación. Bajo el control de Dios, la ira reacciona solo cuando debería reaccionar, por la razón correcta, y por cierta cantidad de tiempo.

Si usted es propenso a enojarse por las razones equivocadas, pida perdón y fortaleza a nuestro Dios, de manera que pueda aprender a comprometerse a ser apacible cuando habitualmente estalla en ira. Ahora bien, si no se enoja cuando ve mal, sino que se complace y deleita con los que le acompañan, entonces pídale a Dios que lo haga más sensible a lo que Él odia.


El libro de Éxodo capítulo 32 describe el momento cuando Moisés estaba recibiendo la ley de Dios en el Monte Sinaí; al mismo tiempo los israelitas estaban involucrados en la idolatría y el libertinaje. ¿Recuerda usted cuál fue la reacción de Moisés frente ese pecado? ¿Guardó Moisés rencor contra ellos (vv. 31-32)? ¿Cómo puede el ejemplo de Moisés ser un modelo para su vida?

“Por eso yo, prisionero en el Señor, os exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados:  con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos los unos a los otros en amor”. (Efesios 4:1-2).

El antídoto para nuestra sociedad vengativa y violenta es la mansedumbre bíblica. Una calcomanía para parachoques muy popular dice: "No se enoje - Vénguese". La gente exige lo que ellos perciben como sus derechos, sin importar el daño que esa exigencia pueda causar a otros. Algunos van a los tribunales para exprimir hasta el último centavo de los que les hieren. Cada vez más crímenes violentos se cometen cada año. Necesitamos una fuerte dosis de verdad bíblica para curar estas actitudes. La solución bíblica es la mansedumbre.

El mundo podría interpretar la gentileza o la mansedumbre como cobardía, timidez o debilidad. Pero la Biblia tiene otra definición para esta palabra: no ser vengativo, amargado o no perdonador. Es una zona de tranquilidad, sumisión voluntaria a Dios y a los demás, sin rebeldías, presunciones vengativas, como las  que caracterizan a la naturaleza humana.

La palabra griega traducida como "mansedumbre" es utilizada para representar a una medicina calmante, una brisa con luz fresca o un potro que se ha fracturado y domesticado, cuya energía podría ser canalizada con fines útiles. También describe a uno que es tierno, agradable y amable.

Sin embargo la mansedumbre no es cobardía. Es el poder bajo control. El león del circo tiene la misma fuerza que un león salvaje de África, pero ha sido domesticado. Toda su energía está bajo el control de su maestro. De la misma manera, el león que reside en una persona mansa ya no busca su propia presa o sus propios fines; es sumisa a su Maestro. Ese león no ha sido destruido, sólo ha sido templado. La mansedumbre es una característica del fruto del Espíritu. (Gálatas 5:23). También es una clave para la sabiduría. Santiago 3:13 pregunta: "¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? ¡Que demuestre por su buena conducta sus obras en la mansedumbre de la sabiduría! ". El versículo 17 dice: "En cambio, la sabiduría que procede de lo alto es primeramente pura; luego es pacífica, tolerante, complaciente, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial y no hipócrita".


Incluso si la gentileza no es valorada en nuestra sociedad, es crucial para nuestra piedad. Búsquela diligentemente y con oración. Si usted tiende a ser en absoluto vengativo o rencoroso, pida perdón a Dios y su ayuda para perdonar a los que le hagan daño. En lugar de responder como ellos, trate de ser amable. Muestre una actitud semejante a la de David. A lo largo de todo el libro de 1 Samuel, el rey Saúl intentó varias veces capturar a David y matarlo. Sin embargo cuando en dos oportunidades, David tuvo la posibilidad real de matar a Saúl, se mostró benigno. Eso es mansedumbre; puedo hacerlo más no me permitiré hacerlo. Lea 1 Samuel 24.

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